A caballo por Las Piedras Por Pablo Venes Molina el

Si la familia Ochoa de Las Piedras son buenos anfitriones, sus caballos lo son aún más. Estos animales siempre están listos para ofrecer a sus visitantes un paseo a través de una enorme finca repleta de plantas, una vista sin igual de El Yunque y un lago que embellece el panorama. 

Ya sea experimentado o novato, para cada montador hay un equino que se ajusta al nivel de los participantes. “Los caballos también tienen una personalidad que los hace únicos. Dependiendo de la altura y el peso de la persona es que podemos parearlos y así asegurar que la cabalgata sea la más placentera”, expresó Juan Manuel Ochoa, copropietario y fundador de la Hacienda 8A, mientras repartía los cascos protectores a los integrantes del recorrido. 

Acto seguido, el joven guía nacido y criado bajo la cultura de los deportes ecuestres comenzó a impartir un pequeño curso sobre las reglas básicas para montar a caballo. Qué hacer en caso de que el animal acelere el paso, cómo interpretar sus señas y hasta preguntas más básicas acerca de la forma correcta de dirigir a los equinos son discutidas durante la etapa introductoria del “tour”, donde se aclaran las dudas de todos los participantes.  

Bañados en bloqueador solar y con el casco protector debidamente ajustado, el grupo de amigos y familiares emprendieron la cabalgada hacia el punto más alto de la finca, a unos 600 pies sobre el nivel del mar. 

El contacto con la naturaleza se transcribe de inmediato. Durante el inicio del trayecto se puede observar un ganado y, al fondo, el resto de los caballos que componen la hacienda. Son alrededor de 28 y la mayoría del tiempo están rondando los terrenos libremente. “A nosotros nos gusta dejarlos sueltos porque así se desarrollan más felices. Además, de esta forma confraternizan en su estado natural, ya que pueden compartir entre sí más allá de los recorridos”, manifestó Ochoa sonriente. 

Sentir la brisa de los vientos alisios 

Pese a su distancia geográfica, el municipio de Adjuntas comparte una similitud con el pueblo de Las Piedras. “Adjuntas no es el único con un ‘gigante dormido’, acá en Las Piedras también podemos observar uno que compone la mitad de El Yunque”, contó el joven y al mismo tiempo trazaba con su dedo la figura de lo que parece ser un hombre acostado entre las montañas.  

Dicho señalamiento sorprendió a los participantes, quienes no dudaron en sacar sus teléfonos celulares para tomarle fotos a la apariencia con forma humana. “No me atrevo a sacar el mío (celular) porque hace mucho viento y el caballo no se está quieto”, dijo uno de los jóvenes y Ochoa aprovechó la observación para explicar que justo allí se puede contemplar la entrada de los vientos alisios a la isla. 

“Como bien se sabe, los vientos alisios provienen del este de la isla y es El Yunque quien se encarga de distribuirlos entre el noreste y sureste del país”, apuntó para luego dirigir a los caballos por el camino verdoso, pero empinado. 

La cima del Mangó Piña 

El trayecto cuesta arriba resulta un tanto excitante para los equinos, quienes aceleran su paso, pero una vez en la cima, encuentra un panorama nunca antes visto: el Yunque y Vieques se hacen uno ante la mirada.  

Esta experiencia va complementada con la brisa del Océano Atlántico que, dependiendo del clima y cuánta densidad del polvo del desierto del Sahara haya en el aire, permite observar a la isla municipio con mayor claridad. 

“También se puede ver Ceiba y Naguabo bien clarito y el pico El Toro”, comentó Ochoa en la cima que se caracteriza por ofrecer una sombra de un árbol de mangó-piña. 

La pausa con vista privilegiada permitió recargar energías para el desafío que está por venir. “Ahora estaremos cabalgando cuesta abajo, asegúrense de echarse un poco hacia atrás y mantengan sus caballos lo más despacio posible”, indicó el guía para evitar ponerle todo el peso en las patas delanteras del equino mientras va descendiendo. 

Sin dudas, esta sería la parte más exigente del recorrido, ya que requiere mantener un balance corporal y a su vez hay que estar esquivando ramas y troncos que se interponen en la vía. 

Un mugido áspero se escucha en medio de la finca y despierta la preocupación entre los participantes y equinos. “No se preocupen, son mansos y ya mismo los saco del paso”, aseguró Ochoa refiriéndose al ganado que se interpuso en el camino que conduce hacia una pequeña laguna. La misma presentó otra oportunidad de descanso y sirvió como escenario perfecto para tomar fotos del ambiente verdoso, para luego retornar al establo y rememorar lo vivido entre piscolabis y refrigerios. 

Hacienda 8A
Carr. 31, Km. 15.1, Las Piedras
787.379.0321
Horario: 7 días, 9a – 5p