Happy Birthday, Ballester Por Rosa María González Lamas el

Para los que piensan que diez pesos no dan para nada, tomen nota de que los Ballester llegaron a Puerto Rico desde las Islas Baleares con tan sólo diez dólares en el bolsillo. En 1914, mientras al otro lado del océano estallaba la Primera Guerra Mundial, en Ponce, Francisco Ballester Ripoll (Don Paco) y su hermano Miguel fundaron una pequeña empresa de representación de alimentos y provisiones, con los típicos productos que podían adquirirse en un colmado.

Ésta fue la génesis de Ballester Hermanos, que apenas cinco años más tarde, en vista de la importancia económica que había adquirido la ciudad capital, se trasladó a San Juan, donde estableció oficinas, trayendo de España a fines de la década del 1930 a otros familiares que se fueron integrando al negocio, comenzando así una nueva faceta empresarial en la que incursionaron en la importación y representación de vinos y licores, aprovechando el levantamiento de la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas en los Estados Unidos.

Fue así como poco a poco esta empresa se fue convirtiendo en una de las compañías más importantes en la distribución e importación de alimentos en Puerto Rico, que ha podido completar una travesía que este 2014 cumplió su primer siglo, un centenario que se ha celebrado con toda la grandeza que el acontecimiento merece, congregando en San Juan a un verdadero ejército de representantes de bodegas y empresas de alimentación, pero también a cientos de profesionales del sector como cocineros o sumilleres, para una experiencia abarcadora y sabrosa que incluyó degustaciones, seminarios educativos, demostraciones culinarias y de mixología, y entretenimiento que convirtieron al Centro de Convenciones de San Juan en un verdadero destino de gusto y orgullo. Una cita de la que también nosotros fuimos parte.

Un emotivo video histórico presentado durante la ceremonia de inauguración del evento, ofreció un cúmulo de imágenes, anécdotas y entrevistas con algunos de los protagonistas de esa historia centenaria en la empresa, permitiendo repasar varios de los hitos de ese largo recorrido empresarial, pero también entender cómo la empresa ha aplicado a su negocio los mismos valores y filosofía que le guían como familia y que le han permitido sobrellevar los vaivenes económicos y sociales que le ha tocado vivir en paralelo a la historia de Puerto Rico, y también consolidar relaciones con vocación de larga continuidad con muchos de sus representados, como ha sido el caso de bodegas como Marqués de Riscal, Sánchez Romate o Vega Sicilia.

Desde ese tiempo Ballester Hermanos fortalecería entonces un crecimiento que se aceleró en las décadas del cincuenta y el sesenta, con nuevas facilidades y un enfoque comercial hacia productos de conveniencia de marcas nacionales, como Campbell’s, Green Giant, Sara Lee o Tulip, para aprovechar la transición del mercado hacia los supermercados. Así empezaron a obtenerse muchas líneas de importancia, se inició un Departamento de Provisiones, otro de Productos Congelados, se estableció un Departamento de IBM, se construyó otro nuevo almacén en la zona portuaria de San Juan, y en 1978 se ubicó en edificio mucho más grande en el Barrio Palmas de Cataño a través del cual continuaron añadiéndose vinos, licores y alimentos a su cartera.

En 1999 Ballester Hermanos creó su División de Food Service, anticipando una tendencia de consumo fuera de casa, y también de madres en solitario, identificando un potencial que hoy representa al menos una quinta parte de las ventas de la empresa y mantiene un constante crecimiento anual.

En 2001 la empresa amplió sus facilidades y construyó La Enoteca de Ballester, un espacio más adecuado para exponer los vinos y licores que importa y brindar un servicio más amplio a los clientes, cuyo conocimiento ha evolucionado notablemente desde finales de los setenta y ochenta, al igual que se ha transformado la industria del vino que ha crecido y tenido un cambio radical.

Ballester Hermanos representa una cartera de más de 300 etiquetas de vino, constituida por referencias de todas partes del mundo que ofrecen algo único de sus destinos de procedencia, que la empresa también se ha asegurado de equilibrar, ofreciendo opciones de todo nivel de precio, pero siempre con una relación equiparable de calidad.

De aquella pequeña empresa fundada en 1914, hoy Ballester Hermanos tiene más de 500 empleados con centros de distribución y almacenaje de productos en Cataño, Dorado, Ponce y Mayagüez. La empresa se dedica a la importación de productos alimenticios secos, refrigerados o congelados, así como cervezas, vinos y licores. La mitad de su negocio se compone de ventas de alimentos al detal y la otra, de venta de bebidas y licores y al sector de hostelería.

Para crear una plataforma unida de difusión de toda su cartera de productos, Ballester ha celebrado con carácter casi bienal ediciones de su Food & Wine Sales Show, que este 2014 en su sexta edición, ha sido un magnífico escaparate de negocios, sabor y celebración, pero también un recordatorio de que siempre hay que mantenerse anticipando las tendencias del mercado de aquí a mediano plazo.

El evento contó con la participación de numerosas bodegas de Argentina, Chile, España y otros países, así como productos alimenticios que pudimos degustar, como unos sensacionales frappés de Nutella, las alcapurritas Kikuet o los chocolatosos Snickers o M&M, perfecta corona para mini cupcakes, entre muchos que degustamos durante dos días. Vinos, muchísimos y todos buenos. Para mí fueron un descubrimiento los de bodegas Pardevalles, de la DO Tierra de León, con un fantástico blanco de uva albarín o los super redondos y afrutados vinos de Dehesa de los Canónigos de la Ribera del Duero, y Enate, en el Somontano.

Muchos cocineros de Puerto Rico mostraron su conocimiento en tarima durante el evento, y acompañados de las propuestas de vinos y bebidas de algunos de los exhibidores durante el trade show.

Al evento en el Centro de Convenciones lo precedieron varias cenas de degustación con vinos de algunas bodegas participantes. Tuve la oportunidad de asistir a dos, una cena de tapas en el restaurante Vendimia que se armonizó con vinos de las bodegas Paco García, Ontañón, Raventós i Blanc y alguno otro, y otra en Marmelade, donde disfrutamos de un menú que se acompañó con los champanes de Moet & Chandon y los tintos castellanos de Bodegas Mauro, de la que ya hemos hablado antes en Divinísimo.

Lo más destacado de las cenas, no obstante, fueron dos reuniones soberbias con los sabores de los cocineros españoles de las Islas Baleares Macarena Castro (Restaurante Jardín, una estrella Michelin) y Tomeu Torréns (El Celler de Can Amer). Torréns también fue responsable de deleitarnos a quienes asistimos al cóctel de inauguración, para el que confeccionó las tapas, divinas, y durante el que realizó una demostración culinaria.

Hasta participamos en una cata a ciegas, para poner nombre a seis copas de vinos representadas por Ballester. Yo acerté dos. Que no se piensen que esto es tan fácil. Para aprender, muchas catas educativas para sumilleres.

En fin, que hubo sabores para no aburrirse, y los bodegueros con quienes conversé estaban encantados por lo productivo que había sido el evento a sus negocios.

Brindo por al menos, cien años más. ¡Salud!

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.