Concursos de vino Por Rosa María González Lamas el

En estos pasados meses viví la experiencia de haber sido invitada a integrar los paneles de cata de dos eventos internacionales que seleccionan los más sobresalientes de un conjunto de vinos. Aunque ya había sido miembro de jurados de concursos gastronómicos, competencias de bartending y del panel de cata de la añorada revista De Vinos de El Nuevo Día, ésta fue la primera vez que me tocó puntuar vinos en un contexto internacional.

Les cuento la experiencia porque en su gestión de ventas muchas bodegas constantemente hacen alusión a las medallas y premios que han ganado sus vinos en certámenes por el mundo y me parece importante que el consumidor sepa cómo se desarrollan esas premiaciones, sobre todo cuando hay otro gran conjunto de bodegas que tiene por regla no presentar sus vinos a concursos.

El primero de los ejercicios fue para escoger los diez mejos vinos de Portugal, una aguardada selección que se enlaza con Essência Porto, el principal eventos de vinos de ese país. Yo siento debilidad especial por los vinos portugueses, que arrasan en los mercados internacionales y tienen muchas sinergías con los vinos de España, los top sellers en nuestro mercado.

Para este escogido de élite se seleccionaron 54 vinos que, a lo largo del año obtuvieron las mejores puntuaciones que la revista Wine-A Essência do Vinho otorga en sus evaluaciones mensuales, organizándose por blancos, tintos y fortificados. El panel lo integramos profesionales del sector vino de países como Brasil, Portugal, Francia, Polonia, España o Inglaterra, varios Masters of Wine incluidos, y esta catadora de Puerto Rico.

El majestuoso e histórico Salón Árabe del Palacio de la Bolsa de Oporto fue el incomparable escenario de cata, donde cada uno en su mesa de trabajo a lo largo de varias horas pasamos revista a ciegas por los vinos de la pre-selección, puntuando del 1 al 20 varios elementos como apariencia, aroma y gusto. Un ejercicio muy individual en el que trasfondos, experiencias y paladares diversos definieron las valoraciones que cada uno hizo y, en las que a juzgar por la selección final, hubo bastante consenso en los sobresalientes y premiados. Porque todos los vinos eran buenísimos.

El formato de cata individual sigue la línea que hacíamos en De Vinos, aunque, a diferencia de ésta, donde sí comentábamos en grupo algunas copas, en Portugal las votaciones eran decisiones enteramente personales y sin intervención de los otros catadores. Fue una cata que partió de una criba, en la que ya se había escogido los mejores y se buscaban los verdaderamente sobresalientes.

Formato enteramente diversos fue el de CINVE- Concurso Internacional de Vinos, Espirituosos, que celebró en Valladolid (España), su 11ma edición. Este concurso sigue los parámetros de la Organización Mundial de la Viña y el Vino y, contrario al Top 10 de Portugal, no viene precedido de una pre-selección, sino que se evalúan todas las botellas que someten las bodegas. Más de 700 etiquetas de vinos y destilados participaron en esta edición, procedentes de España, Portugal, Alemania, Francia, Túnez y varios países de América Latina. En este tipo de concurso los vinos acostumbran a someterse pagando una cuota de inscripción.

En su mayoría los jueces fueron profesionales del vino (importadores, enólogos, periodistas, sumilleres, vendedores, etc.), aunque también participaron algunos aficionados, como fue el caso de mi mesa, donde tuvimos a un médico.

En este concurso los paneles de jueces se manejan de forma muy diversa, pues lejos de ser decisiones individuales se intenta consensuar, para lo cual el grupo se subdivide en varios paneles de unos cinco integrantes cada uno, y asimismo van subdividiéndose los vinos que se catan, es decir, que no todo mundo cata las 700 vinos, sino que en promedio cada panel cata a ciegas unos 100-125 a lo largo de tres días, distribuidos según el estilo de un conjunto de etiquetas. Los jueces puntúan los vinos a base de un formato pre-establecido donde las puntuaciones surgen de los números permitidos por las fichas de cata, que pueden llegar a 100 puntos. Son unas valoraciones algo más rígidas que no permiten moverse en la línea de fracciones que quizás marca mejor las diferencias entre cada propuesta.

Los vinos se evalúan individualmente a ciegas, pero el objetivo es consensuar las puntuaciones por mesa, de modo que si algún juez ortoga puntuaciones que no están acorde con el conjunto, se discutirán y, en ocasiones, se pedirá que se revisen. La mayoría de las veces hay bastante concordancia, pero en ocasiones hay notables discrepancias, fruto, sin duda, del transfondo particular de cada quien. Al jurado de CINVE lo integraron representantes de España, Holanda, Túnez, Indonesia, Canadá y otros países como nuestra Isla, a la que representé.

Estos son dos formatos de evaluación, pues otros jueces que participaron en CINVE son también jurado en otros certámenes internacionales de vino. Me han comentado ellos que otros concursos siguen formatos diferentes, teniendo a veces que hacer descripciones detalladas de los vinos y re-catarlos para reconfirmar las valoraciones iniciales. E incluso ya hay certámenes en los que cualquiera ya puede registrarse como jurado, pagando cuotas de inscripción.

Ambas fueron buenas experiencias de aprendizaje.

 

***La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente, así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.