Ex-Spectacular sabor de lengua Por Rosa María González Lamas el

Pocas cosas me hacen subir tanto los colores viendo las redes sociales como la epidemia de eXpectaculares que se ha apoderado de los comentarios de los usuarios, incluso de personas con altos grados universitarios. La eSpectacularidad de la situación me alarma, porque espectacular no se escribe con X, de extraordinario, sino con S, de saber.

Quiero pensar que en escuelas y universidades se enseña a escribir correctamente espectacular, con S, y no con X, porque si no es así, los problemas educativos son aún más trágicos de lo que pensamos.

En el mismo baúl de cosas que me sacan de quicio coloco el que muchos sigan diciendo o escribiendo “cava española” para referirse al vino espumoso elaborado en la DO Cava de España. LA cava, en femenino, no se refiere a EL vino, sino al lugar donde se guardan sus botellas. Lo explicamos ya en Divinísimo en el post “Cavitas y champancitos”, pero parece que hay que insistir férreamente en ello.

Cuando usted se refiere al vino espumoso, debe de decir EL cava, el (vino espumoso) cava. En masculino. Siempre. Sin excepción.

LA cava, en femenino, es el recinto donde usted guarda las botellas del cava. Y si usted se refiere al cava empleando un género incorrecto, sepa que está diciendo un disparate vinícola, lo que no debería de suceder en un mercado que se precia del buen conocimiento sobre vinos de un número importante de sus consumidores.

Otro tremendo error que me estremece es el referirse a los “cursos” que componen un menú. Si bien en inglés a los platos se les dice “course”, en español, emplear el término “curso” para referirse a los platos o las etapas en que se sirven es incorrecto.

Curso, en español, se refiere al curso (clase, lección) en el que usted se matricula en alguna institución académica o al período académico (curso escolar). También al curso (movimiento, recorrido, trayecto) de un río o al curso (devenir) de los acontecimientos, pero no al plato que sirven a la mesa. En algunos países latinoamericanos se emplean, además, otros vocablos para hablar de las etapas de un menú, pero no “curso” porque es un término mal traducido del inglés con la presunción de brindarle una acepción que no tiene en español.

Tengo un amigo bodeguero con un impecable dominio del español que comparte mi preocupación por el uso incorrecto del idioma, y a quien le disgusta mucho ver errores de ortografía o gramaticales en los menús, especialmente si son creados para armonizar los vinos de su bodega porque le deslucen los extraordinarios vinos de su marca. Comparto su sentir.

A muchos enófilos y profesionales la propiedad en el uso del español puede parecerle un purismo exagerado y caprichoso en el ejercicio de degustar un vino, pero la realidad es que el mal uso del lenguaje no proyecta la mejor imagen de los productos ni los servicios, ni de aquellos que pretenden los patrocinemos y, en ocasiones, paguemos también un buen dinerito por ellos. ¿Usted compraría una prenda de vestir con defectos? ¿Cree que los inspectores de la Guía Michelin no se fijan en estos detalles? ¿Que las revistas de vino otorgarían buenas puntuaciones a vinos con etiquetas llenas de errores ortográficos?

La experiencia gastronómica de excelencia   —que puede darse hasta chinchorreando—  no debe de limitarse a lo que entra por la boca. Uno de los ingredientes intangibles del sabor es la propiedad en el uso del lenguaje, pues muestra conocimiento y esmero. El buen español, o el idioma que emplee, es un ingrediente importantísimo y seña clara de calidad, atención y saber.

***La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.