La chispa boricua en las burbujas de cava Por Rosa María González Lamas el

Caves Mont-Ferrant y Puerto Rico están unidos de manera indisoluble en la figura del catalán Agustí Salví Bruno Vilaret, fundador de esta bodega, adquirida gracias a los recursos obtenidos durante su aventura indiana en nuestra Isla durante el siglo XIX.

Vilaret, natural de Blanes, en Cataluña, llegó a Puerto Rico en su adolescencia, con poco equipaje, pero buenas cartas de presentación, en una coyuntura de crecimiento comercial, gracias a las reformas administrativas y económicas emprendidas por los Borbones en la segunda mitad del siglo XVIII en España, y que se reajustaron a raíz de la independencia latinoamericana, como resultado de la cual Cuba y Puerto Rico permanecieron como únicas colonias españolas en América.

En la Isla, se desempeñó como administrador de la hacienda de la familia Verdaguer-Massó en Guayama, con una de cuyas hijas se casó. Luego de su regreso a España en 1862, Vilaret adquirirá Mas Ferran, donde fundaría Mont-Ferrant, entre otros proyectos comerciales.

Con dicha compra, Vilaret buscaba algo más que prestigio social o una forma de exhibir su prosperidad indiana. Mas Ferran tenía por objetivo ser la base de la industria de vinos espumosos que Vilaret quería fundar en Blanes. Para entonces, la elaboración de espumosos en Cataluña era una actividad incipiente. Mont-Ferrant sería la marca de los vinos que posteriormente empezarían a cosechar también diversos laudos. Entre éstos, algunos en certámenes de los Estados Unidos, a los que se cree se presentó con el objetivo de obtener un prestigio que le permitiera mercadear sus cavas, entonces aún denominados champanes, en Cuba y Puerto Rico. Sus cavas fueron también seleccionados para homenajear al rey Alfonso XII en una de sus visitas a la Ciudad Condal.

Las cavas de la bodega Mont-Ferrant son las más antiguas que continúan en operación en Cataluña. Vilaret inició formalmente su etapa como elaborador de cava en 1865, un período de aprendizaje que se extendió hasta 1871. Como pionero de una nueva industria, enfrentó muchas dificultades en el camino, como el arrase de la filoxera, o los retos de la comercialización, el establecimiento de aranceles y la falta de protección aduanera, sin contar con los prejuicios hacia el producto nacional en comparación con el francés. Se dice que los cavas que exportaba a las Filipinas tenían una etiqueta doble, la de Mont-Ferrant cubierta por una francesa, para que cuando alguien elogiara al vino, pensándolo extranjero, se pudiera remover la primera etiqueta y demostrar que el vino era catalán.

Vilaret dedicó algunos años a experimentar con cepas tenidas por más idóneas en la elaboración del champán francés, para obtener un vino limpio y agradable al paladar. Para ello usó variedades autóctonas españolas, pero también aclimató otras foráneas como la Pinot Noir, utilizada en la región francesa de Champagne.

Fue además un estudioso de la elaboración de espumosos de método clásico, de su clarificación como vino delicado y transparente y del momento óptimo para realizar vendimias. Introdujo el uso de una cola de pescado usado en Champagne como método para limpiar impurezas del vino base del cava.

A pesar de radicarse nuevamente en España, mantuvo intereses en Puerto Rico hasta morir. A lo largo de su vida, Vilaret incursionó en la política y la literatura. Enamorado de su tierra, también lo fue de la puertorriqueña, cuyas vivencias conservó en su memoria de manera entrañable, recordando la suavidad del clima, la belleza del paisaje, la gran variedad de frutas y verduras, los bailes alegres y la gracia de la mujer antillana. Aunque la bodega ha cambiado de propietarios, su producción continúa hasta el día de hoy.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.