Me sabe a limbers Por Paul E. González Mangual el

Todos tenemos memorias de cuando éramos niños y durante la hora del recreo en la escuela comprábamos en la tiendita de dulces unos jugos azucarados y congelados que saciaban nuestra sed. Al instante, no solo enfriaban nuestro cuerpo si no que toda nuestra boca se tornaba del color del jugo congelado que nos estábamos saboreando. Es imposible no sonreír de la emoción cuando nos comemos un limber.

De Lindbergh a Limber

A pesar de ser un típico deleite de nuestra cultura culinaria, sus orígenes son desconocidos por muchos. Fue para finales de los años 1920, cuando Charles Lindbergh -el primer hombre piloto que atravesó el Océano Atlántico sin escalas y solo- visitó nuestro nuestra isla, y sin él saberlo, le dio vida a un producto propio de nuestro país. Cuenta la leyenda que al bajar del avión la comitiva de recibimiento de Lindbergh le obsequió un jugo congelado que le gustó mucho. Cuando el piloto preguntó por el nombre, al no saber qué responder, decidieron bautizar la dulce bebida con el apellido del aviador. Ante la falta de conocimiento del lenguaje inglés, los boricuas de aquel entonces intentaban pronunciar su apellido y de ahí nace la palabra limber.

Una tradición sin límites

Por muchas décadas solo se conseguían en tiendas de dulces de la comunidad o personas que los hacían en sus casas y los vendían a vecinos y amigos. En el siglo XXI, esta industria toma un giro muy interesante cuando se comienza a comercializar en puntos no tradicionales. Liderados por la innovación de Limbers Tito, en el pueblo de Ponce, cuando este, buscando alternativas para hacer crecer el negocio familiar, coloca un congelador con puerta transparente en su propia gasolinera. El éxito obtenido en la tienda de conveniencia de la gasolinera desató la comercialización de los tradicionales limbers alrededor de la isla utilizando las gasolineras, colmados y farmacias como los puntos de ventas.

De coco, piña y frutas…

Hacer limbers no es una ciencia, y mucho menos al ser comparado con otro producto autóctono y refrescante como la piragua, pero tiene su truquito y sus recetas pueden variar dependiendo la persona que lo prepara. Entre los sabores que comúnmente encontramos están la fresa, uva, limón, parcha, tamarindo, mantecado, frutas y coco. Ya existen en la isla sobre 10 empresas que los producen masivamente y un sinfín que guardan la tradición como la tiendita de dulces de la comunidad.

Así que, ya sea para refrescarnos en un día caluroso, de antojito, merienda o para recordar momentos de la niñez, podemos decir con certeza que los limbers han representado por más de 85 años la verdadera tradición de la gastronomía puertorriqueña.

***Nota: El autor es un joven aguadillano de 28 años, adicto al café y socio de PR Gourmet Products (distribuidores de productos gourmet hechos en Puerto Rico). Consíguelo en Facebook o en Twitter @paulegonzalez.