Dehesa de los Canónigos Por Rosa María González Lamas el

Han estado de visita por Puerto Rico Iván y Belén Sanz, quinta generación de una familia con esencia a pura Ribera del Duero y cuya bodega, Dehesa de los Canónigos, celebró este mayo su primer cuarto de siglo.

Los Sanz, no obstante, llevan en el mundo del vino mucho más que esos 25 años. Los bisabuelos de Iván y Belén adquirieron en 1931 la Dehesa, una explotación agrícola que antaño fue propiedad de la Iglesia, y donde por mucho tiempo se dedicaron al cultivo de uva, que vendían a otras bodegas de la denominación.

Pero en 1989 el padre de esta pareja de jóvenes elaboradores decidió construir una bodega propia para elaborar vino con sus excelentes uvas, haciendo de la materia prima el foco de este proyecto familiar. En 1998 fue Belén quien se hizo cargo de la parte enológica de la bodega, intentando seguir la línea elaboradora que la precedía, pero impartiendo también su propia marca a los vinos.

Con motivo de su presencia en la Isla, los amigos de La Enoteca de Ballester, distribuidor de esta bodega, nos invitaron a una cata almuerzo en Capital, donde Belén compartió un poco de su filosofía elaboradora, habló de la diversidad de suelos entre las 70 hectáreas dedicadas al vino de la finca, las características de las distintas añadas que se recorrieron en copa, su apuesta por el roble americano y cómo ella como elaboradora fue diagnosticando el devenir de los vinos en su proceso de evolución y haciendo ajustes en el manejo de su envejecimiento.

Como no es de extrañar, Dehesa de los Canónigos se centra en vinos tintos, aunque para su elaboración, además de la tempranillo castellana y algo de cabernet sauvignon, emplee algo de la blanca albillo en sus mezclas, siguiendo una tradición de muchos en la región. Iván es quien se encarga de las viñas en la bodega.

Cuatro vinos permitieron constatar, sobre todo, el potencial de guarda de los Dehesa de los Canónigos: Dehesa de los Canónigos 2009, Dehesa de los Canónigos Reserva 2006, Dehesa de los Canónigos Reserva 2005 y Dehesa de los Canónigos Reserva Especial.

Del cuarteto mis predilectos fueron el Dehesa 2009, un vino de una muy buena añada, que me gustó por su estructura y complejidad aromática, con recuerdos de pimienta, setas, flores azules, chocolate, aceite de oliva, eucalipto y mentol, pero más que todo por su carácter mineral, muy terroso en boca, donde también fue muy afrutado y manifestó una estructura con mucho nervio y potencia.

En contraste, el otro que me gustó fue el Dehesa Reserva 2006, una cosecha complicada en la Ribera del Duero, pero que me agradó por su redondez, al ser un vino más pulido y fino tanto en nariz como en boca, donde se perciben muchas especias, mucha fruta, tonos balsámicos a regaliz, tostados, pero también mucha frescura, sedosidad y elegancia. Si bien el primer vino, se envejece íntegramente en roble americano, este Reserva tiene un toque de roble francés, y un poco de uva albillo.

A resaltar la increíble armonía que hizo el Dehesa Reserva 2005, un vino más discreto que el de la cosecha 2006, pero del que un rico budín de pan brioche extrajo magníficos destellos de fruta, transformando dramáticamente al vino, para mejor.

Para celebrar su 25 aniversario, Belén ha estado trabajando en un nuevo vino, que ha designado “Quinta Generación”, y que es un vino con menor tiempo de crianza para resaltar la fruta, pensado también para consumidores más jóvenes.

Ubicada en Pesquera de Duero, la bodega está haciendo también una apuesta por el enoturismo y por la exportación, para la cual Puerto Rico constituye uno de sus principales mercados.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.