En crucero de río puedes visitar a Pont Du Gard Por Raisa Rivas Español el

Una de las maravillas de los cruceros de río por Europa es que brindan la opción de ver monumentos y atracciones, que sin estar en los puertos y muelles donde llega el barco, están a corta distancia. Eso sucede en casi todas las regiones europeas, y en Francia, no es la excepción.

Navegando por el Ródano y el Saona, en el Emerald Liberté, cuya reseña compartimos en portada de De Viaje, la semana pasada, una de las excursiones opcionales ofrecidas por Emerald Waterways, mientras estábamos en Aviñón, era a Pont Du Gard, que está entre los monumentos más visitados de Francia, con más de un millón y medio de turistas visitándolos anualmente.

Declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco en 1985 e incluido en la lista de Grandes Sitios de Francia, el Pont Du Gard está ubicado en el municipio de Vers-Pot-du-Gard, muy cerca de Uzes, de Nimes y de Aviñón, algunas de las ciudades más importantes de la Provenza.

Camila, nuestra guía en el tour, nos contó que los romanos construyeron el acueducto en el siglo I d.C., porque querían traer agua a la región, “eso les daba prestigio y cuando estuvo listo suplía agua a la ciudad de Nimes, conocida en la antigüedad como Nemausus. Dicha ciudad tenía un sistema bien avanzado de desecho de desperdicios, por lo que era muy limpia, pero el agua era fundamental para mantenerla así, y hacerla crecer”, abundó la experta.

En la construcción del acueducto, de 50 kilómetros de largo, trabajaron más de 1,000 personas y la tarea no fue nada fácil, empezando por el gran reto de la topografía de la región y tener que hacer que el agua, que llegaba del río Eure, en la ciudad cercana de Uzes, bajara por gravedad. La canalización se hizo enterrada en gran parte, y el acueducto se utilizó hasta el siglo IX, pero una de las partes de la obra que sobresale y que hoy es la más visible del acueducto es el puente de piedra que une ambas orillas del río Gardon.

Como gran novedad, ese puente fue el único formado por tres hileras de arcos sobrepuestos, de diferentes dimensiones y completamente independientes unos de otros. Cada arco tiene un tamaño distinto a los demás de las otras hileras, y cada hilera tiene una cantidad diferente de arcos (la tercera tiene 35). Duró intacto casi 2,000 años y aunque fue dañado por invasiones y desastres naturales, ha sido reparado en varias ocasiones. Su estado siguió siendo bueno hasta el siglo pasado, cuando todavía se permitía el paso de peatones. Ahora no se puede pasar, pero la majestuosidad de la obra, la hace admirable desde su nivel más bajo, por donde se cruza en otro puente, construido en el siglo XVIII, que va también de un lado a otro del río.

El gran y primer puente fue construido en enormes bloques de piedra de unas seis toneladas, que llaman todavía hoy la atención no solo por imaginarnos cómo subían esas enormes piedras calcáreas a 160 pies de altura, (más alta que la Estatua de la Libertad, dice Camila muy orgullosa), sino también por el color amarillo que tienen y la belleza del conjunto, que ha hecho que muchos poetas y pintores lo utilicen o mencionen en sus obras.

En Pont Du Guard, además de las caminatas y buenas fotos, incluyendo la de bañistas que se lanzan al río o van en kayak, (impresionante pasar debajo de los arcos en kayak), hay un museo, pequeño cine y tienda de suvenires.

El tiempo promedio de los tours es de tres horas, pero puede variar, como el nuestro, que se extendió para visitar a Uzes, una encantadora y pequeñita villa francesa donde hay algunos monumentos históricos como el castillo feudal Duché y la Tour Fenestrelle, única en su clase en Francia. Allí abunda la buena gastronomía (la pastelería es bien variada y sabrosa) y las tiendas con ropa de calidad y mejores precios que en otros lugares de Francia.

En toda la región abundan los viñedos, de vinos tintos fuertes que puede tener hasta 15 por ciento de alcohol, aunque hay un poco de rosado y blanco. Pero también la región produce el aceite de oliva en abundancia, aunque no lo suficiente para la demanda de los franceses, por lo que ellos importan también de Grecia y España. En la fértil región crecen todo tipo de vegetales, como zanahorias, zucchini y espárragos, gracias a su clima mediterráneo, aunque a veces extremadamente caluroso y muy seco, con temperaturas que pueden alcanzar hasta los 106 grados Fahrenheit.

Para los que no están recorriendo esa región, pero quieren visitar Pont Du Gard, hay trenes TGV (de alta velocidad) que van de París a Nimes en menos de tres horas. También puede llegar en tren a Aviñón y de ahí tomar un autobús. Puede hacerse en una excursión de un día tomando en cuenta el horario de los trenes.