Helados con sabor a felicidad Por María C. Moreno Villarreal el

Cristina Aulet es una de esas criaturas que brillan, de esas que cuando te las cruzas en la calle te hacen sonreír. Sus ojos achinados contribuyen a la expresión de eterna felicidad que se refleja en su rostro.

Una felicidad que viene de adentro porque, como ella misma dice, “procuro siempre hacer cosas que me hagan sentir feliz”. De ese sosiego que brinda satisfacción viene Aulet Artisanal Ice Cream, un proyecto que comenzó como un pasatiempo y que fue desarrollándose hasta llegar a lo que es hoy.

“Comencé a hacer el helado en casa. Era algo que siempre había querido hacer. Al principio elaboraba muestras y se las daba a mi familia y amigos para que las probaran. Si les gustaban entonces lo perfeccionaba y lo preparaba”, afirma.

Así, poco a poco comenzó a añadir sabores a su lista de creaciones y fueron sus propios “conejillos de Indias” los que le pidieron que comenzara a venderlos, aunque de forma controlada para garantizar la calidad.

“Empecé a anunciar por las redes sociales los sabores que preparaba esa semana y la gente comenzó a ordenarlos. Tuvo aceptación y cada vez pedían más. En ese momento contemplo la necesidad de tener un espacio, porque ya era muy difícil seguir sacando la producción desde casa. Además, necesitaba un lugar que facilitara la venta”, explica sobre sus inicios.

Cristina tiene como norte la calidad, por eso semanalmente se limita a preparar entre 6 a 10 sabores. Por ese mismo motivo, los elabora con la materia más reciente disponible en el mercado y es lo que dicta la pauta de lo que ofrecerá ese sábado.

“Trabajo con los ingredientes más fresco que pueda conseguir esa semana. No añado, colorantes, nada artificial, es ‘back to basics’. La base es siempre la misma, huevo, leche y azúcar. Los ingredientes especiales los preparo yo también. Por ejemplo, la compota de guayaba, de fresas, cualquier cosa que añada la hago yo, así tengo control total de cada cosa que va en mi producto. Una vez tengo la base y le añado el ingrediente especial pasa al ‘Batch Freezer’ hasta que adquiera la consistencia idónea. Lo demás es jugar con las temperaturas para asegurar la preservación”.

Herencia

Que su pasión se inclinara por algo que utiliza la leche como materia prima es absolutamente natural.

Cristina es la cuarta generación de una familia de ganaderos, Empresas Agrícolas Aulet. La ganadería está localizada en el barrio Barahona de Morovis y son propietarios de por lo menos 200 vacas lecheras entre sus cientos de cabeza de ganado.

“Por muchos años soñé en aportar algo nuevo a la vaquería. Ha sido tradición que cada generación que ha estado al mando traiga algo innovador al negocio. Una de mis aportaciones ha sido el helado. Combiné la vena de repostería que viene del lado de mi mamá con lo que produce la finca. Naturalmente, toda la leche que utilizo es de mis vacas”, comenta Cristina, mientras destaca que son “vaquitas felices porque se cuidan con mucha dedicación y amor”.

“También, tengo la ventaja de que muchos amigos de la familia me suplen lo mejor. Esa frescura es lo que busco porque no utilizo nada artificial. A pesar de que ahora estoy en este local la producción sigue siendo igual de cuidada y controlada que cuando estaba en casa”, agrega.

Cristina es arquitecta, estudió el bachillerato y la maestría en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. No obstante, su experiencia de vida de haberse criado entre “vaquitas” y recorriendo las colinas de la finca fue más intensa y pudo más que los planos y el cartabón.

“Cuando terminé me senté con mi papá y le dije ‘yo quiero ir para la finca’. Y así fue como empecé. Quería aprender a hacer todos los trabajos que allí se hacen. La arquitectura ha resultado útil para resolver los problemas de infraestructura que se pueden presentar”.

En este momento su tiempo lo divide en la finca, en la manufacturación de los helados, en ser madre de una joven de 16 años -a la que llama su gran aliada- y un adorable bebé de cuatro meses. No duda en reconocer que logra barajar todo gracias al apoyo de sus padres, esposo, familiares y amigos.

“Hay que tener pasión por lo que se hace y a mí esto me hace muy feliz”.