Me sabe a chocolate Por Paul E. González Mangual el

Costa de Marfil, Ghana, Indonesia, Nigeria, Brasil, Camerún, Ecuador, Malasia y República Dominicana tienen algo en común: todos son países productores de cacao (componente principal en la elaboración del chocolate). Esta cultura cacaotelera data desde hace más de 2,500 años, cuando los mayas comenzaron a cultivarlo. En aquella época, el cacao se convirtió en un fruto tan importante que los aztecas aprendieron de los mayas a cultivarlo, procesarlo y utilizarlo como alimento y moneda. De hecho, experimentaron con variaciones hasta obtener una bebida aromática que denominaron ‘xocolatl’ o aguada de cacao. Para aquel entonces, el ‘xocolatl’ era calificado como un tónico que daba fuerza, despertaba el apetito sexual y era considerado el alimento de los dioses.

Durante la conquista española, la bebida emergió como un producto de suma importancia y en una de sus cartas, Hernán Cortés se la describió detalladamente al emperador Carlos V, asegurando que bastaba con una taza de esa bebida indígena para sostener las fuerzas de un soldado durante todo un día. En 1528, Hernán Cortés envió cacao al Emperador y rápidamente se empezó a usar como bebida medicinal en toda España, y el mundo no volvió a ser el mismo.

Comienza un sueño

Albert Einstein dijo que en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Y fue así como un puertorriqueño llamado Don Pedro Cortés Forteza imaginó el inmenso potencial del cacao caribeño. Esa visión, Don Pedro se la debe en parte a un amigo que le debía una suma indeterminada de dinero, y en vez de hacerle el pago en efectivo le entregó una máquina para elaborar chocolates, germinando la semilla de su legado.

Para el año 1929 -cuando se iniciaba la gran depresión económica-, decidió emprender su visión y poner en marcha su plan de llevar el cacao caribeño a todas partes del mundo, fundando a Chocolate Cortés en la calle Emilio Prud Homme de Santo Domingo en República Dominicana.

Dos años más tarde, Don Pedro comenzó a exportar su chocolate de mesa a su tierra natal de Puerto Rico. El producto tuvo tan buena aceptación entre sus compatriotas que estableció una pequeña fábrica en la calle Guayama en Hato Rey y comenzó a procesar su chocolate en suelo borincano.

Del Caribe para el mundo

En 1952, Don Ignacio Cortés del Valle, hijo de Don Pedro, amplió la gama de productos para el consumidor en diversos sabores y tamaños, lanzando la empresa al mercado internacional mediante la exportación a Estados Unidos, Europa, Centro y Sudamérica. Su hijo, Don Ignacio Cortés Gelpí, continuó guiando la empresa con el mismo enfoque y determinación, y fue así, como Chocolate Cortés se reconcilió como la principal procesadora de cacao del Caribe y en parte esencial de su cultura culinaria.

El rey del cacao

A 86 años de su fundación, Chocolate Cortés se ha convertido en el líder indiscutible en el mercado caribeño sustentando el cultivo cacaotalero dominicano, procesando seis mil toneladas métricas por año, expandiendo sus instalaciones a un espacio de 50,000 pies cuadrados, exportando el 40% de su cacao al mundo, empleado a sobre 500 dominicanos y puertorriqueños y manteniendo una cultura corporativa enfocada en la camaradería y las valores familiares.

Tributo a su fundador

La cuarta generación Cortés, liderada por Eduardo e Ignacio Javier, ha comenzado a propulsar esta empresa casi centenaria a las modernas tendencias del siglo XXI. En 2011, iniciaron un proyecto en conjunto con un grupo de agricultores del patio para la elaboración de un chocolate fino utilizando cacao local. Este ha sido un proceso de tres años, una ardua campaña de capacitación y muchas horas en las fincas trabajando la cosecha de miles de árboles de cacao que se distribuyeron. El resultado ha sido Forteza -en honor a su bisabuelo Don Pedro- el primer chocolate fino y comercial que se elabora con cacao puertorriqueño. Desde su empaque hasta su sabor, Forteza ha sido creado para competir de tú a tú con las empresas de chocolate fino de más renombre en el mundo.

Chocolate Cortés es un vivo ejemplo de cómo una familia, guiada por la imaginación de un hombre, ha podido dejar marcada su huella en la industria chocolatera, creando un imperio caribeño de calibre mundial que se distingue por un característico aroma que cautiva el corazón.

***Nota: El autor es un joven aguadillano de 28 años, adicto al café y socio de PR Gourmet Products (distribuidores de productos gourmet hechos en Puerto Rico). Consíguelo enFacebook o en Twitter @paulegonzalez.