Tres santuarios en Puerto Rico para contemplar el silencio Por Pablo Venes Molina el

La semejanza arquitectónica que guardan entre sí no es la única característica que se replica en cada uno de los tres santuarios Schoenstatt ubicados alrededor de la isla, estratégicamente en Cabo Rojo, Hatillo y Juana Díaz. El solemne silencio que se experimenta en estas capillas, reconocidas por su retirada ubicación y llamativa arquitectura, es una particularidad distintiva que solo un lugar como estos puede ofrecer a sus visitantes, quienes van en busca de serenidad interior.

“Llegan hasta aquí para encontrarse, orar, rezar, despejar la mente o simplemente pasar un tiempo a solas. Realmente son muchas las razones por las que la gente nos visita, pero todos lo hacen con el motivo de tener un encuentro espiritual”, expresó Sofía Rivera, una de las voces cantantes en el Schoenstatt localizado en el municipio de Cabo Rojo.

Allí, el amplio espacio de terreno verde traza el camino a una experiencia de retiro espiritual. Los agradables minutos de silencio que se viven en los alrededores se complementan con la grandiosa vista panorámica, pues desde la loma donde ubica el templo de Cabo Rojo se puede apreciar la Reserva Natural Laguna De Joyuda, así como toda la costa oeste que bordea la llamada Capital del Turismo Interno.

“Promovemos el catolicismo, pero aquí todos son bienvenidos, aunque pertenezcan a otras denominaciones religiosas”, añadió Rivera acerca del movimiento apostólico fundado por el padre José Kentenich en la aldea Vallendar de Alemania y que para varios feligreses ha representado un instrumento fundamental dentro de la Iglesia Católica.

Fue para el 1973 que la congregación se estableció físicamente en la isla, gracias a que el matrimonio de Emilio Venegas y María del Carmen Vilaró cediera sus terrenos a la Iglesia Católica, donde posteriormente se construyó el templo. Desde entonces, la sede de los Schoenstatt ha servido como centro educativo para sacerdotes y cenáculo de formación cristiana, pero también como punto de encuentro para cientos de sus visitantes.

“En Cabo Rojo llevamos más tiempo porque aquí fue que se dio el primer Schoenstatt en Puerto Rico. Actualmente existen cientos de réplicas de estas capillas alrededor del mundo, específicamente en más de 42 países”, continuó explicando la hermana acerca del templo Schoenstatt ubicado en la entrada de la carretera PR-100 y que forma parte del trío de estas arquitecturas desplazadas de norte a sur y oeste.

El Schoenstatt que ubica en Hatillo fue el tercero en construirse en Puerto Rico, pero edificado con el mismo propósito. Son muchos los que acuden a este santuario establecido en el barrio Campo Alegre, buscando alejarse del bullicio que suele predominar en los cascos urbanos, sobre todo en la zona metropolitana.

Rossana Bermúdez es una de ellas y asegura que visita el templo al menos una vez al mes porque es la mejor forma de establecer un sentido de relajación que no encuentra en ningún otro lugar.

“Realmente no hay comparación. Los Schoenstatt tienen todo estructurado para que uno pase un buen rato con Dios y la naturaleza. Aquí la grama siempre está verde, el canto de las aves se escucha clarito y el silencio es el mejor compañero. ¡Ni en los hoteles encuentro tanta calma!”, exclamó la joven natural de Bayamón.

En comparación con los demás Schoenstatt, el de Hatillo goza de tener un terreno más vegetativo, con pinos y jardines coloridos que simbolizan algo para los feligreses. Al igual que Bermúdez, artistas del patio y figuras conocidas, como la telereportera Keylla Hernández, también frecuentan el lugar para buscar sanación espiritual de enfermedades y vicisitudes personales.

Desintoxicarse de la tecnología

Para otros, el estado de paz que permea en los alrededores representa una oportunidad para tomar un descanso de los dispositivos móviles y otros artefactos electrónicos que han provocado una dependencia digital durante los pasados años.

“Tan pronto cruzamos el portón, ahí todos tienen que guardar los celulares y las tabletas”, comentó Jorge Sepúlveda acerca de la rutina que comparte junto a sus hijos y sobrinos. Aunque manifiesta que actualmente no está afiliado a una religión en particular, admite que es a través del santuario que encuentra una conexión con un ser superior a la humanidad.

En esa misma línea va enfocada la pasión que decenas de personas buscan en el Schoenstatt que está en Juana Díaz. En el casco urbano, pero situado en una verde colina, este santuario permite apreciar desde lo alto la ciudad sin necesidad de vivir el ajoro que la caracteriza.

“Vale la pena venir, sentarse en el piso o en algún banquito y meditar”, manifestó Rolando Ortiz, un ponceño que ya ha ido a los tres santuarios de la isla y que espera poder viajar en algún momento fuera de ella para deleitarse con otro como el de Argentina, por ejemplo.

De hecho, Ortiz se atrevió a comparar el santuario de Juana Díaz con el de ese país, pues cuenta que se ha orientado sobre su estratégica posición que aleja la metrópoli sin salirse de ella.

Santuarios Schoenstatt

Carr. 100, Km. 5.3, Cabo Rojo
787.851.5368

Barrio Campo Alegre, Hatillo
787.898.8035

Cenáculo de la Inmaculada, Juana Díaz
787.526.6362