Me sabe a tripleta Por Paul E. González Mangual el

Cuando suenan las campanas de la media noche y el hambre llega a nuestro ser, sólo hay un lugar que visitar para dormir con la barriga contenta: una guagüita de tripletas. En algún momento de su vida, cada uno de nosotros ha tenido la dicha de deleitarse y jartarse en una guagüita con este emparedado de gloria.

El sándwich perfecto

Este bocadillo oriundo del Caribe tiene poderes y beneficios sobrenaturales. Se dice que su receta contiene todos los elementos necesarios -dulce, salado, grasa, vegetales, textura- para convertir esas escapaditas nocturnas en experiencias memorables. Estos están compuestos de carnes como el churrasco y el pollo, ensalada, mayonesa, kétchup, queso, papitas de hot dog y pan dulce recién horneado. Este sándwich casi perfecto tiene todos los elementos para revivir muertos, bajar notas y satisfacer los ‘munchies’ de medianoche.

Nace una institución gastronómica

Este culto entre pan y carne lo comenzaron dos amigos de la infancia -José M. Nogueras y Francisco J. Rivera- que compartían el mismo sueño de emprender un negocio de comida luego de graduarse de la universidad. Así que, luego de contemplar ideas, el 5 de febrero de 1998 nace El Churrasco Deli Inc. alias ‘El Churry’. Con su empresa, y un sándwich único, estos jóvenes lo que pretendían era llenar la latente necesidad de un servicio de comida nocturno el cual nadie estaba atendiendo. Así que, con un presupuesto limitado y sin historial de crédito montaron frente a la Universidad Interamericana en Cupey, su primera cantina rodante que dio inicio a una revolución gastronómica en nuestra isla.

Hoy, 17 años desde sus humildes comienzos, El Churry cuenta con cuatro guagüitas estratégicamente localizadas por toda el área metropolitana y un restaurante que funciona como base de comando para hornear el pan y suplir a las guagüitas. Muchos han tratado de copiar su éxito, pero la pasión de estos jóvenes emprendedores no se compara y los mantiene sólidos como líderes en este mercado.

Ya es tradición que después de cada salida con amigos, hay que hacer una parada nocturna en alguna de las localizaciones de El Churry y cerrar la noche con broche de oro. Para uno poder decir que es puertorriqueño de pura cepa, tiene que por obligación haberse comido un Churry aunque sea una vez en la vida.

***Nota: El autor es un joven aguadillano de 28 años, adicto al café y socio de PR Gourmet Products (distribuidores de productos gourmet hechos en Puerto Rico). Consíguelo en Facebook o en Twitter @paulegonzalez.