Durigutti, entre Toscana y Mendoza Por Rosa María González Lamas el

Los Durigutti llegaron de Italia a Argentina hace tres generaciones, pero sólo fue cuando Héctor y su hermano Pablo se interesaron en la vitivinicultura y edificaron una bodega que se forjó una nueva generación familiar cimentada sobre una visión de futuro en el vino.

A Héctor Durigutti siempre le gustó el campo. De ahí surgió su romance con las uvas. Estudió enología con perspectiva europea, una que ensambló con los cánones americanos de un nuevo mundo de vinificación con la que se formó Pablo, y así crearon una bodega que combina su sentir sobre cómo expresar diversas facetas del terruño argentino en botella y proyectarlas al mundo con vocación exportadora.

Juntos eligieron como casa para los vinos de familia una antigua bodega donde fusionaron en equilibrio antiguas técnicas de elaboración con las más modernas tecnologías aplicadas a extraer lo mejor del terruño en vinos de parcelas únicas y también con mezcla de ellas.

Los vinos de Familia Durigutti son vinos con mucho equilibrio, carnosidad y carácter mineral, que deja una sensación que hace casi percibir en el paladar el suelo donde crecen las vides. La bodega elabora varias líneas: Durigutti Varietales, blancos y tintos que buscan la expresión de las cepas y se pulen con un año en madera; Durigutti Reserva, tintos que combinan los terruños del Valle de Uco y Luján de Cuyo y pasan 16 meses en roble francés; y Durigutti Familia, el vino top de la bodega, un malbec que busca expresar todo el potencial de Mendoza y un pase por roble francés de 24 meses.

En su más reciente visita a Puerto Rico he estado degustando con Héctor y otros amigos algunos de sus mejores tintos, mientras se dilucidaba quién encestaría más bolas entre Puerto Rico y Argentina en rumbo a Mundo Basket.

Me han gustado particularmente tres. El primero, Durigutti Reserva, un malbec muy afrutado y de fácil trago que ensambla uvas de dos zonas distintas de Mendoza.

El segundo el Durigutti Cabernet Franc, un vino aún no disponible en Puerto Rico, pero magnífica propuesta tinta de una de mis uvas favoritas y con la que Argentina está produciendo vinos sobresalientes. Éste, en concreto, combina uvas de dos zonas distintas de Mendoza y es perfumado, floral, con tonos ahumados y tostados y tiene un marcado carácter balsámico y mineral con matices de grafito que se ensamblan en un vino redondo y elegante y que en Estados Unidos se vende a un precio imbatible.

Por último me encantó el Durigutti Familia, un blend de 85% malbec con restantes cabernet franc, syrah y bonarda que es complejo, robusto, estructurado, casi opulento, pero elegante y bien equilibrado, con mucha fruta madura y notas ahumadas, torrefactas y especiadas de su crianza. Un vino que pide comida y que sé que encantará a quienes sean fanáticos de los tintos robustos de Napa Valley.

Antes de fundar su bodega, Héctor Durigutti trabajó en y fuera de Argentina en proyectos como Melipal, Renacer o Alto Las Hormigas, esta última en conjunto con Alberto Antonini, con quien sigue elaborando vinos en la Toscana italiana.

Los vinos de Familia Durigutti se consiguen en restaurantes y en Bodegar, una tienda que no deben de dejar de visitar los fanáticos de los vinos de Argentina, y que ubica en la misma carretera que pasa frente al Canal 4 y el Hospital del Niño en Guaynabo.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.