Crece el interés por elegir comida más amigable con el ambiente Por GDA el

La comida que la gente consume es tan importante como el tipo de vehículo que conducen cuando se trata de emisiones de gases de efecto invernadero, asociados al calentamiento global: entre el 19 por ciento y 29 por ciento de las emisiones globales provienen de la producción de alimentos, en especial de la carne de vacuno.

Eso sin contar los desechos: a nivel mundial, un tercio de los alimentos se pierde durante la cadena de producción o es desperdiciado por los consumidores, según datos de la FAO. “La gente tiende a subestimar la diferencia que sus alimentos pueden hacer al cambio climático, pero favorecerán los productos con una menor huella de carbono si se les da información suficiente”, plantea a Adrian Camilleri, de la Universidad Tecnológica de Sídney (Australia).

Junto a colegas de la Universidad de Duke (Estados Unidos), Camilleri realizó un estudio con más de mil personas a las que pidió estimaran la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a 19 tipos de alimentos. “Si le pide a la gente que adivine la diferencia entre la carne de res y la sopa de verduras, suponen que no es mucha, pero una sopa de carne de vacuno genera más de 10 veces la cantidad de gases de efecto invernadero que una de verduras”.

Los gases de efecto invernadero que surgen de la producción de carne incluyen aquellos generados en la producción de fertilizantes, el metano emitido por los animales, el transporte de ganado y la pérdida de árboles para limpiar la tierra para pastar, por ejemplo.

“La huella de carbono está muy relacionada al consumo de cierto tipo de alimentos, pero también pasa por un tema de decisiones de compra”, precisa José Moya, académico de la carrera de Nutrición de la Universidad Católica. “Muchas veces la gente compra más de lo que consume, lo que genera más basura y daño al medio ambiente”.

Camilleri también sugiere disminuir el consumo de carne, y tender a una dieta con más presencia de frutas, verduras y granos, que tienen un menor impacto ambiental. En un estudio realizado por la Universidad de Chicago se comparó el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero en cinco tipos de dietas. El resultado mostró que la dieta vegetariana es la más eficiente, seguida por el consumo de aves de corral y el pescado. Las carnes rojas son las menos eficientes. “No se requiere pasar de un extremo a otro y convertirse en un vegetariano. Si alguien simplemente pasa de consumir dos hamburguesas a la semana a solo una, ya habrá hecho un aporte decisivo al medio ambiente”, dice Pamela Martin, una de las autoras del trabajo.

Para José Moya, es un tema por el que la gente consulta cada vez más. “Hay un interés mucho mayor por cómo impacta la alimentación en el medio ambiente y cómo llevar una vida más sustentable”. Camilleri en su estudio quiso ver si podrían mejorar la percepción de las personas sobre el impacto ambiental de sus elecciones alimentarias mediante el uso de un etiquetado especial: la gente prefirió comprar aquellos productos que indicaban la huella de carbono. “Las decisiones que tomamos en la mesa pueden tener un impacto significativo en el cambio climático, y nuestra investigación muestra que los consumidores están interesados”, concluye Camilleri.