Mi querido Ribeiro Por Rosa María González Lamas el

El segundo vino que bebí en mi vida fue del Ribeiro. Que conste que aunque fue el segundo, fue el primero que probé consciente de estar bebiendo vino. En la Galicia de los setenta, era lo que había. Ribeiro. Además, en tacita blanca. Es más, no se veían mucho fuera de ella porque se decía los Ribeiros no cruzaban bien el mar. Lejos estaba aún de aparecer con fuerza en el panorama del vino Rías Baixas con su cargamento de albariños, pero lejos estaba también el Ribeiro vitivinícola de hoy por aquellas fechas.

Aunque las nuevas generaciones de consumidores quizás lo desconozcan, el Ribeiro, una zona de interior, que tiene como eje la provincia gallega de Orense (súper caliente en verano y súper fría en invierno), tiene una larga historia como elaboradora de vinos que muchos ya envidiarían para sí.

Se dice que ya desde antes de Cristo se elaboraba vino en la zona, primero con los romanos y luego con los monjes que se establecieron por allí. Pero fueron los comerciantes judíos de Ribadavia quienes hicieron descollar los Ribeiros fuera de la comarca a partir de su llegada en el siglo XI, cuando Ribadavia, el corazón del Ribeiro y a orillas del río Miño, se convirtió en capital del Reino de Galicia. Los judíos incluso se quedaron en la región cuando los Reyes Católicos los expulsaron de España a fines del siglo XV.

Con los judíos llegaron los Ribeiros a Francia, Portugal, Italia o Gran Bretaña, una fama que alcanzó su esplendor en los siglos XV y XVI. Incluso Miguel de Cervantes hizo halagos al vino de Ribadavia en boca de su licenciado Vidriera. Tan próspero se volvió el vino del Ribeiro por ese tiempo, que ya a fines del siglo XVI se legisló para regular su origen, producción y comercio, lo que constituyó los primeros indicios de protección de una denominación geográfica en España.

Ejemplo de esa celebridad es un documento histórico hallado hace un par de años, donde se acusaba a Colón de negar a un cura moribundo su ración de vino de Ribadavia, con lo que  la historia apunta a que los primeros vinos que se ha documentado viajaron a América con Colón fueron precisamente los del Ribeiro, que surgió formalmente como denominación de origen en 1932, siendo la más antigua de Galicia y una de las más antiguas de España.

Pero el esplendor del Ribeiro como zona productora de vinos luego decayó hasta culminar con el ataque de la filoxera, que obligó a replantar la viña con cepas más productivas, olvidando las autóctonas. De este modo, el Ribeiro se volvió una zona de vinos de más volumen y menor renombre, donde predominaban cepas como la palomino, que no es autóctona.

Hace unos 15 años eso empezó a cambiar gracias a un esfuerzo importante de investigación vitícola, que ha permitido la recuperación de parte importante del patrimonio de vides autóctonas de la zona, lo que ha propiciado la reconversión y re-estructuración de las viñas en las que pronto comenzaron a reemplazarse palominos con otras más gallegas. Esto, unido a tecnologías punteras que se incorporaron en las elaboraciones y a enólogos más jóvenes y otros mayores con una fuerte sensibilidad hacia el territorio, ha propiciado que en el Ribeiro haya tenido lugar una especie de revolución vinícola, de la que, afortunadamente, llegó recientemente una muestra a Puerto Rico, por vía de una misión inversa del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribeiro, y varias de sus bodegas.

Es la primera vez que un colectivo del Ribeiro pisa suelo boricua con el objetivo de presentar sus vinos, que tienen muchas aptitudes para nuestro clima por su perfil de frescura, así como para nuestro paladar, porque guardan cierta relación con los vinos de albariño (no en balde Puerto Rico es el cuarto mercado internacional para Rías Baixas). No obstante, a diferencia de éstos, los del Ribeiro se basan en una uva, la treixadura, y, en blends de varias cepas autóctonas, en lugar de en elaboraciones de una sola variedad. Así que durante varios días, los representantes del Consejo Regulador y seis bodegas del Ribeiro, dieron a degustar sus productos a importadores prospecto, profesionales del vino y un selecto grupo de consumidores amantes de los vinos españoles, para quienes el ejercicio de cata fue todo un descubrimiento y aprendizaje.

Lo primero, aprender la importante historia elaboradora de la denominación. Lo segundo, cambiar el chip blanco y aprender a pronunciar treixadura, la cepa dominante del Ribeiro. La treixadura es al Ribeiro lo que la albariño es a las Rías Baixas. Treixa-dura, que quiere decir piel dura, es de grado alcohólico más moderado, color más intensamente dorado que la albariño, piel más gruesa, bayas más grandes, menor aromaticidad, menor acidez y mayor contenido frutal, dando paso a vinos menos ácidos, algo más untuosos en el paladar y con mayor estructura. A veces se mezcla con otras cepas, como pueden ser la godello y la albariño, cepas de las que tenemos ya vinos en Puerto Rico.

Lo tercero, que en Galicia se elaboran también muy buenos vinos tintos. Y algunos llegaron entre la selección de algunas de las bodegas que desembarcaron en San Juan, y los vinos institucionales que trajo el Consejo Regulador. Gustaron mucho. Y es que antes de hacerse famosa por los blancos, en Galicia lo que dominaba era la elaboración de vinos tintos. Los tintos del Ribeiro se elaboran a partir de mezclas de uvas, entre las que predomina la mencía, más conocida para nosotros, y otras autóctonas como la sousón, la brancellao, la ferrón o varias caíños de baya tinta. Nombres nuevos para el mercado local.

Lo cuarto, que algunos vinos blancos de treixadura tienen un buen potencial de guarda incluso sin haber pasado por madera, como demostraron algunas botellas con que deleitó el Consejo Regulador, que sirvió verdaderas maravillas tan longevas como 2007, algo no siempre esperado entre los blancos gallegos que encontramos por aquí. Precisamente explicaba Pablo Vidal, Director Técnico del Consejo, que desde el Consejo Regulador se busca potenciar los “Ribeiros de Guarda”, para romper estereotipos y fomentar que el consumidor pueda apreciar que los vinos blancos no siempre hay que beberlos jóvenes.

Quinto, que en su apuesta por la tradición como plataforma de modernidad, también se elaboran unos vinos naturalmente dulces que cautivaron y que se llaman “tostados”, una elaboración antigua en desuso que hace algunos años rescató la más grande bodega de la denominación, Viña Costeira, pasificando treixadura para luego microvinificar y criar su mosto, entregando en botella una verdadera joyita que encantó a muchos asistentes. Pronto habrá también una categoría de vinos espumosos de treixadura.

Las varias jornadas de esta pequeña exposición resultaron una verdadera experiencia de aprendizaje para los asistentes, quienes pudieron degustar y descubrir un amplio abanico de propuestas, desde vinos con mucha calidad para beber sin complicaciones, a otros vinos más eruditos en sus versiones blancas, tintas y dulces, siempre con un sentido de origen que, en el caso de los blancos, les distingue de otros del mismo tono, y una enorme aptitud para armonizar no sólo con nuestra comida criolla, sino con otras como la asiática. Durante el dinámico evento se proyectó también un vídeo, que sirvió de magnífica introducción a quienes no están familiarizados con la región.

Entre las bodegas visitantes, Bodegas Gallegas con su Alanís que fue uno de los favoritos, Casal de Armán que cautivó con su tinto, Finca Viñoa, Ramón do Casar ofreciendo calidad con diseño, Terra do Castelo, y Viña Costeira, la bodega más grande de la denominación, que presentó algunos de los vinos blancos más vendidos de Galicia como el Viña Costeira, y novedades como su Tostado do Ribeiro, o el First One, la nueva línea que evoca ese primer vino que llegó a América con Colón. Todas trabajaron sin parar representando a las dos vertientes de bodegas de la denominación, las bodegas industriales y otras enfocadas en menores volúmenes y una personalidad más contundente de las pequeñas parcelas de donde surgen muchos vinos.

Como parte del plan de trabajo que el CRDO Ribeiro ha concertado con la Cámara Oficial Española de Comercio para hacer una realidad la presencia de los vinos de Ribeiro en nuestro mercado, se contemplan más acciones con consumidores e importadores a lo largo de los próximos meses. Esperemos que de estos esfuerzos lleguen a la Isla algunos vinos más del Ribeiro de los muy poquitos que ya están. Coto de Gomariz es uno de ellos, y puede conseguirse en Cien Vinos.

Yo tengo la suerte de conocer muchos de sus vinos y al Ribeiro bastante bien, porque es una zona que he visitado en numerosas oportunidades y donde tengo muy buenos amigos elaboradores. En el Ribeiro he estado en trabajo de vendimia, he aprendido a podar en el invierno y algo que me hace especial ilusión, incluso he plantado una cepa de treixadura en una de las viñas que a orillas del río Miño tiene la bodega Viña Costeira. Se supone que ya en 2015 debe de estar produciendo uvas para algún vino, y a saber si como el que vino con Colón, haya alguno elaborado con su mosto que también sea de los primeros en llegar a Puerto Rico en un nuevo viaje de Ribeiros.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.