Just-in time Por Rosa María González Lamas el

Por mucho tiempo, la California vinícola se identificó con los valles de Napa y Sonoma, pero afortunadamente para los consumidores, poco a poco han ido consolidándose nuevas AVAs, es decir, American Viticultural Areas, que han servido para ofrecer un panorama más abarcador del vino californiano.

Una de las zonas que ha ido poco a poco ganando peso en California es Paso Robles. Ubicada entre San Francisco y Los Angeles, Paso Robles es una de las zonas vitivinícolas más al sur del Central Coast californiano, una franja considerada la mejor zona para cultivar uva y elaborar vino en California. A esta aptitud contribuyen los grandes contrastes de temperatura entre día y noche, que ayudan a la maduración de las uvas; la proximidad al Oceáno Pacífico, que otorga un clima benévolo de aire fresco; colinas de diferentes altitudes; y unos suelos calizos para crear vinos con personalidad.

 

 

Esos ingredientes que hacían a ese territorio muy propicio para el cultivo de uva fue algo que Justin Baldwin pudo prever cuando a inicios de la década de los ochenta adquirió terreno en una zona entonces poblada de robledales, y plantó viña de forma muy planificada en 1982, dando luego paso a lo que sería Justin Vineyards and Winery, un proyecto de bodega que pronto empezó a crecer, impulsando en ese crecimiento a toda la comunidad de Paso Robles, una en la que entonces escaseaba la viña a pesar de haberse cultivado uva en la época colonial.

Hoy propiedad de Fiji Water, Justin, la bodega, se desarrolló con una filosofía muy francesa, la de elaborar vinos a la usanza de Burdeos, razón por la cual su imagen es la de un triángulo, que simboliza en cada punta la intensidad frutal, el alcohol y los taninos, todo en equilibrio, y también las variedades cabernet sauvignon, merlot y cabernet franc que dan forma a las mezclas de los vinos que se elaboran en esa célebra zona productora francesa.

Para reafianzar la presencia de Justin Vineyards and Winery en Puerto Rico, los amigos de La Cava de Serrallés tuvieron recientemente de invitado a Joe Spellman, una especialista de altísimo nivel, que representa a la bodega. Un líder entre los Master Sommeliers, Joe ya había venido a Puerto Rico hace algunos años a impartir cursos de la Corte, pero ésta fue la primera ocasión en que vino como representante de Justin.

Como un verdadero spell-man, Spellman fue un hombre que hechizó a la audiencia de degustadores que nos dimos cita en La Cava de Serrallés para una cata en la que hablaron muy bien tanto él, como los vinos de la bodega. Spellman, un profesional del vino con una dilatada experiencia en su educación y ventas a restaurantes y cuentas corporativas, explicó con sencillez y autoridad datos sobre el origen de la bodega con la que empezó a colaborar en 2007, el territorio de Paso Robles, la filosofía biodinámica de la bodega, cómo emplean búhos para controlar las plagas en el viñedo, y, por supuesto, cada uno de los cinco vinos catados.

Spellman presentó dos blancos y tres tintos. Del primer grupo, en el que Justin busca frescura, chispa y finura, un Sauvignon Blanc, joven que se fermenta en depósito de acero y no realiza maloláctica a fin de preservar acidez y frescura, y que, en lugar de ser explosivo en aromas a hierbas y frutas tropicales como algunos otros vinos de esta cepa, se inclina por la línea de la piedra mojada, los cítricos más contenidos, el melón, el humo que casi raya en tonos de nuez. Aunque no es denso, sí es envolvente y tiene buena estructura en boca, donde es persistente, y sostiene sus tonos cítricos con el punto amargo de la toronja. Este blanco, que armoniza muy bien con frutos de mar crudos, es un best buy por menos de $ 20.

En clave blanca también un Chardonnay, también cosecha 2013, que sí tiene fermentación y crianza en barrica, lo que hace que estalle en aromas de vainillas y melón, y luego revele tonos tostados y a mantequilla pero sin ser excesivamente pesado o cremoso en boca. El vino choca con el cielo del paladar y se sostiene, derramándose luego por la boca como lágrimas por una copa de vino. Idóneo para pescados más cocidos, también es otro best buy por alrededor de $ 20.

Spellman explicó que la bodega ha ido incrementando su producción de blancos de sauvignon blanc y reduciendo los de chardonnay, no sólo para ir más en línea con su filosofía bodelesa, ya que la sauvignon blanc es la variedad blanca por excelencia en Burdeos, sino también porque el mercado demanda más vinos de sauvignon blanc, lo que también coincide con el hecho de que al no tener contacto con la madera durante su elaboración, la producción de estos vinos de sauvignon blanc resulte más económica.

La uva cabernet sauvignon da paso a la etapa tinta de Justin, con tres etiquetas, elegantes y afrutadas, una con esta variedad en solitario y otras dos, en mezcla de uvas, como es la línea en Burdeos. Spellman explicó que la cabernet sauvignon ha ido aumentando su presencia en Paso Robles, una región donde curiosamente el 16% de las variedades plantadas son uvas del Ródano francés, el Douro portugués, o España, como es el caso de la tempranillo.

El Justin Cabernet Sauvignon, también de la cosecha 2013, se destacó en nariz por sus intensas notas a fruta de baya oscura y muy madura, casi mermelada de cassis, higos frescos, flores rojas, canelas, sotobosque y mentolados como el laurel, y en boca por sus tostados y jugosa fruta que termina persistente. El Justin Justification, de la cosecha 2012, ensambla merlot y cabernet franc, una variedad de uva de la que ya hemos hablado en Divinísimo. Éste es un vino mucho más equilibrado y fino en nariz, con matices a grosella y la boca algo tostada, con una sazón de pimienta. Si el Cabernet Sauvignon se envejece en barricas de roble americano, que aportan tonos dulzones, el Justification lo hace en roble francés.

El más cautivador de todos los tintos fue, sin duda, el Justin Isosceles, como el triángulo, que fusiona merlot, cabernet sauvignon y cabernet franc, y es muchísimo más elegante con una nariz bellísima, fina, afrutada y floral, cuya cosecha 2012 trajo también matices a ciruela, cedro, abundante pimienta y un punto de verdor que en boca se resumen como un vino envolvente y mucho más integrado, gracias al mayor tiempo que pasa en barrica.

El conjunto fue sobresaliente y puede obtenerse en La Cava de Serrallés.

***La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente, así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor enwww.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.