Me sabe a Navidad Por Paul E. González Mangual el

En el medio ambiente ya se sienten los bríos de felicidad, el friíto que caracteriza la época del invierno caribeño y el espíritu navideño se comienza a apoderar de nuestros corazones. Poco a poco, vamos adornando nuestros hogares y lugares de trabajo, y poniendo nuestras finanzas al día para comprar los regalos de familiares y amigos.

No hay duda alguna de que nuestra isla caribeña es un lugar muy especial, ya que la celebración de Navidad más larga del mundo se hace aquí. Esta comienza el día después de Acción de Gracias y termina a mediados de enero con las Fiestas de la Calle de San Sebastián. Además de celebrar el natalicio del niñito Jesús, durante la época hay un sinfín de otras celebraciones como las Misas de Aguinaldos, Nochebuena, Despedida de Año, Año Nuevo, Día de Reyes y las Octavitas. Hay que aceptarlo, nosotros los boricuas somos fiesteros de pura cepa.

Entre fiesta y fiesta, hay una tradición que se mantiene constante desde los comienzos de nuestra cultura puertorriqueña, la comida. En la época navideña los alimentos que ingerimos se transforman del típico arroz y habichuelas con biftec a arroz con gandules, lechón asado, pasteles, morcillas y la ensalada de coditos. Claro está, no nos podemos olvidar de terminar una gran cena sin el dulce sabor de un tembleque o arroz con dulce hecho con la receta de la abuela. Para cerrar con broche de oro, tenemos que darnos un traguito de coquito o ron cañita que lleva añejándose todo el año.

Ser puertorriqueño durante la época navideña es una de las más grandes bendiciones que nos ha podido dar la vida. No existe un mejor sentido patrio que el rodearse de nuestros seres queridos a compartir una típica cena navideña y celebrar entre historias y algarabía las Navidades más largas del mundo.