A lo Riqueño en los kioskos de Luquillo Por Glorysselle López el

Generalmente, visitamos los kioscos de Luquillo con la idea de chinchorrear… Comernos algunas frituras (bacalaitos, alcapurrias, piononos…) y darnos un par de cervezas en familia o con los amigos. Esta vez, sin embargo, tenía bastante más hambre, así que me di a la tarea de buscar otras alternativas y por eso recorrí toda el área. En esa búsqueda descubrí el kiosco #15, el restaurante Riqueño… Fonda Creativa.

Estuvimos mirando el menú. Sin lugar a duda, una oferta interesante y a muy buen precio. Sin embargo, no nos decidimos a entrar hasta que el dueño, muy amable, comenzó a hablar con nosotros y nos mostró el pescado fresco que tenía disponible, además del plato del día: pernil con arroz con gandules. Justo andaba con antojo de lechón ese día.

El pequeño pero acogedor restaurante cuenta con un salón y un área de terraza donde se encuentra la barra. Decidimos sentarnos en el salón. Allí, nuestra mesera, vestida con traje de jíbara, comenzó a atendernos. Para comenzar, ordenamos unas cervezas que nos trajeron en un “mini bucket” con hielo para que no se calentaran. Muy buena idea. Como aperitivo ordenamos unas arañitas. Estaban crujientes y venían levemente bañadas con un mojito, y acompañadas de la ya famosa salsa “mayoketchup”. Yo decidí comerlas con la salsa picante de parcha que tienen en su mesa. ¡Espectacular! Mientras esperábamos, nos deleitaron con un rico sancocho por la casa. ¡Delicioso! ¡Nos quedamos con las ganas de más!

Como plato principal, ordenamos el especial del día: arroz con gandules y pernil, aunque pedí que me sustituyeran el arroz con gandules por el arroz mamposteao. El pernil estaba tierno y muy bien sazonado. El arroz mamposteao tenía el delicioso sabor a la sazón de aquí. Le añadieron unos pedacitos de plátano maduro para darle un toque dulzón.

También ordenamos el pescado del día: colirrubia. La chef vino hasta la mesa para que eligiéramos cual queríamos que nos preparara. Este pescado lo prepararon frito y vino acompañado de tostones y ensalada verde.

Otro de los platos principales que ordenamos fue el mofongo relleno de churrasco. Estaba delicioso, con el toque perfecto de ajo y los crujientes chicharrones. El churrasco venía bañado en salsa chimichurri.

Para terminar, ordenamos el tres leches y el dulce de lechosa con queso del país. Ambos venían con un toque de guayaba por encima. También, cuenta, con el mousse de parcha entre sus postres; al parecer, es su especialidad.

La experiencia en general fue encantadora. El servicio fue muy bueno. El dueño de este acogedor restaurante está muy orientado al detalle, y está muy pendiente a que sus comensales salgan satisfechos del lugar.

¡Buen Provecho!