Rioja en la cima de Hato Rey Por Rosa María González Lamas el

Hace varios años, tuve la oportunidad de visitar Bodegas Valenciso, donde tanto yo como mis otros compañeros de cata quedamos cautivados con su tinto Reserva 2004, que probamos en primicia en aquella oportunidad. Tiempo después me he reencontrado con este mismo vino en una amplia cata de añadas y etiquetas de vinos que esta bodega de Rioja ha celebrado en San Juan y ha sido precisamente esta misma añada mi predilecta del conjunto, revalidando aquellas sensaciones magníficas que nos transmitió allá en Ollauri, donde ubica la bodega, como vino sobresaliente entre muchos de su zona productora.

Desde aquella experiencia y nuestro primer encuentro, me he mantenido a lo largo de los años en contacto con Luis Valentín, quien me ha ido brindando puntuales informaciones y botellas sobre las novedades de la bodega, que está teniendo un comeback en la escena vinícola de Puerto Rico de la mano de El Almacén del Vino de B. Fernández, que se ha hecho cargo de su importación, algo que ya habíamos mencionado en los Arrivals de los que dimos cuenta hace un par de meses.

Valenciso es la suma de VALentin + Carmen ENCISO, quienes con una trayectoria comercial en el mundo del vino determinaron un día asociarse para perseguir el sueño de hacer una bodega propia. Así surgió Valenciso en 1998, armándose poco a poco como rompecabezas de vino, hasta sentar buenas bases en el último par de años que les han permitido empezar a diversificarse a nivel de producción.

Así lanzaron su proyecto Valenciso con una filosofía clara y directa de elaboración: un único vino, siempre Reserva, siempre 100% tempranillo y empleando 100% roble francés en su envejecimiento. Y el resultado fueron tintos muy agraciados con vocación de elegancia y buena hechura, a mitad de camino entre la Rioja clásica y la Rioja moderna.

Diego Santana, director de exportación de la bodega, estuvo recientemente de visita en Puerto Rico, lo que dio pie a una intensa semana de catas, cenas y otras actividades en que los enófilos han podido “valencisarse” a la máxima potencia, dejando pocas excusas para no sumergirse en el ejercicio de descubrir unos excelentes tintos de Rioja, aún poco conocidos en nuestro mercado.

Como parte de esta agenda, los amigos de El Almacén del Vino tuvieron la gentileza de invitarnos a una comida de degustación en Ruth’s Chris, en lo más alto del Banco Popular en Hato Rey, lo que nos permitió catar 11 Valencisos armonizados con los sabores del chef Jason González y sazonados con una impresionante vista panorámica desde la Bahía de San Juan hasta el mismo aeropuerto internacional, un recorrido por nuestra costa y playas en un marco de atardecer incomparable y sintonizado con la aptitud de los Valenciso de armonizar con los sabores de aquí.

La degustación encabezada por Santana tuvo varias etapas, de la cual una fue una cata vertical de seis añadas del Valenciso Reserva Tinto que dejó más que constatado el buen potencial de evolución de esta etiqueta que se recorrió desde 1999 hasta 2009, así como su aptitud para el envejecimiento, lo que les convierte en buenas compras a futuro. Sus añadas 1999, 2000 y 2001 sorprendieron por su persistencia frutal a pesar del tiempo, especialmente la del 1999, que mantenía aún buena acidez, pudiendo resistir en botella aún más tiempo. A mí, no obstante, la que me gustó más fue la del 2001, de la que destaco su redondez, carnosidad, y una más notable fruta, con matices a confitura de cereza y arándanos.

El segundo trío abarcó las añadas 2004, 2006 y 2007, notándose ya colores más intensos en copa, y perfiles más definidos entre un vino y otro. De este conjunto, y mi favorito también de la noche, fue el 2004, también con buena acidez y frescor, mucha fruta roja, complejidad y redondez. Me habría gustado haber podido dejar estos vinos más tiempo en copa porque no tengo duda alguna que irían despertando nuevas sensaciones a medida que fueran oxigenándose más.

El último trío de Valencisos tintos lo integró una novedad, una cata de vino de la misma añada de 2009, pero envejecida en barricas de roble de tres orígenes distintos: francés, americano y el menos conocido ruso. Esta porción de la degustación se hizo “a ciegas”, para que los asistentes intentáramos adivinar el tipo de roble empleado en cada copa. Mientras las dos últimas se parecieron más entre sí, la más distinta, y también mi preferida, fue la primera, vino envejecido en roble ruso al que le hallé una fruta más evidente, pero también tonos avainillados, tostados y taninos pulidos. Algo que me sorprendió, porque en el pasado había probado tempranillos envejecidos en roble ruso y tenían un perfil diverso a éste y más afín a las notas de cedro y balsámicas con las que se caracteriza a sus vinos. Cabe señalar que los vinos en roble americano y ruso se han envejecido de forma experimental y Valenciso no los comercializa aún.

Estas nueve copas se fundieron con las creaciones de Jason González, chef ejecutivo de Ruth Chris, quien preparó tres platos para armonizar cada trío de vinos. Para los primeros tres, unos magníficos ravioli de ossobuco con queso y dados de tomate, no sólo deliciosos por sí mismos, sino sobresalientes en su capacidad de complementarse con los tintos más evolucionados, delicados y ligeros de estructura, pero aún con buena fruta. Para los segundos tres, un rib eye con una cocción impecable, carne jugosa y rosada, perfecta para resaltar el vino, que se conjugó maravillosamente con los tonos a pimienta de la carne y se creció con esta armonía. Por último, una chuleta de cordero para la “cata de barricas”, mostrando que las carnes son tal vez el ingrediente más cercano a estos tintos riojanos.

Además de estos nueve tintos, Valenciso presentó un rosado de tempranillo, un vino que se elaboraba para consumo en la bodega, pero que al ver el interés por los vinos rosados en los mercados internacionales se decidió embotellar comercialmente, aunque con una producción muy limitada.

Aunque lo dejamos para el final, el vino con que se estrenó la velada fue Valenciso Blanco, un vino que empezó a elaborarse en 2008 aunque su empuje vino a partir del 2010. Este blanco se elabora con viura, variedad blanca predominante en Rioja, pero también con un aporte de garnacha blanca de cepas viejas, una uva más escasa en la zona. El vino se fermenta y envejece en barrica de roble ruso, y de él destacamos su magnífica acidez y frescura, estructura ligera, sutil toque de madera con delicado matiz almendrado, tonos cítricos y florales a manzanilla, notas salinas y su aptitud para verduras, frutos de mar y frituras que tanto nos gustan.

Los vinos de Valenciso pueden adquirirse en El Almacén del Vino de B. Fernández en Caparra y Ponce, y otros establecimientos a través de Puerto Rico.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.