Argentina, malbec y mucho más Por Rosa María González Lamas el

En Argentina halló la malbec de Cahors un nuevo hogar en América que la hizo célebre. Y ella al país. Tan bien se adaptó a éste que hoy día la Argentina se identifica como la tierra del malbec, uva que representa el 15% de la superficie de viña plantada allí. Y si bien esta cepa predomina en este país del Cono Sur, no menos lo es que en Argentina se dan bien otras cepas blancas y tintas que rinden vinos muy buenos.

Para muchos elaboradores, después de la malbec quizás no hay ninguna otra tinta con más potencial que la Cabernet Sauvignon, esparcida por toda la geografía del país. Como ella, la Syrah, empleada tanto en blends como vinos monocasta y abundante en la provincia de San Juan.

Otra tinta muy cultivada es la bonarda, una de las uvas tradicionales de Argentina a la que por mucho tiempo no se le consideró uva fina y se empleó más bien para aportar color a los blends. Hoy, prolifera su uso, al rescatársele para vinos de alta calidad, tanto en mezcla como en solitario. La bonarda aporta aromas florales y frutales intensos de estructura media y armoniosa, sabores muy maduros, aterciopelados y elegantes, lo que permite que sus vinos puedan beberse incluso en su juventud. Se destaca por su brillantez de color y aromas a mora, frambuesa, cassis y cerezas, con un fondo especiado.

Pero si hay una cepa que está alcanzando niveles sorprendentes es la cabernet franc, una uva empleada tradicionalmente en ensamblajes bordeleses, que en Argentina no sólo se usa para blends, sino que está rindiendo vinos monovarietales muy elegantes que no es exagerado afirmar se posicionan entre los mejores referentes de esta uva en el mundo.

En la misma línea de la cabernet franc está la petit verdot, también empleada tradicionalmente en ensamblajes, pero que empieza a verse en algunos monovarietales muy interesantes, y la tannat, una cepa de origen vasco francés, quizás más asociada a Uruguay, pero que en Argentina, especialmente en la región de Salta, está produciendo vinos monovarietales de muy alto nivel y con un buen potencial de envejecimiento.

Otra de las uvas que está produciendo también tintos muy bien estructurados es la tempranillo, que lejos de pensarse recién llegada tiene incluso cepas centenarias en la Argentina, un país al que se ha aclimatado muy bien. En contraste con la tempranillo española, algunas bodegas elaboran también tintos con sangiovese italiana.

En la uva torrontés tiene Argentina el emblema de su producción blanca, con vinos muy distintivos, aromáticos y, en el caso de la provincia de Salta, también con un aporte mineral que les confiere una elegancia de clase mundial. Se dice que la torrontés, que también se usa para vinos espumosos y de cosecha tardía, es un cruce de uva misión y moscatel de Alejandría, con un equipaje de intensas fragancias a frutas y flores.

Otra cepa algo más escasa pero con iguales buenas muestras es la viognier, que hoy aún sigue siendo minoritaria. Es una de las blancas destacadas en la provincia de San Juan y se emplea para elaborar vinos tranquilos, espumosos y de cosecha tardía.

Otra uva que genera interés entre algunos de los elaboradores es la sémillon, una cepa francesa que aunque se volvió minoritaria en Argentina, se adaptó muy bien al territorio y no deja de ser atractiva para enólogos, especialmente los de formación francesa, bien familiarizados con esta uva popular en Burdeos, donde también abunda otra que se usa bastante en Argentina, la sauvignon blanc.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.