Los goles de Uruguay Por Rosa María González Lamas el

Leí en uno de esos tantos post de Facebook que un pitoniso de Uruguay había predicho que sería el equipo de ese país el que se alzaría con la victoria en la Copa Mundial de Fútbol que este junio y julio se contempla celebrar en Brasil. ¿A qué todos se acuerdan como Diego Forlán conquistó corazones en la anterior?

Pues hay otros que conquistan, y pongan ojo por si la predicción del adivino se cumple, y son los vinos de Uruguay, que poco a poco van valorándose más en mercados internacionales,

La producción de vino data de antaño en el país, donde se ha elaborado por los últimos 250 años. No obstante, la transformación principal llegó a partir de 1870 cuando Pascual Harriague y Francisco Vidiella, padres de la viticultura francesa en la nación, introdujeron en ésta dos variedades de vid francesas: la follie noire y la tannat. Desde entonces, este última casta se convirtió en la cepa noble por excelencia en Uruguay, gracias a su buena adaptación al terroir uruguayo y a los vinos intensos y estructurados que produce, con cuerpo y tanicidad que ayuda a su longevidad. Sus cualidades la hacen también una buena compañía para ensamblar con otras cepas como la merlot o la cabernet sauvignon, que también se cultivan en el país.

Uruguay es la única zona productora del mundo donde los cultivos de tannat superan en extensión a los que hay plantados en la propia Francia, en concreto en la zona de Madiran, en el Pirineo vasco.

Las uvas tintas dominan en Uruguay por tres a uno, donde, además de la tannat, hay plantadas merlot, cabernet sauvignon, cabernet franc y syrah. El cuarto de blancas se concentra en sauvignon blanc, chardonnay, viognier y torrontés.

Una diversidad de microclimas y suelos aporta muchas posibilidades a la viticultura. Uruguay cuenta con un clima templado y una altitud máxima de 500 metros, y tiene 21 distritos viticulturales registrados, de los que se destaca uno, Canelones, al norte de la capital, Montevideo. La mayor parte de la producción nacional se concentra en bodegas familiares y boutique que controlan muy de cerca la producción y su calidad.

Una de las buenas alternativas uruguayas disponibles en el mercado de Puerto Rico es la de Bodegas Pisano.

Los Pisano llegaron a Uruguay a fines del siglo XIX, respaldados por una tradición elaboradora en Italia de varias décadas. En 1924 produjeron su primer vino en tierras americanas. Hoy elaboran cerca de medio millón de botellas repartido en cerca de 20 etiquetas, siempre manteniendo su esencia artesanal.

Pisano tiene líneas como Río de los Pájaros, que honra al nombre guaraní de Uruguay, que significa precisamente eso en el idioma indígena, pero también se vincula al alto valor que el país confiere a la preservación de sus recursos naturales. Esta línea tiene elaboraciones con torrontés, cabernet sauvignon, tannat e incluso un espumoso a partir de pinot noir.

Los RPF, Reserva Personal de la Familia, son vinos con un mayor envejecimiento en madera, de los que se destaca también un tannat. Están también los Pisano Arrretxea, un 50% tannat con 25% merlot y 25% cabernet sauvignon con más largo envejecimiento.

La pequeña joyita de la colección viene en frasco dulce, el Etxe Oneko, que en vasco significa “de buena casa”, un licor de tannat elaborado a la usanza de los vinos de Oporto y Jerez, deteniendo la fermentación con alcohol. Posteriormente se añade uva sobre madurada y que con sus notas a aceituna en nariz, y puro chocolate en boca es una verdadera delicia.

Los vinos de Pisano ofrecen buen valor por su dinero y pueden adquirirse en El Almacén del Vino de B. Fernández.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.