Herencia Espresso Bar en Miramar Por Rosa María González Lamas el

Como el alambique donde se hace el pitorro en la montaña, se revela en la retaguardia un comedor escondido con aire de casa de campo, sillas con asiento de paja, paredes de madera y un matiz rústico que se plasma también en la mesa, como un sortilegio de sabores genuinos.

Lo singular de esta “casa de campo” es que está en el corazón de Miramar donde la bienvenida, como se hace tierra adentro, se da con un café puertorriqueño gustoso, que es la base de Herencia Espresso Bar. Este es el primer espresso bar de dicha comunidad, que celebra la herencia puertorriqueña con platos y cócteles creados por el chef Ángel del Valle y su socio Yamil Pomales.

Un siglo atrás estaba en el mismo sitio Eureka!, nombre curioso para un hotel de dimensiones enormes para un barrio pequeño. Reemplazado hoy por el hotel Miramar, es en éste donde ubica Herencia, con una antesala de cafetería, donde se hallan mesitas para disfrutar de algún refrigerio o un abanico de formatos para el café premium Gustos, sin prisas, o con ellas, pero siempre con el ojo puesto en lo que pasa en la calle, que se puede ver a través de un enorme ventanal. Una tradición que no ha cambiado en siglos, la del café en la mesa puertorriqueña, en cualquier momento del día.

El café puede ser tanto el único protagonista, como también el inicio y el fin de una experiencia culinaria que no persigue ser pretenciosa, sino auténtica, rebuscando en el recetario de las madres y las abuelas un menú capaz de plantearse en clave contemporánea, pero con un sabor genuino y tradicional.

Éste se sirve en la parte posterior de Herencia, un comedor de dimensiones más bien pequeñas que se abre con ventanales panorámicos, uno hacia el interior del hotel, y otro hacia una pared de hiedra. Allí desfilan propuestas como unas exquisitas empanadillas de conejo, almojábanas con coco coronadas con un delicioso guiso de bacalao con un tono dulce y una revelación final de culantro, un chillo frito con salsa criolla con un rico punto dulce, hummus de gandules, o una suculenta cazuela de arroz con guinea y camarones, todas con un indiscutible sazón criollo, y una base de ingredientes que potencian la despensa nacional y sus orígenes, a través de los cuatro puntos cardinales.

Natural de Manatí, Ángel del Valle estudió en The Culinary Institute of America en Nueva York, y cuenta con una vasta experiencia laboral en varios de los más importantes puntos de sabor de la zona metropolitana de San Juan. Pero sus orígenes están en el Barrio Tierra Nueva en Manatí, donde con su abuela y bisabuela aprendió a comer conejo, frituras que aún recuerda y son fuente de inspiración para Herencia. Le gusta el ají dulce, el culantro, el cilantrillo y los sofritos, el café y otros ingredientes criollos, que llegan muchas veces desde Barranquitas, Lares, Juncos, Yauco, y en otras ocasiones los adquiere de agricultores que los mercadean en la Placita de Plaza, o busca él mismo por los senderos de Manatí. De su pueblo natal pretende replicar una típica empanadilla gigante rellena, casi símbolo del sabor municipal, para integrarla al menú de Herencia. Carne de res empanada, churrasco con chimichurri de tomate, o mofongo son otros de los muchos platos especiales para el almuerzo.

Esa apuesta por la proximidad también se integra en la oferta coctelera, a cargo de Yamil Pomales, con tragos como el de la casa, sangría de mangó elaborada con vino blanco, ron, mangó y menta; el Mulato, confeccionado con ron Barrilito y un contraste en blanco y negro de café espresso y crema de coco; o el Herencia Mule, con ron Barrilito, limón y maví, una bebida fermentada y autóctona que cobrará relevancia en el menú líquido por la predilección que la abuela del cocinero sentía por ella.

En un marco donde abundan las antiguas fotos del área en blanco y negro, Herencia sirve desayuno, almuerzo y cena, y, a partir de esta Navidad, estrena también brunch los domingos. Hay además una oferta de emparedados, que se designan con nombres que rinden homenaje a lugares emblemáticos de la zona, como el San Gerónimo o el Dos Hermanos, una versión criolla del Reuben sándwich con corned beef, plátano maduro y mostaza de mangó. Los martes hay especial de tacos, con los “Taco Tuesdays”.

El espacio, situado entre la Capilla Gótica Nuestra Señora de Lourdes y el Departamento de Justicia, ubica en los bajos del hotel Miramar en el #606 de la Avenida Ponce de León y abre siete días a la semana. Dispone de “valet parking” y en las noches tiene disponible como apoyo el estacionamiento del Departamento de Justicia. La última copa, se sirve en taza.