Vino en Ecuador Por Rosa María González Lamas el

Si usted me pregunta cuál será la próxima cocina “to watch”, le diría sin pestañear que me parece que la de Ecuador.

Mientras muchos se empeñan en mirar al norte o a Europa como referencia coquinaria, yo les diría que adonde tienen que mirar es hacia el Sur, uno de cuyos secretos mejor guardados es el país que divide dos hemisferios.

Tuve la enorme fortuna de haber sido invitada a impartir unas conferencias sobre turismo y gastronomía, y tendencias de servicio en hotelería y restauración dentro del marco de Ecuador Cultura Gourmet, oportunidad que resumo como una que brindó una de mis más memorables experiencias gastronómicas, pletórica de descubrimientos y sabrosas sorpresas.

Ecuador lo tiene todo. Climas diversos, al dólar como moneda, una gran historia, riquezas naturales, un gran patrimonio y sensibilidad culturales, una excepcional cultura de servicio, un enorme interés en potenciar la gastronomía y profesionalizar su recurso humano y, sobre todo, una impresionante riqueza de alimentos para tener éxito en la tarea.

Y además de todo esto, tiene vinos. No sólo los importados que llegan de diversos países del mundo, sino también vinos ecuatorianos. Pocos, pero algunos muy dignos.

A través de diversas jornadas pude satisfacer mi curiosidad de probar vinos nacionales, algunos de los que me dejaron buen recuerdo.

El vino en Ecuador se elaboró con uva importada hasta no hace demasiado tiempo. En los últimos años, sin embargo, se comenzaron a plantar más vides en el país, primero para consumo interno como uva de mesa y, de manera más incipiente, para la elaboración de vino.

Los proyectos de viñedo en el país comenzaron a plantarse en las últimas dos décadas, y hoy Ecuador cuenta con un pequeño puñado de bodegas de las cuales la más sobresaliente es Dos Hemisferios, de la que gran parte de la producción es adquirida por la Presidencia de la República para emplearla en sus actos oficiales.

Este proyecto de bodega comenzó como afición en 1999, pero tuvo tan buenos resultados que con el tiempo sus propietarios determinaron tornarlo comercial, con tanto éxito que incluso han ganado premios internacionales. Su viñedo se encuentra en San Miguel de Morro, en la provincia del Guayas y bastante próximo a la costa.

En un inicio la bodega plantó uvas de mesa, con tan buenos resultados que en 2004 determinó cosechar uvas para vino, con lo que trajeron cepas nobles de Argentina y el norte de Brasil, y contrataron a Abel Furlán, un enólogo de Mendoza, como asesor. Las uvas se aclimataron muy bien al terroir ecuatoriano donde, como en otras zonas de nuevas latitudes, se producen dos cosechas al año.

La bodega elabora cinco marcas, entre las que mi preferida fue Travesía, un monovarietal de Cabernet Sauvignon bastante típico de la uva, un vino fácil, agradable, con matices de vainilla, toffee y un final por donde luego aparece algo de pimiento verde. Muy amigable también para armonizar comida.

Otro vino curioso es el blanco Chaupi Estancia, un 100% palomino fino, uva que se usa para los vinos fortificados de Jerez y que ha ido cayendo en desuso en España para vinos tranquilos. En Ecuador parece haberse aclimatado bien, y este vino es agradable y bien construido, aunque con un perfil muy diferente al que está acostumbrado el blanco paladar portorricensis.

Cabe indicar que también bebimos algunos vinos ecuatorianos poco memorables. Y aunque no llegamos a probarlo, se ha elaborado también un vino conmemorativo del gran artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamín que, curiosamente, no es elaborado por bodegas ecuatorianas.

El consumo del vino en Ecuador, a pesar de las férreas restricciones del gobierno a su publicidad, sigue creciendo imparable, pasando por un enfoque muy de educación, gracias al trabajo importantísimo que realiza en el país su Cofradía del Vino, una institución sin fines de lucro que se encarga de capacitar tanto a consumidores como a profesionales del servicio para que no le den a nadie gato por liebre y, algo más importante, que ha logrado unir a todos los actores de la industria del vino como una sola fuerza y en un solo evento, su gala bienal, contrario a lo que sucede en Puerto Rico, donde el vino se fragmenta en las parcelas de cada distribuidor, la multiplicidad de agrupaciones enófilas y de “expertos”.

A medida que se fortalezca y se dé a conocer mejor el sector gastronómico ecuatoriano, también lo hará el vino en el país. Supongo también que, como consecuencia, también se potenciará la industria vitivinícola de Ecuador.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.