Summer Zest Por Rosa María González Lamas el

Casi a la vera de la playa del Alambique en Isla Verde está el Water Club Hotel y su restaurante Zest, donde los amigos de Diageo y La Bodega de Méndez nos invitaron a ponerle un poco de “zest” a una de esas calurosas tardes de verano descubriendo algunas de las nuevas propuestas que conformarán la carta de cócteles del restaurante esta temporada.

La verdad es que el entorno marca mucho la línea de un trago y muestra de ello fueron las tres propuestas con las que nos refrescamos una de esas tardes estivales, reflejo del estilo casual, pero chic, del restaurante, que se vio bien replicado en las creaciones del joven y talentoso mixólogo Iván Reyes, quien impartió una pizca de sofisticación y también técnica a tragos bien refrescantes y con armoniosos contrastes, que también fueron armonizados con los sabores del talentoso Raúl Correa, chef ejecutivo de Zest.

Una de las tendencias que en el último par de años han venido viéndose en bebidas y gastronomía es un regreso a lo de antes, algo que en el mundo de la coctelería ha representado el renacimiento de bebidas como el vermut o los vinos de Jerez, y también tragos bien clásicos, reinterpretados con alguna pizca de modernidad. Ésa fue precisamente parte de la inspiración de Reyes, quien rebuscó en el legado de la piña colada para confeccionar Legacía, una versión siglo XXI de la piña colada, elaborada con Ron Zacapa 23 y Cherry Coconut Vodka, y consistente en una especie de deconstrucción, con espuma de piña y una esfera helada de coco.

A pesar de la atractiva estética de la piña colada, yo me decanté por tragos más ligeros del que mi predilecto fue un Berry Smash, otro trago de inspiración vintage que destacó por el proporcionado contraste de sus distintos ingredientes, hilvanados por una base de whisky Johnnie Walker Black y frutas de baya rojas de dulzor constrastado con la acidez de la lima verde, y decorado con una raja de canela quemada, aportando deliciosos tonos y especiados. Como soy fan de los gin tonics, también me encantó un Tanqueray Ten Grapefruit Tonic, con sirope de jugo de toronja con albahaca y granada.

Los cócteles fueron concebidos para armonizar el menú del restaurante, del cual el chef Correa regaló varias ricas muestras en miniatura, en las que se destacó el empleo creativo y a veces gustosamente arriesgado de algunos ingredientes y recetas criollas, un manejo exquisito y diverso de una sólida base de nuestra cocina tradicional. En particular nos cautivaron unos originales bocaditos de pulpo con morcilla y puré de habichuelas negras, una fusión de mar y tierra con un seductor toque ahumado de la plancha que fue muy bien con los cócteles. Correa sirvió también unas croquetas de fricasé de pollo, unos sencillos montaditos de lomo de cerdo con salsa de guayaba servidos sobre tostones de plátano, unos ñoquis de yuca y queso ricotta servidos con crema de calabaza y crujiente de parmesano, un más neutral ceviche de vieira con tomates y chip de plátano, y para culminar la experiencia degustativa, unas verdaderamente pecaminosas mini donitas de calabaza. Y con la calabaza les dejo el reto de integrar muchísimos más de nuestros ingredientes agrícolas en la coctelería de alto nivel.

Chin chin.

***La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente, así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.com, www.foodsfromspain.com y Magacín.