Los múltiples encantos de Sídney Por The New York Times el

Sídney es famosa por su Casa de la Ópera, sus playas perfectas para tarjetas postales y su glorioso puerto natural. Pero tan solo son pequeñas partes de lo que convierte a la ciudad en uno de los grandes centros urbanos del mundo.

Profundice en los orígenes de Sídney como colonia penal para entender la improbabilidad de su historia exitosa. Mézclese en cada oportunidad con los residentes de Sídney, que podrían ser los urbanitas más amigables y relajados del planeta. Apague el celular y aborde a un extraño para pedirle instrucciones de cómo llegar a un lugar. Pida clases a un cantinero sobre cómo hablar australiano. Vaya a un juego de rugby o cricket y pida a sus vecinos que le cuenten su victoria favorita sobre Inglaterra. Con seguridad se va a hacer de amigos. Pero para dejarse seducir adecuadamente por Sídney y su gente, aventúrese más allá del reservado Distrito de Negocios Central y vaya donde viven y juegan los residentes, y descubrirá que el corazón de la ciudad no está ni remotamente cerca del centro.

Viernes, 3:00 p.m. Cuarentena autoimpuesta

Empiece su experiencia en la Zona Metropolitana de Sídney como alguna vez lo hicieron los inmigrantes y convictos recién llegados: en Q Station, una estación de cuarentena que actualmente es un complejo con hotel, restaurante y museo. Situado dentro del Parque Nacional del Puerto de Sídney, en Manly, una pintoresca comunidad de playa a 30 minutos en ferry desde el norte de Sídney, Q Station tiene vistas e historias por montones. Entre 1828 y 1973, más de 15,000 recién llegados, junto con cientos de residentes sospechosos de portar enfermedades contagiosas, fueron retenidos aquí en la Estación de Cuarentena North Head. Puede aprender sobre este capítulo de la historia australiana en el museo gratuito, en un recorrido histórico o fantasmal, o alojándose en el histórico hotel. Antes de irse, tome el camino panorámico North Head y recorra el paso Fairfax para acceder a vistas a la ciudad desde la cima de acantilados.

6:00 p.m. Olas y pesca fresca

Vea a los surfistas montar olas monstruosas en la playa Manly y después explore Corso, la calle peatonal del pueblo, haciendo una parada en Aboriginal Dreamtime, una galería local que se especializa en arte aborigen. Gánese la cena con una breve caminata sobre el muelle con dirección a Manly 16 Foot Skiff Sailing Club, desde cuya cubierta podrá ver el ocaso sobre el puerto mientras se da un festín con ostras de roca de Sídney (3.50 dólares australianos cada una; aproximadamente 2.60 dólares estadounidenses); barramundi a la parrilla (32 dólares), o su famoso curry de pescado Kerala (26 dólares).

9:00 p.m. Cerveza del espacio

The Four Pines Brewing Company, un pub cervecero ubicado en un segundo piso que fue nombrado en honor a los pinos de la isla Norfolk de Manly, es fácilmente pasado por alto pero difícil de dejar. Su producción característica es una “cerveza del espacio” Stout irlandesa seca de poca carbonatación que la compañía afirma que puede consumirse en vuelos espaciales de cero gravedad, o en su oscuro y sociable pub, donde los residentes locales conversan frente a pintas en mesas iluminadas con velas.

Sábado, 9:00 a.m. Arrojo para el desayuno

Al igual que los estadounidenses, los australianos no escatiman en el desayuno, y usted tampoco debería hacerlo cuando visite Sídney. Empiece la mañana con una selección de periódicos; un “flat white” fuerte (3.50 dólares), que es la versión australiana del café latte y que fue inventado en Sídney en la década de 1980, y con un imperdonable croissant de chocolate con almendras tipo pastel (4.50 dólares), o pruebe un rollo picante de cordero, harrisa y salchicha con almendras (5 dólares), en Central Baking Depot.

10:00 a.m. Exilio

Luego de la victoria de Estados Unidos en la Guerra de Independencia, los británicos necesitaban un nuevo lugar para exiliar a sus convictos y lo encontraron en Sídney, aproximadamente 18 años después de que el capitán James Cook reclamara para Gran Bretaña la costa este del continente en 1770. Desde 1788 hasta 1868, más de 162,000 convictos fueron enviados a Australia en el plan de transporte penal organizado más grande de la historia. Más de 50,000 pasaron por las Barracas de Hyde Park, un hermoso edificio de ladrillo diseñado por el arquitecto Francis Greenway, un convicto que fue perdonado por su buen trabajo. Las barracas albergan un fascinante museo que usa exhibiciones multimedia para narrar las historias de los convictos, muchos de ellos forzados a soportar inimaginables penurias por delitos menores. Si quiere ver a dónde eran enviados los sentenciados por crímenes más graves, tome el ferry hacia la isla Cockatoo y alquile una guía de audio para el recorrido a pie.

Mediodía: Vida de pueblo

Sídney está bendecida con suburbios caminables llenos de coloridas casas adosadas de la era victoriana y eduardiana. Ábrase paso paseando y comiendo entre enclaves como Paddington, Surry Hills, Woollahra, Watson’s Bay, Mosman, Haberfield y Hunter’s Hill. Pero no se pierda el encantador y activo Balmain, un suburbio interno históricamente de clase obrera que actualmente está muy de moda. Llegar al Muelle Balmain por ferry solo tarda 12 minutos, pero a no ser por las palmeras, la gente pudiera creer que cayó en paracaídas a un próspero pueblo de mercado inglés. Vaya a la calle Darling Street, donde encontrará restaurantes y tiendas seductoras, incluidas dos librerías independientes bien surtidas: Hill of Content y Brays Books. Tómese una pinta de Balmain Pilsner y consiéntase con un almuerzo de pub en Riverview Hotel, una taberna remodelada del siglo XIX que tiene un ecléctico menú británico campestre (almuerzo, entre 20 y 25 dólares).

3:00 p.m. Hora del té con Perry Como

El vecindario The Rocks es más famoso por su libertinaje que por sus salas de té, pero es difícil encontrar un oasis más tranquilo para descansar a media tarde que Tea Cosy, una tienda irlandesa de té situada en una laberíntica casa adosada de la década de 1870. Ordene una tetera de Caravana Rusa y colonice escaleras arriba la sala “Nana’s Corner”, donde puede poner discos de Perry Como en una tornamesa clásica. Una vez recargado, descargue la aplicación Walking the Rocks y disfrute de un recorrido por el vecindario más antiguo de Sídney.

5:00 p.m. Jorge La Cacatúa

Glebe es un suburbio interno que desde hace mucho ha sido refugio para la gente creativa. Tiene un animado mercado sabatino; dos librerías excelentes, Sappho Books y Gleebooks; una tienda Cruelty Free Shop para veganos; una tienda de discos genial que también hace de bar, Record Crate, y muchas cafeterías y restaurantes. Una vez que haya hecho suficientes compras, vaya a Friend in Hand Pub, un bar ecléctico que tiene los clientes más amigables de Sídney. Vaya antes que la mascota del pub -Jorge, una sociable cacatúa- se vaya a dormir.

7:00 p.m. Baby Got Baklava

Los maestros culinarios que operan Thievery, un sitio de tapas libanesas situado en Glebe, presumen haberse “robado el menú de un chef famoso”. Pero la comida y los cócteles parecen todo menos poco originales. Siéntese en una mesa del patio del segundo piso, con vistas a Glebe Point Road, y empiece con un Baby Got Baklava (bourbon Maker’s Mark, amaretto, limón, pistacho, miel y pashmak de pistacho, una versión persa del algodón de azúcar; 17 dólares). El hummus con mantequilla quemada (10 dólares), el haloumi a la parrilla (19 dólares) y el kebab de falda de res (14 dólares), servido con calabaza especiada, ajo ahumado y pimientos en salmuera sobre pan roti, son deliciosas versiones de la comida meze tradicional.

10:00 p.m. La esposa del jefe

Newtown, un suburbio ligeramente fuera de lo común que rebosa de energía y fiesteros (incluyendo estudiantes de la Universidad de Sídney), está lleno a reventar de locales musicales, bares y otros sitios para liberar la tensión. Pero en una noche cálida, el mejor atractivo es ver pasar gente en la calle King Street. Una vez que se sienta agotado, relájese en Mary’s, un famoso sitio de hamburguesas con arte mural macabro y una buena lista de cervezas, incluyendo favoritas locales como la Young Henrys Newtowner y la Murray’s Rudeboy Pilsner. Corone la noche en Gelato Messina, con una abundante bola (4.80 dólares), o dos, de “la esposa del jefe”, una irresistible combinación de helado de avellana y café con chocolate blanco y ganache con praliné de avellanas.

Domingo, 9:00 a.m. Pasteles que cambian la vida

Los domingos, los viajes ilimitados en cualquier forma de transporte público -autobuses, trenes, ferris- cuestan 2.50 dólares con un pase Opal. Los ferris públicos son una buena forma de explorar el espectacular puerto de Sídney. Empiece con el F6, donde desembarcará en Mosman Bay y podrá tomar un breve viaje en autobús hacia el otro lado del aristocrático Mosman hasta Boathouse, para comer el brunch en una cubierta que mira hacia la idílica playa Balmoral. Los meseros dicen con bastante acierto que sus pasteles de mantequilla quemada y vainilla “cambian la vida”, y el rollo de huevo con tocino (13 dólares), con salsa de barbacoa y jalea de tomate cherry con chile, es el nirvana sensorial. Después, alquile en las instalaciones un kayak, barco con pedales o una tabla para remar de pie.

Mediodía: Caminando por el puerto

Sídney es ideal para pasear por la costa, y es un placer barato tomar un ferry hacia un muelle y caminar sobre el puerto hacia la próxima parada, o más lejos. La caminata desde Cremorne Point hasta Mosman Bay, un paseo de dos kilómetros, pasa frente a casas encantadoras y ofrece vistas panorámicas de Sídney. Si se siente más ambicioso, tome el ferry F7 hacia Rose Bay y siga con dirección norte sobre la costa durante ocho kilómetros hasta Watson’s Bay, donde podrá darse un festín de mariscos o pernoctar en la playa.

2:00 p.m. Por quién doblan las campanas

Pocos turistas se aventuran al campus de la Universidad de Sídney, y es una pena. Su claustro neogótico es un sitio encantador para un día de campo. Llegue a las 2:00 p.m. los domingos y le regalarán un recital gratuito del carrillón, seguido por un recorrido, también sin costo, que lo llevará dentro de la torre del reloj para conocer al encargado. Si lo pide educadamente, quizás pueda escuchar el tema de “Game of Thrones”.