Leda, a los pies del Duero Por Rosa María González Lamas el

Unos de los vinos que me apena su distribuidor haga poco por él, son los de Bodegas Leda que, a consecuencia de tener amplios stocks de su etapa previa, nos estamos viendo privados de disfrutar en la nueva era de botellas que comenzó hace cinco años cuando Bodegas Mauro y el Grupo Masaveu la adquirieron para revitalizar uno de los proyectos de vino más interesantes de la zona del Duero.

Bodegas Leda se fundó a fines de la década del 1990 con el objetivo de hacer un proyecto singular de grandes vinos de tempranillo, cimentado en la búsqueda, localización y control de viñedos viejos que reuniesen lo mejor de los diversos y heterogéneos terruños del valle del Duero, ya que Castilla-León tiene un magnífico potencial de viñas viejas de esta variedad de uva.

Hace cinco años, Bodegas Leda iniciaba una nueva etapa empresarial con su adquisición por parte de Bodegas Mauro y Bodegas & Viñedos de la Casa Masaveu, lo que permitió a esta bodega de Castilla León continuar una andadura marcada por vinos con la más pura raza de los que baña el río Duero, y a la vez con una de las identidades mejor definidas por la suma de terruño, uva y elaborador.

Ubicada en una discreta casona del siglo XIX en Tudela de Duero, una villa precedida por la alta reputación de sus vides, durante este lustro Leda ha completado satisfactoriamente los objetivos estratégicos que se había impuesto para la nueva era, organizando la casa en todos los sentidos, acomodando su estructura operativa y administrativa para hacerla más práctica a nivel funcional y viable a nivel financiero.

A cargo de ese proceso productivo las dos cabezas y cuatro manos de Eduardo García y César Colás, quienes han impartido al proyecto la filosofía de la familia García de elaborar vinos con personalidad, sentido de origen, elegancia y vocación de perdurar.

Las uvas para los Leda se surten de diversos puntos de la región del Duero, buscando sacar partido de la diversidad y heterogeneidad de los terruños de la zona y sus viñas viejas.

Una sala de elaboración con depósitos troncocónicos de inox, algunas barricas adyacentes y otras en un nivel inferior para el Leda Viñas Viejas, resumen esta bodega que abre sus puertas al río que da carácter a sus vides.

La bodega ha mantenido sus dos etiquetas, Mas de Leda y Leda Viñas Viejas, pero estilizando al primero algo más que en su etapa previa. Entre cada una hay una definida demarcación, presentando al Viñas Viejas como un vino intenso, mineral, opulento y elegante, y al Más de Leda, como uno amable, primario, fresco, accesible y jugoso.

En una reciente visita a la bodega pude catar el Mas de Leda 2013 y el Leda Viñas Viejas 2011. Esta última etiqueta estuvo verdaderamente impresionante, un vino complejo y opulento en aromas, robusto en estructura, sin duda uno de los grandes vinos de la zona, y excepcional con un buen lechazo de la Tierra del Sabor que es Castilla-León.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.