Fine Wine Celebration Por Rosa María González Lamas el

Después de muchos años viendo el Plaza Cellars Fine Wine Celebration desde el lado de la bodega, esta más reciente edición la disfruté desde la perspectiva del catador.

Para quienes no están familiarizados con el evento, por largo tiempo Fine Wine ha sido considerado el culmen de los “Grand Tastings” en la isla, un espacio que congrega decenas de bodegas de vino de Viejo y Nuevo Mundo, además de productores de licores, destilados y hasta tés, que aprovechan la ocasión para presentar nuevas añadas, así como botellas exclusivas de producción limitada o incluso nuevas etiquetas que se estrenan en el mercado. Cientos de vinos están disponibles para cata, lo que hace de este encuentro una cita muy apetecible para los enófilos apasionados.

Es imposible probar todos los vinos disponibles, con lo cual me enfoqué en vinos que conocía, en novedades y, por supuesto, también en algunos que me gustan mucho. Todo esto alcanzó 59 etiquetas catadas, porque yo soy de las que en estos eventos escupe y bebe mucha agua para que no se me suba el alcohol a la cabeza. Esto me permite probar más cosas.

Comencé por los blancos y espumosos. En materia de burbujas me quedé con el Bollinger Rosé, muy complejo y estructurado en nariz y boca, a la par que muy fino por su equilibrio y burbuja delicada. Deliciosa efervescencia muy a tono con el estreno de Spectre, pues Bollinger es el champán francés de James Bond. Junto con éste me gustó mucho también el Premium Cuvée de Marqués de Monistrol, un cava español con buen volumen en boca, burbuja fina y muy refrescante que pronto llegará a la isla.

Entre blancos escojo varios. Mi favorito fue el delicioso albariño Pazo de Barrantes, con recuerdos balsámicos y cítricos en nariz y una boca fresca y envolvente. Además de éste me gusto un vino de parcela de la bodega californiana Ramey, su Chardonnay Ritchie Vineyard que refleja bien en copa su suelo de ceniza volcánica y tiza, complejo, con recuerdos a piedra y ahumados, muy elegante. También me agradó el Fumé Blanc de Grigch Hills, de Napa Valley y, por no dejar fuera a Borgoña, de ahí me quedé con dos blancos de la casa Louis Latour, su Corton Charlemagne Grand Cru 2010 y su Mersault Château Blagny, que me cautivó por una nariz intensamente perfumada a jazmín y una boca chispeante y envolvente.

A los rosados no llegué, aunque estoy segura que quienes probaron las etiquetas de la bodega francesa Château D’Esclans no quedaron defraudados.

Más complicado fue escoger entre los tintos, precisamente por ser muchos más. Destaco dos descubrimientos. El primero, Clunia, un tempranillo con indicación VT Castilla y León, con cepas plantadas a gran altitud y que entrega un vino excelente, afrutado, muy equilibrado y pulido. El segundo Hypothesis, un Cabernet Sauvignon de Napa Valley con muchos recuerdos frutales, tanto a bayas rojas como a melocotón en compota. Delicioso.

Otros vinos que me gustaron mucho fueron el Corimbo I y el elegante y opulento Reserva Especial de Bodegas Arzuaga Navarro, ambos de la Ribera del Duero. También el riojano Dalmau, un vino de onda más moderna de Bodegas Marqués de Murrieta, y el toscano Poggio Alle Mura Brun, de Bodegas Banfi, exuberante en nariz.

Estos vinos pueden conseguirse en Plaza Cellars o en locales como The House o La Boutique du Vin.

¡Salud!