Cubanísimo, ¡por Cuba y el vino! Por Rosa María González Lamas el

La cosa empezó más o menos en orden, pero pronto en la mesa empezó a subir el volumen de la conversación, siempre con esa indescriptible habilidad caribeña de poder entenderse aunque sea dando voces porque todo mundo habla a la vez, y alto.

En este caso, además de las voces de los asistentes, hablaron también las de las copas, en sincronía con el ambiente de calidez que se apoderó de nuestra larga mesa familiar en Ropa Vieja, en el Condado, porque es que así sentimos nuestro encuentro, una reunión de familia antillana, con el pájaro de dos alas postrado con cariño sobre uvas pinot noir de Oregón.

El “patriarca” de la mesa  fue el encantador Mauricio Collada, que parecíamos casi conocer de toda la vida, mientras nos iba relatando poco a poco cómo un cubano exiliado en Miami que empezó pintando cosas y casas con su papá, se convierte en neurocirujano que se traslada muy joven a Oregón en busca de oportunidades profesionales, y allí descubre un paisaje que le enamora, y una uva, la pinot noir, que le embelesa por su versatilidad y potencial.

Así, desde Cuba hasta los viñedos del tan en boga destino que es Oregón, nos fuimos con él y los amigos de El Almacén del Vino de B. Fernández en una rumba de pinot noirs para conocer la historia de Cubanísimo Vineyards, su proyecto de bodega en Willamette Valley, donde además de hacer vinos súper agradables al paladar, busca, como buen cubano que no ha perdido su esencia a pesar de muchas décadas en Estados Unidos, ser un anfitrión generoso y divertido de todos sus amigos para celebrar al vino y celebrar a Cuba. No hay más que ver las inconfundibles etiquetas de la botellas, donde se destaca una voluptuosa rumbera y el escudo de la Isla, inspiración de las cajas de cigarros que tanto prestigio han dado al país, un emblema muy único para una etiqueta de vino que tiene vocación de ensamblar la cultura del vino con la cultura del Caribe.

Con ese espíritu de hermandad y alegría alrededor de la mesa fue que Collada hizo tan grata la presentación de dos de sus vinos durante su primera visita oficial como bodeguero a Puerto Rico, una tierra que le tira y que ha visitado muchas veces.

En 1986 compró el terreno de la bodega, plantó las uvas en 1991 y en 2003 comenzó el proyecto comercial de pinot noirs, una uva que considera una magnífica opción para que la gente se introduzca al vino, por ofrecer una gama de estilos y niveles de expresión, pero también una facilidad de trago y una importante aptitud gastronómica, que hace a sus vinos extraordinarios acompañantes de la cocina puertorriqueña y cubana.

Los Cubanísimo son vinos que se entienden fácil en idioma caribeño. La bodega elabora un blanco de uva pinot gris, un rosado de pinot noir y otras dos etiquetas tintas, que fueron las que disfrutamos con Mauricio en Ropa Vieja en el Condado mientras le entrábamos el diente a un delicioso risotto de queso con chicharrones.

El primero, el Rumba Pinot Noir, un vino que en su cosecha 2010 fue súper pálido, no se sabe si definirlo como un rosado que aspiró a ser tinto o un tinto que prefirió quedarse rosado, y que destacó por sus recuerdos a cereza que luego dieron paso a un perfume a guayaba, y tonos de crianza muy sutiles, en un vino afrutado y fácil, no excesivamente alcohólico y que pretende que todo el mundo pase a la siguiente copa y se suba al tren del vino, como en una fila de conga en el Tropicana o en la Calle Ocho.

El otro pinot noir, el Estate Pinot Noir, tiene un poquito más de estructura, mayor intensidad en nariz, más matices de crianza, pero también es un vino fácil y delicioso, como lo es su precio. Las uvas de esta etiqueta proceden todas de la viña que rodea la bodega, aunque para el anterior, compran alguna a otros productores. Cubanísimo elabora también un vino reserva, pero sólo en algunas añadas.

Me despedí de Mauricio con pesar porque habría podido quedarme conversando con él por horas, sazonando la conversación con sorbos de sus pinot noir. Luego de esas pocas horas de rico intercambio con él y otros apreciados amigos del vino, le dije hasta luego con la sensación de que le había conocido de hacía mucho, y que sus vinos iban a ser el inicio de una larga amistad vinculada por nuestra pasión por el vino y el orgullo por nuestra caribeñidad.

Cubanísimo ¡Alabao!

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.