Grandes espumosos de Juvé & Camps Por Rosa María González Lamas el

Estuve en Enofusión, el evento de vino que se realiza en paralelo a la gran cita gastronómica anual que es Madrid Fusión. Como he señalado en “posts” de años anteriores, Enofusión ha ido creciendo y se ha vuelto cada vez en un mayor foro de vinos; un encuentro muy aguardado por su programa de catas, exhibidores, secciones especiales y las oportunidades que brinda de intercambiar ideas sobre las novedades del sector.

Una de las catas más interesantes a las que asistí fue a la de grandes espumosos de bodegas Juvé & Camps, una gran casa de cava con presencia en Puerto Rico. Muchas de las etiquetas que elabora las caté allí por primera vez en una cata guiada por el hilo conductor de la Xarel-lo, una uva autóctona de Cataluña.

Piel gruesa, racimo mediano y aireado, buen vigor y adaptabilidad son los trazos que caracterizan a la Xarel-lo, cepa por la que Juve & Camps apuesta como arma secreta para sus Grandes Reservas con largas crianzas.

Bodega íntegramente familiar, esta casa centenaria que se enfoca precisamente en estos espumosos de prolongadas crianzas controla el 35% del inventario de Grandes Reservas de la DO Cava, con una crianza media de 44 meses sobre lías.

No sólo es el largo añejamiento el secreto de excelencia de su producción, sino también la calidad de su uva, una selección fundada en una gran diversidad de terroirs dictada por la geografía de los valles del Penedès, que la bodega ha ido enriqueciendo al adquirir parcelas en diversos puntos estratégicos. 270 hectáreas plantadas de las 470 que tienen en propiedad y que si antes se manejaban con producción integrada, desde 2012 se cultivan de manera ecológica jugando con alturas y tipos de suelo que van desde aquéllos donde la caliza está a flor de piel, a terrenos aluviales y montañas de roca madre.

En Enofusión se repasaron seis de esas grandes etiquetas donde la Xarel-lo reina, incluidas dos añadas de su línea Essential, un 100% Xarel-lo más orientado a exponer la Xarel-lo con más juventud. Este espumoso -más de cócteles que para disfrutarlo en la mesa- se crió a lo largo de 36 meses en su cosecha 2012 y a lo largo de 24 en la de 2013. Ambos mostraron más frescor aromático, la primera con tonos cítricos, recuerdos de hinojo y una sensación más seca en boca, y la del 2013 con una mayor complejidad aromática, con mucho frescor, recuerdos a melocotón, fruta de la pasión, pinceladas de laurel e incienso, y un final salino con una pizca picante a jengibre. Contrastes que el enólogo definió con silueta de añada, destacando que el cambio climático ha contribuido a remarcar las características de cada añada, entre las que previamente se notaba mayor uniformidad.

Mucho más serios y estructurados fueron el Reserva de la Familia, la etiqueta locomotora de la casa, el extraordinario Gran Juvé & Camps, y su gran Juvé La Capella, un Xarel-lo de parcela única y cepas viejas, sorprendiendo por el garbo de crianzas verdaderamente prolongadas. Espumosos todos en los que se refrenda el objetivo de la bodega de esculpir burbujas con mayor complejidad aromática y matices secundarios, y no sólo los primarios de la crianza.

El Reserva de la Familia 2011 (50% Xarel-lo, 35% Macabeo y 15% Parellada) se ensambló con uvas de cuatro fincas diversas y envejeció por 48 meses, entregando un “brut nature” de corte más vinoso, denso, muy estructurado, envolvente, con volumen y marcadamente persistente. Sus tonos melosos, con anises y delicado tostado que desembocan en boca en un final cítrico y con buena acidez.

40% Xarel-lo, 25% Macabeo, 20% Chardonnay y 15% Parellada construyeron el Gran Juvé & Camps 2008, un “brut nature” soberbio con 74 meses de crianza, aún con excelente acidez, aunque con menor densidad y largura en boca. Abundancia de frutos secos como albaricoque se conjugaron con setas y unos tonos melosos más evidentes en este cava con un mayor umbral de dulzor.

El Gran Juvé La Capella procede de un viñedo de Xarel-lo plantado en 1982, con suelo arcilloso calcáreo bastante superficial y pobre en materia orgánica. Su añada 2005 expuso a este “brut nature” a 120 meses de crianza, que entregaron un vino equilibrado, redondo y salino, donde se destacaron los tonos de almendra, miel, bollería, delicados toffees y notables cítricos, un conjunto definido por su persistencia. Su contraparte de 2006 se crió a lo largo de 108 meses y, a pesar de ser más joven, reveló algunas notas de oxidación en boca, aunque en nariz prevalecieron las notas frescas y melosas.

Un gran ejercicio que no defraudó.