Me sabe a waffles Por Paul E. González Mangual el

Hay días en que quisiéramos transportarnos a algún lugar del mundo y dejar que nuestra imaginación corra sin obstáculos. En muchas ocasiones, la comida puede convertirse en ese elemento particular que nos permita soñar despiertos.

Para el joven puertorriqueño Luis Medina, su ilusión era retroceder en el tiempo al año 2008 y volver a un pequeño café en las heladas montañas de una ciudad de Vermont en Estados Unidos, donde probó por primera vez unos waffles que cambiaron su vida para siempre. Al pasar los años y al no poder revivir esa grata experiencia culinaria en su isla, un día mientras almorzaba con compañeros del trabajo, decide irrumpir en una nueva aventura llamada Bewaffled.

Así que para finales de 2012, empezó a experimentar con varias recetas en su laboratorio -la cocina de su casa- hasta que logró, con batidora de mano, elaborar una fórmula única a base de una mezcla de harina, huevos, leche, vainilla, azúcar perlados, entre otros ingredientes secretos. Luego de encontrar el punto perfecto para su mixtura, procedió a cocinarla. Tal y como se acostumbrada en sus orígenes medievales, la mezcla de los gofres (como se le conocen en España) se cocinan en placas de hierro calientes conectadas entre sí y las cuales tienen diferentes patrones cuadriculados para darle forma y consistencia a cada torta. Una vez servida se puede decorar con chocolate, frutas o cualquier producto que capture la imaginación del consumidor. El resultado es una obra maestra gastronómica que cautiva los sentidos del que la come y de todos alrededor.

Ingeniero de profesión, Luis jamás pensó que cambiaría su trabajo por una manufactura de waffles inventados por el cocinero del príncipe de Liège (Bélgica) en el siglo XVIII. Pero para su sorpresa, perdió su trabajo como ingeniero y Bewaffled paso de ser un ‘part-time’ a ser su razón de levantarse todas las mañanas.

Hoy por hoy, estas tortas -panosas por dentro y crujiente por fuera- son parte del menú de sobre 50 establecimientos en toda la isla, que incluyen ‘coffee shops’, panaderías, restaurantes y hoteles. Toda la producción es elaborada en su planta de manufactura en el pueblo de Isabela y es él quien personalmente produce y distribuye la masa congelada individualmente. A pesar de su estado sólido, vienen listas para colocar en la wafflera y en pocos minutos ya están deleitando a sus consumidores con su sabor dulce, sin preservativos ni sabores artificiales.

Para Luis este es solo el comienzo de una prometedora empresa incipiente en donde se unen el amor por la familia, la pasión por los sueños, el trabajo duro y la exquisitez culinaria que por generaciones ha corrido por nuestras venas caribeñas.

***Nota: El autor es un joven aguadillano de 28 años, adicto al café y socio de PR Gourmet Products (distribuidores de productos gourmet hechos en Puerto Rico). Consíguelo enFacebook o en Twitter @paulegonzalez.