Angelitos negros Por Rosa María González Lamas el

Luego de sus vivencias compartidas en Viña San Pedro, el enólogo chileno Aurelio Montes se unió a Douglas Murray y otros dos socios para crear una nueva viña que no quiso bajarse de las puertas del paraíso y escogió  la figura de un ángel —símbolo muy especial para Douglas, quien en vida atribuyó a los ángeles guardianes su supervivencia en diversos accidentes—  como emblema de la casa.

Así surgió Montes, una viña  —que así que designa a las bodegas en Chile—, fundada en 1987 sobre las habilidades, el conocimiento y compromiso de sus fundadores para producir vinos “premium” para un mercado global. Con ese objetivo y vinos como Montes Alpha Cabernet Sauvignon, Montes Alpha M, Montes Folly y Purple Angel, Aurelio y Douglas supieron llevar a Montes a la posición que tiene hoy como una de las viñas más conocidas y respetadas del mundo del vino, que de su Chile natal luego se expandió a Mendoza, en Argentina, y desde 2006, también al valle de Napa, por considerar esta zona productora en California un destino incomparable en el Nuevo Mundo para una de sus uvas predilectas, la Cabernet Sauvignon.

Allí nacieron los Napa Angels, los vinos de una bodega para la que vino aleteando desde Chile la insignia protectora de la casa, un ángel con copa y vid.

Es, precisamente, lo que directamente de California envió Montes a Puerto Rico, un querubín de simpatía en la figura de Alberto Eckholt, enólogo de la bodega, quien supo ganarse corazones y paladares, enamorando con una flecha impregnada de picardía, simpatía y buen hacer a todos quienes compartimos con él durante su primera visita a Puerto Rico, que tenemos la certeza, no será la única.

Con apenas 28 añitos, Alberto cuenta con unos hechizantes ojos azul turquesa y un palmarès profesional bastante abultado.

Nacido en Chile y fan de Daddy Yankee y Los Cafres, Eckholt estudió enología y agronomía en su país natal luego de decidir cambiar “niños” por “niñas”, pues aunque su vocación era la de ser pediatra, siguió la vocación agrícola de dos buenos amigos hasta terminar subyugado por la vitivinicultura, donde mima como a niñas sus uvas y, como bien describe, “cura” con vino a los adultos.

Luego de diplomarse fue trabajar bajo la tutela de Aurelio Montes a su bodega chilena y más tarde partió por un tiempo a Burdeos para perfeccionar su conocimiento elaborador. Al tornar a Chile, se hizo cargo de la dirección enológica de la bodega de Montes en Apalta, y desde 2011 tiene a su cargo la dirección del proyecto Montes USA en California, que agrupa en su producción las mejores zonas vitivinícolas californianas.

Eckholt explicó que la filosofía de Montes en California se fundamenta en varios pilares. Primero, buscar el mejor terroir donde se expresen determinadas variedades de uva, como es el caso de la Cabernet Sauvignon que les llevó hasta este estado. Segundo, que las distintas variedades empleadas alcancen la óptima madurez fenólica, algo imprescindible para la bodega. Tercero, que puedan producirse vinos elegantes interviniendo al mínimo en la ruta de la cepa a la copa. Y, cuarto, que se logre un buen equilibrio entre el trabajo que se realiza en la viña y el que se requiere en bodega. Él, afirmó, no puede fragmentar su inclinación por una u otra, pues entiende son indisolubles y que si por la mañana le apasiona sumergirse en el viñedo y catar, catar, y catar uvas, por las tardes, es entre depósitos y barricas donde se siente más feliz.

Así que en estos tiempos difíciles en que hay que encomendarse a todos los santos y ángeles guardianes para mantener el buen ánimo a flote, algunos también elevamos con frecuencia plegarias a los ángeles del vino, que en esta ocasión nos enviaron a Alberto y con él a un quintento de botellas buenas, bonitas y asequibles para seguir fortaleciendo nuestra fe en un dogma de uvas que convive con el espíritu de celebración y amor al prójimo que guió el primer milagro de vinos en las Bodas de Caná, gracias a la angelical intercesora que fue la Virgen María.

Aunque nunca hemos sabido si el vino transformado fue blanco o tinto, creo que damos por buena la presunción de que el vino del milagro fue de este último color, con lo que como diría el poema de Andrés Eloy Blanco, “aunque la Virgen sea blanca, píntame angelitos negros” y esto es precisamente lo que han hecho Montes y Eckholt con las cinco etiquetas tintas que nos han presentado junto a los amigos de El Almacén del Vino de B. Fernández durante un divino almuerzo al que nos convidaron en el restaurante santurcino Santaella, y en el que nos trajeron una constelación de angelitos, que si añadimos al enólogo y al chef, sumaron siete en total.

Con los vinos que se elaboran en California bajo las líneas Napa Angel y Star Angel, Montes persigue un perfil aterciopelado, elegante, pero con identidad varietal, que tenga buena nariz, mucha boca y mucho equilibrio, y destaque las notas frutales y el frescor. Todos sus vinos allí son tintos, pues entienden que el perfil de blancos que buscan no se halla en California, sino en Chile.

Bajo las líneas “angelicales” aparecen un pinot noir, un syrah, un ensamblaje rodanés y dos cabernet sauvignon, procedentes del valle de Napa donde primero puso un pie la bodega en California, pero también de otras zonas como Sta. Rita Hills, un AVA de la costa central de California con muchos productores con viña propia y enfocados en elaboraciones de terruño y single vineyards, y Paso Robles, entre Los Angeles y San Francisco. Los de Napa son los Napa Angels, y los de otras zonas, los Star Angels.

Difícil escoger entre las estrellitas con alas pues cada una de las etiquetas mostró una personalidad atractiva y bien definida en copa que los hizo no sólo apetecibles por sí solos, sino excelentes armonías para el menú. El Star Angel Pinot Noir 2011 de Sta. Rita Hills, destacó por su fruta, con notas a fresa, frambuesa y arándanos, algún punto floral, y un buen equilibrio en boca donde fue sedoso y fresco, pero con buena estructura. Apenas una pizca de notas de crianza, 12 meses en roble francés, usado en su mayoría, es la regla de esta línea. El Star Angel Syrah 2008 de Paso Robles se decantó por tonos más ahumados, a cedro y a tocineta, tonos minerales y una fruta más negra, cassis, y un gran equilibrio en boca: estructurado, aterciopelado y muy afrutado. El Star Angel Aurelio’s Selection 2008, también de Paso Robles, intenta traer el Ródano a California con un tinto que ensambla uvas de esa celebrada región francesa y tiene una predominante base de syrah con pizcas de mourvèdre (monastrell) y garnacha que aparecieron por la viña, y que se destacó por su jugosa grosella y sus tonos balsámicos en línea mentolada y su matiz a chocolate. Cada uno para momentos diversos del menú.

Los “arcángeles” se vistieron de cabernet sauvignon, la cepa emblemática de Napa Valley, de la que Montes persigue una expresión más amable, resaltando más la fruta y su versatilidad como acompañante de comidas y por eso han ido a buscarlo a las zonas más frescas de Napa. A mí me cautivó el Napa Angel Cabernet Sauvignon Aurelio’s Selection 2008, con una expresión a fruta más madura, desparramando moras, frambuesas, ciruelas y tonos de cera, caramelo, regaliz y delicadas especias. Fino, estructurado y delicioso. De su Napa Angel Cabernet Sauvignon 2009, más potente, destaco sus matices tostado, a tabaco e intensas notas a anís.

Este ejército celestial de botellas se acompañó de un menú de degustación sencillo, criollo, pero sobresalientemente concebido para acompañar los vinos que se crecieron, todos, con las propuestas del chef José Santaella. Frituras de malanga con pollo y pavo al chipotle, donde el pique resaltó notas especiadas en el pinot noir. Queso de cabra empanado con nueces y servido sobre ratatouille con un delicioso punto de aceituna, idóneo para resaltar el syrah. Un piñón de amarillo y cordero que le fue divinamente a las selecciones de Aurelio, tanto el Napa Angel Cabernet como el Star Angel ensamblaje. Y para concluir, un flan de calabaza, donde las notas de clavo y canela del dulce de lechosa que lo coronó fueron como anillo al dedo al Star Angel Syrah, con el que, en mi opinión, armonizó aún mejor que con las propuestas de cabernet sauvignon.

Este ejercicio formó parte de la serie de almuerzos de degustación que ha venido realizando B. Fernández, y que a mí me parecen sumamente atinados porque ofrecen una experiencia deliciosa y diversa a la hora del mediodía, donde la gente puede disfrutar del vino y el sabor en un ambiente más relajado y de mayor camaradería, como la que tuvimos en la mesa que compartimos con Alberto, quien confesó que su armonía predilecta fue la malanga con el pinot noir, por combinar lo “light” de cada cosa, y sacar partido al picante como nota diferenciadora.

Eckholt también nos contó que, en su opinión, la gastronomia chilena se encamina por diversidad, y que la industria del vino está respondiendo por la misma ruta, diversidad, de ahí que estén resaltando un nuevo mapa productor, que si antes recorría al país de norte a sur, ahora lo hace de oeste a este, del mar a la cordillera. “Chile está produciendo para atraer millenials al consumo del vino”, señaló.

Comparando su experiencia trabajando en Chile y en Estados Unidos, destacó que le gusta el formalismo con que funcionan los estadounidenses, por entender que esa formalidad facilita mucho el trabajo. Le gusta también vivir en Napa porque es un enclave que gravita en torno al vino y donde la gente puede comenzar a relacionarse por trabajo y terminar siendo amigo.

Allí vive el día a día y dos veces al año recibe la visita de Aurelio Montes, con quien tiene muy “buena onda”, y confía mucho en su trabajo. Cuando no está en la bodega viaja mucho, promoviendo sus vinos, lo que disfruta porque le gusta mucho estar con la gente y contar la historia de su país a través del vino.

De momento, se ve un buen tiempo en California, donde vive su trabajo día a día, pero yo estoy convencida de que si este angelito seductor del vino viniera con más frecuencia por estas latitudes caribeñas rompía corazones, vendía todo el inventario de Montes, y se afincaba aquí. Sure que yes!

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.