Casa de sangrías en Viejo San Juan Por Josefina Barceló el

En la calle Tetuán número 311, en el Viejo San Juan, hay un establecimiento donde uno puede ir con su pareja o sus amistades a pasarla bien mientras “entretiene” el paladar.

Se trata de “Sangrías”, donde cuentan con todas las clases de sangrías que se producen en Puerto Rico. Allí hallarán la sangría Sangre Boricua, la Sangría de Tita, la Cayo Buí, Los Parao’s, Sangría Borges, Sangría Giorgio y La Lola, entre otras.

“Tenemos sobre 50 tipos de sangrías artesanales, todas producidas en la isla, y pronto vamos a incluir las internacionales. Las personas que vienen pueden comprar las botellas en el local para llevárselas o para consumirlas ahí mismo”, explicó Rubén Ayala, quien junto a Zulmarie Rivera gestó este concepto.

Rivera señala que los clientes también pueden pedir una tabla que incluye seis diferentes tipos de sangrías, las que haya seleccionado previamente de un menú, para degustarlas en el local. “Son seis vasitos de 3 onzas cada uno. Tenemos sangría de parcha, mangó, tamarindo, guayaba, acerola, melón y más para escoger. Y si ya el cliente tiene su sangría preferida, puede pedirla en un vaso de 16 onzas”, destaca.

El nivel de alcohol de las sangrías fluctúa entre 7% y el 13%, pero hay una que se elabora en Ponce, Sangría Señorial, que no tiene alcohol.

Según Ayala, además tienen diferentes tipos de cócteles a base de sangría como el Sangría Libre, Sangría Mojito, Sangría Madras, Sangría Punch y el Sangría Margarita, y todos han gustado mucho.

“También tenemos cervezas, diferentes tipos de licores y aperitivos criollos como sorullitos, rellenos de papa, rellenos de carne, taquitos de pollo y carne, alcapurrias y pastelillos de pollo, de queso y guayaba, entre otros”, asevera.

Retos y recompensas

El proceso de establecer el negocio fue arduo, pero de acuerdo con Ayala y Rivera, “valió la pena”.

“Estuvimos un año y medio para establecer el negocio. Queríamos que estuviese localizado en el Viejo San Juan, por el atractivo turístico. Fueron muchos los permisos, pero finalmente pudimos abrir”, cuenta Rivera.

La pareja, junto a un grupo de amistades: Ángel Cartagena, Carlos Ayala, Xavier Villa y Rubén Flores, realizaron toda la construcción y decoración del local.

“Nosotros lo hicimos todo, desde las paredes, el piso, las mesas, los bancos, la barra y los anaqueles. Fue un trabajo artesanal”, asegura Rivera.

Finalmente, el lugar abrió el pasado 28 de junio y enseguida tuvo una buena aceptación a nivel de los locales y turistas. “Desde que abrió, ‘Sangrías’ ha tenido una gran acogida. A los turistas, por ejemplo, les encanta el concepto y salen de aquí con varias botellas para llevárselas”, subraya Rivera.

Durante el proceso entró como socio Edgardo Rivera y, posteriormente, Wilbert Marrero.

Con el paso del huracán María, se vieron forzados a cerrar el local desde el 17 de septiembre hasta el 17 de noviembre, cuando pudieron reabrir. “Estuvimos dos meses cerrados, ha sido bastante cuesta arriba, pero el público es uno fiel. Desde el momento que vienes por primera vez decides, volver”, indica Ayala.

Y es que, como describe Zulmarie, el ambiente de “Sangrías” es tranquilo y relajado. “Es para pasar un rato chévere. Es un buen lugar para conversar entre amigos y degustar las ricas sangrías de Puerto Rico, las bebidas y las frituras. También, ambientamos el local con música de aquí, de todo tipo de género, apoyando siempre lo que es del país. Ese ha sido nuestro norte”, manifiesta.

La meta de los dueños es unir en su negocio todas las sangrías de Puerto Rico. “Muchas de las sangrías del país provienen de empresas familiares pequeñas que no tienen sistema de distribución. Esta es una manera de ayudarnos entre todos”, concluye Ayala.

El horario de “Sangrías” es de domingos, martes, miércoles y jueves de 1:00 p.m. a 8:00 p.m.; los viernes y sábados de 1:00 p.m. a 12:00 a.m.; y los lunes permanece cerrado.