Me sabe a mantecaditos Por Paul E. González Mangual el

Con la conquista española de 1493, llegaron a nuestras costas un sin número de costumbres y tradiciones ibéricas que transformaron para siempre nuestro modus vivendi. Pasamos de ser un país meramente indígena a uno donde prosperaron la educación cristina, la lengua española, las técnicas de guerra europeas y la gastronomía típica de la Madre Patria.

Todas estas tradiciones fueron poco a poco adentrando en nuestra cultura diaria hasta el 1898 cuando nuestro territorio pasó a ser parte de los Estados Unidos. Una de esas maravillas culinarias españolas que sobresalen en la categoría de los postres son los famosos mantecaditos.

Estos son unas masitas dulcificadas -tiernas por dentro y crujientes por fuera- que llevan entre sus ingredientes principales: harina, manteca de cerdo, canela y azúcar. Habitualmente se le añaden otros componentes como las almendras molidas, el coco rallado y las semillas de sésamo, para crear diversas variedades según el paladar del consumidor.

Un poco de historia

Existe evidencia que estos postres hacen alusión a antiguas técnicas de repostería heredadas de los árabes, pero los mantecaditos son originarios de la región de Andalucía en España para el siglo XVI. Fue la provincia de Estepa la pionera en la comercialización, expansión del producto y, actualmente es considerada como la cuna del mantecadito a nivel mundial.

Cuenta la leyenda que la estepeña Doña Micaela Ruiz Téllez fue quien revolucionó la historia del mantecadito allá por el año 1870. Esta ama de casa se beneficiaba de que su marido era corsario y transportaba mercancías de una localidad a otra y así lograba vender sus dulces a otras regiones de España.

Fue tanto el éxito de estos dulces -muy populares durante la época Navideña- que las empresas de mantecaditos se convirtieron en eje de la economía local y sus recetas han sido transmitidas de generación en generación.

El sueño de dos hermanas

Como dato curioso, en Estepa, el 90% de la mano de obra continúa siendo femenina y en honor a esa tradición, dos hermanas puertorriqueñas -Graciela y Vanessa Rodríguez- emprendieron una aventura que se especializa en la confección de mantecaditos, bizcochos, galletas y panetelas. Todas estas dulzuras son hechas a mano, preparadas con ingredientes frescos y de muy alta calidad.

Fue para los años 1990, cuando la joven Graciela emigró al estado de Florida en busca de un mejor estilo de vida para ella y su esposo Don Eugenio. Sin dejar atrás sus raíces hispanas, la pareja se dedicó a la venta, distribución y mercadeo de productos latinos en la Florida y, como pasatiempo, Graciela elaboraba entremeses y postres para ocasiones especiales y eventos corporativos. Los que tuvieron la suerte de probar sus obras culinarias, concluyeron que su favorito eran los mantecaditos. En ese momento, se dieron cuenta que tenían algo muy especial entre sus manos. Su esposo, un entusiasta del buen comer, es quien perfecciona la receta como la conocemos hoy. Luego de la muerte de Don Eugenio, Graciela decidió volver a su tierra natal para estar con su familia y dedicarse a su mayor pasión: la confección de pastelería fina.

Nace un sueño de mucho sabor

En 2010, Graciela -que posee un grado universitario en panadería y repostería internacional- unió fuerzas con su hermana Vanessa -que cuenta con una vasta experiencia en el mundo empresarial- y le dieron vida a Cecilia’s Tasty Sweets (en honor al nombre de su madre) para elaborar recetas azucaradas que fueran tan buenas a la vista como en la boca.

Un año después, habiendo participado de varios mercados urbanos alrededor de la isla y obteniendo una retroalimentación excepcional, ambas decidieron renunciar a sus trabajos diurnos y dedicarse de lleno a este sueño compartido.

Hoy día, sus mantecaditos son elaborados en tres sabores (‘plain’, guayaba y grajeas) y todo el proceso es completado en su propia manufactura artesanal en el pueblo de Toa Baja. Cuentan con sobre 60 puntos de ventas alrededor de la isla, entre ellos: ‘coffee shops’ locales, La Hacienda Meat Center y el aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín.

Para este dúo dinámico no existen límites de donde puedan llegar sus delicados, elegantes y explosivamente sabrosos mantecaditos y solo esperan seguir construyendo su sueño de bocado en bocado.

***Nota: El autor es un joven aguadillano de 28 años, adicto al café y socio de PR Gourmet Products (distribuidores de productos gourmet hechos en Puerto Rico). Consíguelo enFacebook o en Twitter @paulegonzalez.