Las nuevas cepas de Do Ferreiro Por Rosa María González Lamas el

Una de las bodegas con las que me precio de tener una relación prolongada en el tiempo es la de Gerardo Méndez, mejor conocida como Albariño do Ferreiro. Bajo esta marca la bodega elabora no sólo un gran Rías Baixas, sino uno de los grandes blancos de España, su Do Ferreiro Cepas Vellas, un ícono blanco que surge de cepas viejas de albariño que se cree pueden casi alcanzar los 300 años y que le han valido en alguna ocasión una puntuación perfecta de 100 puntos, otorgada por una importante guía de vino española.

La de Do Ferreiro figura como una de las primeras bodegas adscritas a la denominación de origen Rías Baixas cuando ésta se creó a fines de los ochenta. Es una herencia familiar de viñas y sabiduría en botella que Gerardo siguió y ahora sigue su hijo Manu, quien vive apasionadamente su función elaboradora, con un vocación indiscutible por la viña y por llevar a la bodega un paso más adelante en el futuro, mano a mano con su papá.

Con Gerardo y su familia, además de sus grandes vinos y una vendimia, he tenido la fortuna de compartir opíparas comidas protagonizadas por los frutos de mar de Galicia, armonizadas por los magníficos vinos blancos que elabora Do Ferreiro, tan sobresalientes que son una de las etiquetas que ocasionalmente bebe el presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy.

Recientemente, y luego de algún tiempo sin vernos, tuve la gran suerte de estrenar un nuevo encuentro con una de esas comilonas con los más suculentos manjares del mar que preparan como nadie unos parientes de la familia en el restaurante Don Camilo en Sanxenxo, perfecto preludio a un encuentro posterior en la casa bodega y a un interesante conversatorio con Manu, la nueva savia familiar para esas cepas antiquísimas.

A pesar de su juventud, Manu es un verdadero apasionado del vino, algo que no siempre se da por sentado en las nuevas generaciones de herederos, pero que afortunadamente es garantía para el futuro del proyecto familiar de bodega, porque su vocación por el vino es innegablemente genuina, un interés surgido de forma espontánea siendo aún adolescente, y que desde entonces siempre ha retratado con espíritu de seriedad, madurez y determinación a largo plazo, y no como un antojo momentáneo o un flirteo de juventud.

Esa madurez heredada de la experiencia familiar, y sin duda también de las cepas centenarias a un costado de su casa bodega, me fue más que evidente en nuestro brindis conversado en una mesa de familia, en el que catamos una etiqueta que yo no conocía por no estar disponible en Puerto Rico a pesar de venir elaborándose desde hace ya varias cosechas, Do Ferreiro Barrica, un vino que sigue la línea de frescura, finura y complejidad del Cepas Vellas y en el que su contacto con la madera es prácticamente imperceptible y se respeta mucho la fruta. Pienso que en sus cosechas más recientes ha logrado el perfil que se le concibió, algo que se hizo evidente al contrastarse en cata con sus primeras añadas, donde ese contacto con el roble era más notable.

Manu me explicó que desde que él se ha incorporado de forma más activa a la actividad en la bodega han empezado a enfocarse más en la vinificación por parcelas y tipos de suelo, y me dio a probar alguna cosa sin terminar de la cosecha 2014 que sigue esa línea de trabajo y que estaba verdaderamente sensacional. A ver qué depara. También está explorando más en detalle el tema de conducción espaldera vs. parral, que es lo tradicional en Rías Baixas.

En la comida acompañamos nuestros platos —del aperitivo al postre, para que conste su versatilidad—  de un Albariño do Ferreiro 2013, fantástico, a juzqar porque no quedó nada en la botella, pero igual habría podido irle bien algún Cepas Vellas, un vino destinado a consumirse con varios años a cuestas, y muy al contrario de la filosofía del mercado que entiende que los albariños deben siempre beberse jóvenes. Pues no, el Cepas Vellas es una excepción y doy fe de haber tomado alguno con una década de elaborado y tras la cual seguía siendo una sinfonía en el paladar. Les aseguro que pocos vinos ofrecen una relación tan generosa entre su precio y placer, con el añadido de su potencial de guarda. Eso sí, es un vino que no se elabora todos los años, así que aproveche cuando alguna botella se cruce en su camino.

Albariño do Ferreiro puede conseguirse en El Almacén del Vino de B. Fernández en Caparra y Ponce.

Fue un día de cata, placeres gastronómicos y de amistad. Valga la redundancia, divinísimo.

***La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente, así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor enwww.viajesyvinos.com, www.foodsfromspain.com y Magacín.