Carta de una mesera Por Beatriz Villanueva el

Querido cliente:

 

Todos los días, cuando me dirijo a mi trabajo, voy pensando cómo comenzará mi jornada.  Imagino  a todas las personas nuevas o conocidas que atenderé. Pienso en cómo puedo complacer a mi cliente en su visita; si lograré deleitarlos de manera adecuada para poder recibir mi propina.

Mi querido cliente, antes de que usted llegue a cenar y a pasar un buen rato, nosotros debemos hacer un listado de tareas para lograr que su visita sea única y especial. Con mucho respeto, quisiera mencionarle algunas de estas: limpiar las mesas, los baños y alrededores, alinear las sillas, realizar el montaje de mesas (de ser necesario), revisar que todos los platos estén disponibles, prepararme física y mentalmente para lidiar con diferentes gustos y personalidades, preguntar cuál será la sección de que estaré atendiendo, revisar el especial del día, entre otros.

Ser mesero(a) es un trabajo duro y complicado, porque cargamos con la responsabilidad de ofrecerle un excelente servicio al cliente.  Pero sobre todo, lograr hacer ese clic con usted y tener la empatía suficiente para complacer sus gustos. Con mucha humildad, le recuerdo que no es solamente a usted a quien estaré atendiendo, también debo estar pendiente de cinco o seis mesas más con diferentes seres humanos con exigencias distintas.

Por tal razón, le pido -si no es mucha molestia-, que cuando me equivoque en algún detalle, usted comprenda que también soy un ser humano y me permita enmendar mi error. Quizás dejé un cubierto o le entregué la bebida incorrecta o dejé las botellas de salsa. Son errores que se pueden corregir. Usted está en toda la potestad de hacer una crítica constructiva, que me permitirá crecer como empleado y mejorar mis habilidades. No exponga mi trabajo o mi propina por situaciones que pueden ser enmendadas. No le pido que justifique un mal servicio, pero sí que sea parte del cambio en Puerto Rico;  que se convierta en una de esas personas líderes que fomentan las críticas para crear soluciones.

Para mí es un placer servir y dar mi máximo cada día, sentir la satisfacción de los clientes cuando salen contentos y regresan solo porque el servicio que recibió fue el mejor.  Eso sí es un logro.

Con mucho orgullo, puedo decir que este trabajo es un empleo muy respetable y honesto.  Representa una parte importante en los restaurantes.

Querido cliente, espero no haberle ofendido con ninguna de estas palabras.

 

Con Amor – alguien que una vez también fue mesera

***Nota: La autora es fiel creyente de que el servicio es lo más importante dentro de la experiencia culinaria. Es asesora de restaurantes, con especialidad en educación y servicio. Puedes contactarla a [email protected]