Me sabe a maví Por Paul E. González Mangual el

Hay ciertos elementos de la gastronomía de un país que definen sus costumbres y tradiciones. Nuestra isla, al estar bajo el tropicalísimo cielo caribeño, tiene un sinnúmero de bebidas que definen su cultura, pero ninguna ha transcendido el tiempo como el maví.

Este brebaje es elaborado artesanalmente con recetas que han pasado de generación en generación y de familia en familia. Es justamente en ese secreto culinario donde se reflejan la herencia taína, africana y española de nuestra cultura puertorriqueña.

De la raíz al vaso

El mauby -como se le conoce también- es una bebida fermentada que se forma hirviendo la corteza seca del árbol Colubrina elliptica (también conocido como el behuco indio), y se le añade azúcar, canela y otros ingredientes de origen afro-caribeño a la fórmula. Las recetas varían por región y por receta, se pueden contener una variedad diversa de especias y condimentos como clavos de olor, anís, jengibre, extracto de vainilla, amargo de angostura u otros sabores. Luego de preparar la mezcla y embotellarla, se enfría para aumentar sus cualidades refrescantes.

Dulce, amargo y refrescante…

Aunque su sabor es inicialmente dulce -muy parecido a la cerveza de raíz (‘root beer’)- algunas veces su sabor tiende a evolucionar a un retrogusto amargo pero no astringente. Lo que siempre está garantizado en cada sorbo, es que la bebida refleja la vida refrescante y tropical de nuestro paraíso caribeño.

Para muchos, el maví es un sabor adquirido en donde sus fanáticos comienzan a tomarlo a una temprana edad cuando son dados a probar por los abuelos o padres. Pero si no eres de esos que lo tomaron en la niñez, nunca es tarde para probarlo por primera vez. Al día de hoy, todavía podemos conseguir un vasito de jugo de maví en las plazas del mercado de muchos municipios, en mercadillos, ferias artesanales, fiestas de pueblo y hasta a orillas de la carretera.

Sin importar donde se adquiera, lo que sí podemos tener por seguro es que cuando se toma este elixir caribeño -ya sea la primera vez o no-, en cada trago se puede saborear la herencia culinaria de nuestros antepasados. Solo de pensarlo, se le hincha el corazón a cualquiera de la emoción de beber algo bien puertorriqueñísimo.

***Nota: El autor es un joven aguadillano de 28 años, adicto al café y socio de PR Gourmet Products (distribuidores de productos gourmet hechos en Puerto Rico). Consíguelo en Facebook o en Twitter @paulegonzalez.