Me sabe a piragua Por Paul E. González Mangual el

Cuando el calor arropa nuestros días, buscamos todas las alternativas posibles para refrescar los cuerpos y bajar los niveles de calor hasta conseguir la saciedad. Aunque podemos tomar agua, cerveza o limonada, sin duda alguna, el mejor remedio es una bebida cuyos dos ingredientes principales son el hielo y algún sirope de frutas tropicales.

A esta deliciosa y refrescante bebida -que tradicionalmente se ha disfrutado desde principios del pasado siglo- se le conoce como piragua. En algunos países latinoamericanos, su nombre se refiere a un tipo de bote, pero en nuestra Isla del Encanto, resulta de la combinación de las palabras pirámide y agua, por su forma nativa de servirse, que es en forma de pirámide.

Una tradición tropical

Tradicionalmente, para poder deleitarse con este típico antojito congelado, tenemos que visitar las plazas públicas, los parques pasivos, balnearios, fiestas de pueblo o lugares turísticos de la isla. Una vez allí, es fácil distinguir al vendedor de piraguas, ya que tienden a utilizar unos carritos muy coloridos, hechos de madera, cubiertos por una sombrilla y con ruedas para ser transportados a pie por el maestro piragüero. Dentro del carrito, vamos a encontrar los cinco elementos básicos para elaborar esta autóctona bebida: un bloque de hielo gigante, el raspador del hielo o cepillo, un molde en forma de pirámide, siropes con sabores de frutas tropicales y los icónicos vasitos de papel en forma de cono.

Cada piragua es una experiencia personalizada, ya que puedes seleccionar entre una variedad enorme de siropes de frutas -que pueden usar solos o combinarlos-, como: china, anís, coco, crema, frambuesa, limón, melao, melón, parcha, piña, tamarindo, mantecado y uva, entre otros. Una vez escogido el sabor de nuestra predilección u combinación de ellos, el piragüero raspa el hielo, lo echa en el vaso, le da forma al hielo con un molde que tiene forma de cono o pirámide, cubre el hielo con el sirope de fruta elegido y termina su obra maestra insertándole un sorbetito. Ya con vaso en mano, podemos comenzar a disfrutar de un pedacito de nuestra cultura gastronómica.

La vida es dulce y colorida

Aunque no existe una forma delineada para tomarse la piragua, la más idónea de disfrutarla es comiéndola directamente del vasito de mordisco en mordisco, sin cucharas. Una vez el hielo se derrite entonces procedemos a la segunda fase de chupársela por el sorbeto, hasta que no quede ni una sola gota en el conito. La vida no puede ser más dulce y perfecta.

Esta bebida ha calado tan profundo en nuestra cultura caribeña que incluso se puede conseguir fácilmente en varios estados de los Estados Unidos de Norteamérica, donde hay una gran concentración de boricuas. Asimismo, cabe mencionar que en su honor, el municipio de Coamo erigió el “Monumento  a La  Piragüa” situado en la Plaza Pública Luis Muñoz Rivera.

La identidad de un pueblo puede ser divisada en sus costumbres y tradiciones, y sin duda alguna, nuestra idiosincrasia puertorriqueña se puede apreciar claramente a través de esta bebida helada, deliciosa y estoy seguro que parte de nuestra sangre tiene el dulzón de su sirope.

***Nota: El autor es un joven aguadillano de 28 años, adicto al café y socio de PR Gourmet Products (distribuidores de productos gourmet hechos en Puerto Rico). Consíguelo en Facebook o en Twitter @paulegonzalez.