Washington, DC: mucho más allá de la política Por The New York Times el

Por Robert Draper
The New York Times

Aquellos que visitan la capital de Estados Unidos por primera vez en una década o más se encontrarán con una agradable sorpresa. La ciudad a la que históricamente se le llamó “el pantano”, ya no tiene la apariencia almidonada y aburrida del pasado. Si pasamos por alto la política, hoy día Washington D.C. posee un dinamismo que, junto con su historia legendaria, la sitúa como una gran ciudad estadounidense. Ahora es totalmente posible pasar un par de días memorables sin comer un solo filete estilo Nueva York ni visitar los monumentos en mármol alrededor de sus calles. Esas son cosas obligadas que debes hacer si visitas la ciudad por primera vez, pero después hay que volver para conocer las “revelaciones” que esta nos regala.

VIERNES, 3:00 p.m. Historia de lucha

Desde su inauguración en septiembre de 2016, el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana del Instituto Smithsoniano, en el National Mall, se ha convertido en la atracción más candente de la ciudad. La inmensa colección del museo vale la pena las largas filas. Los artefactos son impresionantes por sí mismos, entre los que se encuentran la Biblia de Nat Turner, la trompeta de Louis Armstrong y la primera edición del libro de Booker T. Washington “The Negro in Business”, publicado en 1907. Sin embargo, el diseño y la curaduría a lo largo de los tres niveles nos hace sentir como si hiciéramos un viaje, que en algunos momentos resulta doloroso, y en otros, victorioso. El recorrido termina con una conmovedora colección de vídeos de afroamericanos que reflexionan sobre sus experiencias de vida (entrada gratuita; los boletos de entrada están disponibles en la taquilla entre semana a partir de la 1:00 p.m.).

6:30 p.m. Relajada delicia

La galopante escena gastronómica de Washington D.C. coincide con la lamentable tendencia de las políticas de los restaurantes que no permiten hacer reservaciones. Sin embargo, Himitsu, que se podría decir que es el lugar más creativo para cenar, hace que este trance sea relativamente libre de estrés. Al llegar, basta dar tu nombre y número de celular, para luego pasear por la calle hacia alguno de los muchos bares de paso del barrio de Petworth (como Ruta del Vino y Hank’s Cocktail Bar) y disfrutar una o dos copas hasta que recibas un mensaje de texto informándote que tu mesa está lista en el pequeño restaurante de estilo japonés que salió de la imaginación del chef Kevin Tien. Su menú siempre cambia, pero incluye una serie de platos, deliciosos por igual, y que se pueden compartir, de mariscos crudos, pollo rostizado en salsa de soya y verduras con especias asiáticas. Si el clima lo permite, las mesas al lado de la calle realzan la vibra moderna del Himitsu. Si viajas en solitario, nada mejor que picar algo en el bar mientras pruebas vinos de países como Bolivia y Georgia (la cena para dos personas sin vino cuesta unos $100).

10:00 p.m. La última copa y las papas Utz

El letrero en la puerta que dice “No se aceptan payasos” nos da a entender la atmósfera libre con la que se prepara la comida en el Showtime Lounge, un pub miniatura que es fácil pasar de largo y que solo recibe dinero efectivo en el discreto barrio de Bloomingdale. Entra y te sentirás en un país extraño: con imágenes enmarcadas de Humphrey Bogart y estrellas de Westerns europeos en las paredes, canciones en otros idiomas escuchándose desde las bocinas y un cautivador elenco de locales que seguramente nunca encontrarías en un programa de la cadena CNN. El bar sirve cervezas de barril y papas fritas Utz para acompañar. Showtime es la mejor opción para cerrar con broche de oro.

SÁBADO, 9:00 a.m. Mañana en un mercado de primera

Tomó algunos años, pero ahora Union Market, en el cuadrante nororiental de la ciudad, se ha convertido en el mercado techado más elegante y visitado de Washington. Aunque el espacio de 2,043 metros cuadrados alberga varios restaurantes, algunos vendedores de excelentes especialidades y un mercado de agricultores de productos de la temporada, logra su máximo atractivo durante las horas del desayuno de los fines de semana, que es cuando la mayoría de los lugareños jóvenes y adinerados se reúnen en las mesas en torno a alimentos recién preparados de restaurantes como DC Empanadas, Panorama Bakery y Peregrine Espresso. Mientras que otras personas disfrutan los productos de los mejores vendedores de carne y mariscos frescos. Una vez que tu cuerpo haya recibido la dosis de cafeína necesaria, estira las piernas y busca productos para llevar a casa como especias importadas y cubiertos de lujo.

11:00 a.m. Elogio a las artistas

Aunque el suntuoso y amplio Museo Nacional de Mujeres en las Artes abrió en 1987, el único espacio en el mundo dedicado al trabajo de mujeres artistas nunca ha recibido la atención turística que merece. Las muestras recientes del museo incluyen obras abstractas de artistas afroamericanas y de una artista que reside en Ciudad de México y usa un tendedero para exhibir ejemplos de violencia contra las mujeres. Su colección permanente presenta obras de todo el mundo, así como de artistas estadounidenses admiradas, como la fotógrafa de celebridades Annie Leibovitz y la pintora impresionista Ellen Day Hale. En el mezzanine, una encantadora y tranquila cafetería es uno de los mejores refugios de la ciudad (la entrada para adultos cuesta $10).

1:00 p.m. Bodega de vinos en la ciudad capital

Uno de los barrios que crece con mayor rapidez es el de 16 hectáreas que se extiende a lo largo del río Anacostia, conocido como The Yards. Aunque abunda en mileniales que recorren los bares, el área no se considera un destino de restaurantes nocturnos refinados. Quizá eso cambie con la reciente apertura de District Winery, que, como su nombre sugiere, elabora más de una decena de vinos con uvas cosechadas en Virginia, California y Nueva York. Los vinos, elaborados por el veterano de Brooklyn Winery, Conor McCormack, son excelentes por igual (en especial el zinfandel y el cabernet franc). Los visitantes pueden recorrer la bodega de vinos, probar cada selección en el bar de degustación y comprar botellas para llevar a casa. Lo mejor de todo es que puedes disfrutar maridajes espléndidos de vino con la cocina fusión estadounidense de su restaurante Ana, que es elegante, pero relajado a la vez, y tiene vista al río (la visita guiada por la bodega y la degustación tienen un costo de $35. La comida para dos sin vino cuesta alrededor de $80).

4:00 p.m. Guerreros olvidados

Un viaje a la capital estadounidense no estaría completo sin al menos echar un vistazo a sus múltiples monumentos de guerra. El que más suele pasarse por alto hoy día es el Monumento Conmemorativo a los Veteranos de la Guerra de Corea, en el costado occidental del National Mall, a la sombra del tan visitado Monumento a Lincoln. Su evocadora pieza central, dedicada en 1995, está compuesta por 19 estatuas de acero inoxidable de soldados estadounidenses que caminan fatigosamente por los arbustos crecidos con expresiones serias y en un absoluto estado de alerta. Como un reconocimiento sutil de los vagos objetivos de la guerra y su resultado no tan satisfactorio, el tributo en relieve nos recuerda que los soldados “respondieron al llamado para defender a un país del que no sabían nada y a gente a la que nunca conocieron”.

5:30 p.m. Un refrigerio en la terraza

Pocos edificios en Washington están tan envueltos en la intriga política de la ciudad como el Watergate, un complejo de condominios y habitaciones de hotel en el río Potomac. Aunque el robo malogrado en 1972 que degeneró en el derrumbe de la presidencia de Richard Nixon inició en la que ahora el hotel llama la “Scandal 214 Room”. Hoy existe una razón adicional para visitarlo: el bar al aire libre Top of the Gate, que abrió sus puertas el verano pasado y ofrece las mejores vistas de la ciudad acompañadas de cócteles. Incluso hay una pequeña pista de hielo (con hielo artificial) frente al bar. Si el clima no es el mejor, puedes ir al bar en el lobby del hotel, cuya carta incluye una gran variedad de whiskeys.

7:30 p.m. Mariscos en la ribera

El desarrollo más reciente al suroeste de la ciudad, The Wharf, sigue siendo una obra en construcción y por el momento conserva la fachada poblada a medias y muy pulida del pueblo costero de la película “The Truman Show”. Sin embargo, ya tiene una de las estrellas culinarias de Washington: Del Mar, de Fabio Trabocchi, la creación de este chef, cuyo restaurante italiano en Georgetown, Fiola Mare, ha suplantado al Cafe Milano como el imán actual de las celebridades en la ciudad. Trabocchi, que sirve comida española y mariscos, abrió en octubre y de inmediato se convirtió en una empresa digna de una estrella Michelin. En un contraste estudiado con los modernos recién llegados como Himitsu, el interior cavernoso y decorado con esculturas marinas de Del Mar está diseñado para ser llamativo pero, como sucede con todos los restaurantes de Trabocchi, la comida sigue siendo lo más importante. Desde el gazpacho con la tonalidad del mangó hasta el aterciopelado jamón ibérico, así como la selección de sobresalientes paellas, Del Mar es la única razón por la que es necesario visitar The Wharf, aunque puede que surjan muchas más en los próximos meses (la cena para dos tiene un costo aproximado de $140).

10:00 p.m. Un final acogedor

Otro de los barrios en rápido desarrollo de Washington D.C. es Brookland, dominado por la Universidad Católica y la majestuosa Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción. El restaurante de gama alta de más reciente apertura en la ciudad, Primrose, se inauguró aquí poco después de Acción de Gracias. Si bien el bistro francés de ambiente informal, pero con una decoración maravillosa, sirve clásicos franceses como el coq au vin y el boeuf bourguignon hasta las 11 de la noche, los fines de semana Primrose es también el mejor lugar para tomar una última copa. En la barra, junto a la multitud diversa del barrio con uno de los 15 vinos que el restaurante vende por copa (Francia o Virginia, varios de estos últimos hechos por el copropietario Sebastian Zutant) para acompañar quesos robustos y rillettes de conejo, no tendrías motivos para sospechar que estás en lo que a alguien se le ocurrió que era un pantano que valiera la pena drenar.

DOMINGO, 10:30 a. m. El distrito del dim sum

Entre los muchos barrios llenos de actividades del noroeste de Washington -como Logan Circle, Columbia Heights o Adams Morgan- el distrito de Shaw es el último en haberse renovado con lugares ingeniosos para cenar. Uno de los más recientes y mejores aquí es Tiger Fork, un santuario de la cocina de Hong Kong ,ubicado en un callejón. La decoración ecléctica en colores rojos y bambú de estilo chino (diseñada por Lauren Winter, quien también decoró Primrose) te arranca una sonrisa, al igual que su menú “Dim Sum and Then Some” de los fines de semana. Imagínate probar la versión al estilo Hong Kong del pan francés, el tocino chino y el tofú cremoso, que se encuentran entre algunos de los remedios para la resaca que sirven los domingos, acompañados de preferencia por una bebida a base de prosecco y licor de maracuyá, conocida aquí como Bad Girl Mimi (el brunch para dos sin bebidas cuesta aproximadamente $70).

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