Ocho vinos y un aceite Por Rosa María González Lamas el

Entre la última vez que estuve con mi amigo Javier Rodríguez y el re-encuentro que hemos tenido recientemente ha transcurrido todo un océano y el super éxito de “Ocho Apellidos Vascos”, un filme en extremo exitoso por contar con muy buenas actuaciones, un guión fácil de entender y un lenguaje cinematográfico con el que mucha gente distinta se puede identificar.

Es un poco lo que le pasa a los vinos que Javier elabora en el grupo español Valsanzo, un proyecto de familia, como los apellidos vascos, que tiene presencia en varias regiones de España, ocho de cuyas botellas, tantas como los apellidos, estuvo presentándonos con minucia durante su visita a nuestra Isla.

Con Javier me une una larga amistad. A pesar de ella, fue sólo el pasado año que tuve por primera vez la ocasión de ir a recorrer con él algunos de sus proyectos de vino en Castilla-León, una jornada en que visitamos sus proyectos de blancos en Rueda y tintos en Toro, además de sentarnos con calma a disfrutar de una suculenta comida mientras catábamos otras tantas etiquetas tintas de Rioja, el Bierzo y las tierras castellanas,

Entre las que no probamos aquel día, las que degustamos en esta reciente visita a Puerto Rico, donde me convidó a mí y a otra colega periodista a La Boutique du Vin, para descubrir el mismo número de botellas de vino que de apellidos vascos, ocho, gran parte de las cuales aún no tenían presencia en la Isla.

Para ponernos en contexto, les diré que el conjunto de vinos que Javier y su grupo elabora en varias denominaciones de origen españolas tiene por objetivo ser muy buenos vinos, a muy buen precio y con personalidad de su origen y su elaborador. Esto es así porque Javier, quien viene de una familia vinculada al vino y las uvas, ha sabido consolidar al grupo Rodríguez Sanzo con una estructura empresarial con gran eficiencia operativa, ya que, salvo en Rioja, donde tienen bodega propia, el resto de los vinos los elabora en bodegas de terceros, lo que ayuda a abaratar costos manteniendo una alta calidad, pues Javier recorre muchos miles de kilómetros al año para poder vigilar personalmente todas las elaboraciones y las viñas de donde surten sus uvas.

Durante su visita, catamos siete tintos y un blanco. Este último María Sanzo 2014, un 100% albariño de Rías Baixas que yo no había probado aunque del que sí tenía referencias. Con este vino Javier busca no un vino profuso en aromas tropicales, como sucede con muchos albariños de la zona con mayor intervención en la elaboración, sino más bien un blanco más puro y espejo del clima y el suelo calizo de una ubicación específica, que confiere al vino matices aromáticos más contenidos en la línea de manzana verde, mentolados y talcos minerales, que luego se abren a tonos muy florales a rosa, y en boca pasa de una estructura bastante fina y ligera, a otra más envolvente en el paladar, aunque siempre con elegancia.

Y es que Javier agrupa sus vinos entre los de terruño, es decir, aquellos en que uva y suelo son todo y el enólogo lo que hace es ayudar a que se expresen; los de enología, que son aquéllos en que el elaborador busca crear cosas diferentes; y los que combinan ambos conceptos, es decir, que origen y uva prevalecen pero a veces el enólogo les echa una mano para sacar de ellos cosas muy particulares. Entre los siete tintos —cinco de Rioja, uno de Ribera del Duero y otro del Priorato—  hay de los tres tipos anteriores.

En Rioja el grupo surte sus uvas de la subzona de la Rioja Baja, donde hay muy buenas garnachas, una uva muy de moda. Es la uva protagonista en Lacrimus Rex, un vino singular que toma su nombre de una zona donde había dinosaurios y cuya cosecha 2011 destaca por una nariz de intensa fruta de baya, tonos balsámicos a laurel y eucalipto, comino y vainilla, en una boca untuosa, con buena estructura y muy afrutada, a un excelente precio de menos de $ 20. Las garnachas viejas que se usan en este vino se mezclan con un ¼ parte de graciano, otra de las uvas importantes en Rioja, que aporta acidez, contribuyendo a su estructura y longevidad.

La graciano es también uva presente en otras etiquetas como el Lacrimus Apasionado, otra novedad y un vino más enológico y complejo que destaca también por sus abundantes aromas a fruta, de moras a ciruela madura, notas especiadas, balsámicas y florales, con una boca muy afrutada, golosa y persistente. Excelente opción también para quienes quienes buscan vinos “fruit forward”. Más tradicionales el Lacrimus Reserva 2007, más en la línea de los clásicos riojanos de larga crianza con tonos ahumados y animales, y el La Senoba 2011, el más top de los riojanos, un dechado de elegancia que combina tempranillos y gracianos que dejan aromas a violetas, a grafito y a café tostado, y tiene una boca con estructura y potencia, pero también finura.

Además del albariño, otra novedad que trajo Javier fueron los nuevos Selección de Familia, un concepto que se funda en la selección de parcelas, es decir, espacios concretos cuya singularidad es tal que prevalecen por encima de variedades. De este concepto presentó el Lacrimus Selección de Familia 2011, de Rioja, un vino también con muchos recuerdos a mora y ciruela, y alguna especia, y el Vallsanzo Selección de Familia 2011 de la Ribera del Duero, mi favorito, un vino con más estructura y potencia, con base de tempranillo y algo de cabernet sauvignon. En el vino hay matices a cereza, vainilla, torrefactos, enebro, canela y flores y tiene una boca bastante pulida.

Para cerrar el círculo tinto, catamos un Priorato muy Priorato, el Nassos, cuya cosecha 2012 mostró recuerdos aromáticos a grafito y florales a violeta, típicos de la comarca, con moras, café y orégano, también en una boca pulida. Un vino que se elabora a partir de garnacha.

Aunque en España las bodegas no tenían una tradición de elaborar aceite de oliva tan sólida como en otros países productores de vino, como Italia, en los últimos tiempos se ve a cada vez más bodegas interesarse por el mundo olivarero. No es el caso de Javier, quien ya hace mucho elabora aceite en la Rioja, el Lacrimus, aunque ahora será la primera vez que estará disponible en Puerto Rico. Es un aceite a partir de aceituna arbequina, muy suave y con un agradable final picante.

Algunos de estos vinos están ya disponibles en Puerto Rico y el resto lo estará en breve. Los Lacrimus los distribuye Plaza Cellars y pueden conseguirse en La Boutique du Vin, y María Sanzo albariño, el Vallsanzo Ribera del Duero, La Senoba riojano y el Nassos del Priorat llegarán de la mano de Aficionado Wine & Spirits. Les aseguro que no les defraudarán.

***La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente, así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.com, www.foodsfromspain.com y Magacín.