La Bahía de Jobos deslumbra como recurso ecológico Por Pablo Venes Molina el

Si bien un estuario es donde las aguas dulces y saladas se acumulan, entonces la Bahía de Jobos es donde la sal y el azúcar se confunden. Esto debido a la historia y el pasado azucarero que proviene de la Central Aguirre.

“Muchos conocen la Central Aguirre, pero pocos saben sobre la Bahía de Jobos, este recurso tan importante que también forma parte esencial del poblado de Aguirre”, comentó Roberto Thomas, coordinador de IDEBAJO, una organización comunitaria que promueve la Iniciativa de Ecodesarrollo en la Bahía de Jobos.

“Este lugar es bien importante porque aquí viven una serie de especies y animales únicos en la región sur”, añadió el joven mientras dejaba sus huellas por el terreno húmedo y árido de la bahía rodeada por las raíces del mangle rojo, para dar comienzo al recorrido de aproximadamente dos horas de duración. Como parte de las actividades introductorias, la primera mitad del itinerario es invertida en el centro para visitantes, donde se brinda un trasfondo histórico de la reserva y la importancia de este ecosistema.

De ahí los visitantes tienen la opción de caminar por la Vereda Cayo Caribe y la Vereda Jagüeyes. Ambas ofrecen una vista particular de esta joya natural reconocida como la única reserva dentro del sistema nacional que posee arrecifes de coral, al estar dentro del trópico, de acuerdo con el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales.

A esto, Thomas también agrega que la Reserva Nacional de Bahía de Jobos es la segunda área estuarina más amplia de Puerto Rico, siendo el Bosque de Piñones, en Loíza, el primero en la lista.

La extensión de la bahía compone los municipios de Guayama y Salinas; y para abonar a esa línea de reconocimientos, el guía explica que posteriormente fue designada como Reserva Nacional de Investigación Estuarina de Bahía de Jobos por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés).

A medida que uno va atravesando el camino, la peculiaridad de la bahía no recae en la extensión territorial que le permite albergar decenas de especies marinas —entre ellas algunas en peligro de extinción— sino en su característica para ser catalogada como una reserva estuarina.

“Sabemos que un estuario es un lugar donde las aguas dulces se funden con el agua salada y, en el caso de la Bahía de Jobos, esa agua dulce proviene de acuíferos, contrario a los demás estuarios en la isla”, indicó Thomas señalando con su dedo índice los pequeños islotes de mangle rojo que conforman la embocadura de la bahía.

Las cuatro especies de mangle

Estas especies de bosques de plantas leñosas no solamente se pueden observar en esa zona de la bahía. Tanto el mangle rojo como el blanco, el botón y el negro son visibles alrededor del recorrido que no requiere excelente condición física, pero sí un par de zapatos cómodos y cerrados.

Para dar a conocer la diversidad biológica, todas las especies están debidamente rotuladas con un cartel informativo; así que el visitante podrá establecer las diferencias entre cada tipo de mangle que aflora en la reserva caracterizada por poseer vegetación boscosa, muy acorde con esta zona que recibe poca precipitación.

De todos, el botón es el mangle más accesible, con sus hojas llenas de granitos de sal que se forman porque el terreno es muy salado y el viento mantiene la sal en el aire. Pero sin duda, el rojo abunda más en la reserva y es el que tiene contacto directo con las aguas del estuario; y además sirve de hábitat para peces y otras especies, como el pájaro querequequé y el cangrejo violinista.

Hogar del cangrejo violinista

Por tal razón, durante el trayecto es muy probable encontrar agujeros o cuevas en el terreno fangoso. Unas más grandes que otras, pues allí viven seis especies de los cangrejos violinistas, distinguidos por su color y tamaño de pinza.

“Se dice que mientras más grande es su pinza, más fácil es atraer las hembras y defender su espacio. Aunque no se ha hecho un estudio formal, podemos decir que quizás tenemos la comunidad más grande de cangrejos violinistas en la isla”, mencionó Thomas al tiempo que iba atrapando a uno de los miles de crustáceos que se deslizan por la vereda, para presentarlo más de cerca.

Al estar aledaña a la antigua Central Aguirre, otra actividad que se da en la incursión de la bahía es identificar las estructuras que componían la vecindad azucarera. El antiguo hotel, así como uno de tantos almacenes son avistados en el recorrido que logra despertar la curiosidad y el interés por los cuerpos de agua.

IDEBAJO
Carr. 705, Km 2.3, Salinas
787.325.4908
Horario: 7 días, 9a – 4p