Las sorpresas de las catas a ciegas Por Rosa María González Lamas el

Algo que no hacen la mayoría de las guías de vinos es evaluar a ciegas los que van a puntuar. Sí lo hacíamos el panel de cata en la aún extrañada Revista De Vinos de El Nuevo Día, cuando, bajo la tutela de nuestro apreciado Paco Villón, vestíamos todas las botellas de papel de aluminio colocando apenas un número para poder identificar luego los vinos que más habían gustado al conjunto de catadores, libres de cualquier presión o prejuicio comercial, y dejando que fuera únicamente el vino el que hablara.

Algunos de quienes hace años participamos en aquellos paneles de cata tuvimos hace pocos días un magnífico flashback de aquellos tiempos gracias a la invitación que el especialista en vinos Jorge Wolf y los amigos de Bodegar-CC1 nos hicieron para participar junto a un grupo de sumilleres, propietarios de restaurantes y consumidores con un alto nivel de conocimiento sobre vinos, en una magnífica cata a ciegas de diez de las etiquetas más exclusivas de algunas de las bodegas de este importador.

Las catas a ciegas son uno de los mejores instrumentos para que el consumidor evalúe un vino sin prejuicios y con la única referencia de su propio paladar. En De Vinos, las catas a ciegas eran temáticas, es decir, de una variedad de uva, de un estilo de vino, o de una zona en concreto, pero también hay catas a ciegas, como la de Bodegar, en que el colectivo de vinos a catar cuenta con uvas, procedencias y añadas diversas, añadiendo un nuevo reto: el de tratar de asociar el perfil en nariz y boca de cada vino catado con las distintas etiquetas que componen la lista de cata, intentando armar así un complicado rompecabezas de uvas, terruños y añadas.

Lo importante de todo el ejercicio es tomar buenas notas de las características del vino para tratar de crear un perfil que permita identificar uva, procedencia, añada y productor a base de elementos como la tonalidad del vino, sus matices aromáticos, su tanicidad y nivel de astringencia, sus puntos de dulzor, el sabor en boca, su concentración, la forma cómo se desliza por el paladar o cuánto persiste en éste una vez se completa el trago.

Pero lo más interesante que nos permitió el ejercicio que hicimos en Bodegar fue un colorido y enriquecedor intercambio de opiniones, un dinámico debate entre unos 30 catadores sobre nuestra percepción organoléptica de cada vino, sobre cómo todo eso nos dirigía a asociarlos a zonas de Viejo y Nuevo mundos, regiones o etiquetas específicas, además de ir descubriendo nuestros vinos favoritos.

En la cata se incluyeron cuatro vinos españoles (dos de la zona del Duero y dos de Rioja), tres Malbecs argentinos (dos de Mendoza y uno de Cafayate) y tres Cabernet Sauvignon californianos (dos de Napa Valley y uno de Sonoma).

Al revelarse puntuaciones y desvestirse las botellas llegaron las sorpresas, lo que sin duda constituyó la parte más divertida de la cata.

Lo primero, no demasiados aciertos identificando etiquetas concretas. Lo segundo, imprecisiones sobre las asociaciones sobre los orígenes del vino en materia de Viejo o Nuevo Mundo, aunque algunos vinos españoles fueron más fáciles de identificar como tales que lo que quizás fueron los argentinos y californianos. Fue ahí quizás la mayor burundanga y la mayor sorpresa que permitió descubrir a catadores declarados súbditos de los Cabernet Sauvignon de California, que también podían gustarle mucho los Malbecs argentinos y, que entre éstos, los hay también de mucho nivel.

Esto planteó varias reflexiones adicionales. ¿Falta tipicidad en los vinos o ha dejado de ser la tipicidad algo importante para el elaborador o el consumidor? Hace tiempo un amigo enólogo me dijo que una de las cosas más importantes de un vino era ser representativo de su origen, y en la cata se vio que muchos de los vinos no dejaban muy clara su procedencia. El vino preferido de la noche, el californiano Louis Martini Lot 1 2009, yo estaba convencida era un Malbec de Mendoza, porque mostraba muchas características de esa uva en ese territorio argentino.

Otra reflexión importante es que de los cinco vinos favoritos del grupo, cuatro procedieron del “Nuevo Mundo” y tres de ellos de Argentina. Significa que aunque apenas los tenemos por vinos de buen precio, en Argentina se hacen vinos de clase mundial. Pero también que el paladar del grupo de catadores se inclinó por vinos del Nuevo Mundo.

La tercera observación fue en materia de precio, pues si bien el vino preferido del grupo fue también uno de los más caros de la muestra, los otros cuatro predilectos fueron de los menos costosos del colectivo. Así que no siempre mayor precio es indicativo de mayor nivel de calidad.

Para resumir, les cuento que los tres vinos preferidos de la cata fueron #1, Louis Martini Lot 1 2009, un Cabernet Sauvignon de viñedos excepcionales, envejecidos en barricas que se designan por lote, un vino con notas muy florales y minerales a grafito, mucha fruta negra, tonos de chocolate, jugoso y carnoso, muy pulido en boca, bien equilibrado entre madera-fruta-alcohol, y muy elegante. El #2, Pujanza Norte 2008, un tinto español (mayormente tempranillo) de la Rioja Alavesa, con muy buena acidez, taninos maduros, notas salinas, ricos tostados y ahumados y buena fruta. El #3, Trivento Eolo Malbec 2008 de la bodega que regenta la chilena Concha y Toro en Mendoza, un tinto argentino con fruta madura, tonos tostados y especiados, buena acidez, notas licorosas, anisados y mentolados, taninos pulidos y mucha elegancia. Este último y el Louis Martini fueron también dos de mis vinos favoritos.

Gracias a los amigos de Bodegar, ubicada en Guaynabo, entre Garden Hills y la Ave. Jesús T. Piñero, por una excelente experiencia de cata a ciegas que invitamos a los amigos de Divinísimo en Sal! a hacer de vez en cuando.

Los vinos de la cata, en orden de preferencia colectiva fueron:

  1. Louis Martini Lot 1 (Napa Valley)
  2. Pujanza Norte 2008 (DOCa Rioja)
  3. Trivento Eolo Malbec (Mendoza, Argentina)
  4. Yacochuya Malbec 2003 (Cafayate, Argentina)
  5. Lamadrid Matilde Malbec 2007 (Mendoza, Argentina)
  6. Aldeasoña 2005 (VT Castilla y León)
  7. Pujanza Cisma 2009 (DOCa Rioja)
  8. William Hill Cabernet Sauvignon 2007 (Napa Valley)
  9. Louis Martini Monterroso 2009 (Sonoma)
  10. Neo Punta Esencia 2009 (DO Ribera del Duero)

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.