Vale la pena esperar en Nam Pla Por Tatiana Hernández el

Hace unos cuantos días leí uno de esos post que tienen una imagen genérica y una cita de alguien que probablemente no conocemos. Un tal Paul Prudhomme (chef norteamericano) dijo: “You don’t need a silver fork to eat good food”. En buen arroz con habichuelas: ‘no necesitas un tenedor de plata para comer buena comida’.

Estoy de acuerdo, pues muchos de los mejores bocados que he comido, me los he disfrutado comiendo con las manos y provienen de lugares muy lejos de lo que se cataloga como un fine dining.

En esta ocasión, visité a Nam Pla Street Food Co., en la avenida Roosevelt. Más de dos personas me lo recomendaron y tienen muy buena reputación como foodies. Me dijeron que la comida era maravillosa y para ser honesta, la primera vez que fui, como la espera era de una hora, decidí no comer allí.

Como buena foodie, tengo un listado de reglas -de estas que nunca he puesto por escrito pero siempre tengo en mente. Una de ellas es que cuando voy a comer, es porque tengo hambre ahora y, AHORA es justamente cuando quiero mi comida.

Como son tan populares y ya me habían advertido del tiempo de espera, decidí visitarlos en un horario en el que no había rush. Confieso que llegué con hambre, como es de costumbre, pero preparada mentalmente para no desesperarme. En otras palabras, estaba dispuesta a romper mi regla.

En el tablón del menú decía: “domplines de cordero, rúcula y mangó del país con alioli de sriracha”. Me pareció fantástico y las ordené. Para mi sorpresa, la espera fue muy corta y los cuatro dumplings sabían maravillosos.

El chef me explicó que los hacen al momento; que la carne de cordero, la molió a eso de las 9a.m. y los ingredientes frescos vienen de El Departamento de la Comida (explicaré su concepto en otra ocasión).

También, ordené el “arroz frito malai con pernil, vegetales y huevo ‘a caballo’. Como andaba acompañada, ordené además el “Pad Thai de churrasco”. Ambos estaban sabrosos y comprendí por qué la gente está hablando tanto de este food truck.

La recompensa por la espera es grata, tanto así que pedí una segunda orden de los domplines, pues el menú varía constantemente y no podía perder esa sabrosa oportunidad.

Eran mágicos. Vete, pruébalos, cuéntame, pero sobre todo ve con paciencia, pues todo te lo preparan al momento con ingredientes frescos.

**Aquí no se cuentan calorías. En Ñom Ñom, solo cuenta el sabor que encontramos en esos espacios pequeños, en ocasiones desconocidos, pero que enamoran por su atmósfera e inconfundible sabor. Llámenle fonda, chinchorro, kiosko, guagüita, cafetería o como quieran, la autora -amante de las carnes rojas y el pan- los encontrará para compartir su fascinación por estos tesoros culinarios, donde a veces no hay ni dónde sentarse. Comunícate en Twitter: @aboutaplate o en Instagram (@aboutaplate). Recuerda usar el hashtag #ÑomÑomPR.