Destino Panamá Por Rosa María González Lamas el

He tenido el privilegio de que la organización del congreso culinario Panamá Gastronómica me haya invitado una vez más a compartir con ellos una nueva edición de la más importante cita gastronómica de Centroamérica, que en apenas cuatro años ha tenido una evolución dramática, como lo ha tenido el sector gastronómico y la industria de restaurantes del país, gracias, en parte, a la influyente labor de este evento en la apuesta por una nueva cocina panameña y la valoración de los ingredientes de tierra y mar del país como base de una sólida gastronomía nacional.

Sorprendidos por un acelerado crecimiento económico y turístico que ha traído al país del Istmo más inversión hotelera de peso que al propio Puerto Rico, los panameños han sabido ir poniéndose rápidamente las pilas para responder a esa nueva realidad que les hace anfitriones de visitantes de todo el mundo, como antaño lo fueron de todos los inmigrantes que llegaron al país para la construcción del Canal.

Por ejemplo, uno de los lugares ineludibles de cualquier visita a Ciudad de Panamá es su mercado de mariscos, un lugar casi pintoresco, si se compara con otros mercados de pescado del mundo, pero que a los puertorriqueños nos debería de servir de estímulo para forjar la industria pesquera comercial de la que carecemos y que obliga a muchos de nuestros cocineros a traer sus pescados de fuera de nuestras costas. Algo que no sucede en Panamá, donde la materia prima del mar abunda, toda surtida de los mares que la rodean.

Podría hablar mucho sobre la sólida base agrícola nacional en que se cimenta el desarrollo gastronómico de Panamá, que el pasado año ha incorporado a su oferta nuevos locales como Humo, del gran cocinero panameño Mario Castrellón; Madrigal, la aventura en el casco histórico del español Andrés Madrigal; Riesen, la apuesta por una nueva cocina panameña de Hernán Correa; o Solo, una cocina de autor a dúo entre el español David Quesada y el panameño Alfonso Victoria Riande. Una a la que yo recomendaría a los cocineros de Puerto Rico echar un vistazo por la cantidad de ingredientes que compartimos, elementos culturales comunes y el reto de la humedad que se enfrenta en muchas elaboraciones en las cocinas.

Pero de lo que me apetece comentar más es de la selección de locales de shopping vinícola y gourmet que ofrece Ciudad de Panamá a cualquier sibarita que se precie. Y es que Panamá es un magnífico destino de compras entre las que no se escapan las gastronómicas, además con cartas de vinos que también se han enriquecido y diversificado gracias al surgimiento de consumidores más interesados y educados, y de visitantes con nuevos gustos y exigencias.

Los enófilos como yo tienen un destino imperdible en Felipe Motta, el principal importador de vinos del país, con un sinnúmero de tiendas repartidas a través de Ciudad de Panamá y el país. La más interesante, sin duda, su sucursal de la zona de Marbella, un verdadero emporio de vino y productos gourmet, donde hay marcas de Nuevo y Viejo Mundo no disponibles en Puerto Rico, además muchas que nosotros tenemos, pero algunas a precios mucho más competitivos. Motta tiene, además, una vocación muy sólida con la educación en vinos, ofreciendo infinidad de cursos y seminarios, además de eventos, como su próxima feria de vinos este octubre, donde decenas de bodegas darán a catar sus vinos en un encuentro similar a muchos que nuestros distribuidores organizan localmente, con la diferencia de que en Panamá, la entrada cuesta apenas unos $25, que se pueden aplicar a compras de vino. ¡Vaya contraste con los cien y más dólares que eventos similares nos cuestan aquí!

Como Motta, hay otros locales como Spirits Wine Group, en Obarrio, o la tienda de Varela Hermanos, en Costa del Este, donde puede disfrutar de un símbolo líquido de Panamá, el Ron Abuelo, entre cuyos fanáticos me encuentro.

Otro destino hecho a nuestra medida es Bon Vivant, un espacio de tienda y café gourmet en la zona de San Francisco donde pueden hallarse las más exclusivas exquisiteces nacionales, europeas y de América Latina, como los chocolates venezolanos de El Rey o los ecuatorianos de Pacari; aceites de oliva virgen extra, vinagres y una extensa selección de productos, quesos y embutidos españoles y franceses; los más deliciosos panes made in Panamá, una impresionante cartera de cervezas artesanales europeas; buenas opciones de vermuts, licores y amplia gama de vinos del mundo, muchos no disponibles en Puerto Rico y con precios muy atractivos. Les aseguro que el mejor pa amb tomàquet de mi vida no me lo he comido en Cataluña sino en Bon Vivant, elaborado con pan de la panameña Miranda Bakery.

Y es que en Panamá adoran el pan y el dulce, y otro local indispensable cerca de Bon Vivant es Athanasiou, una pastelería y panadería especializada en repostería griega, que pronto se va a expandir. Planes para la ciudad tiene también la mítica Fauchon, que si antes tuvo un espacio en Felipe Motta, ahora programa la apertura de una tienda en propiedad en el país. Con una importante colonia judía, en Panamá también hay varios locales especializados en productos kosher. Y con sucursales tanto en el centro de la ciudad como en Clayton, más cerca del Canal, Grand Deli Gourmet es otro mini templo de compras gourmet repleto de productos del mundo.

Para disfrutar vinos hay vinotecas como Vinarius, en el hotel Trump, o Divino, en el casco histórico, donde también se puede hallar un rum bar de Havana Club, la micro cervecería artesanal La Rana Dorada, o un sitio para no perderse, la Heladería Grand Clement, con algunos de los mejores helados artesanales que he probado. Los de lavanda y limonana, de limón y hierbabuena, son sensacionales.

Una de las joyas gastronómicas de Panamá es su café geisha, una variedad que se cotiza a más de $ 300 dólares la libra y que es simplemente clase aparte. Elegante, floral, delicado, es uno de los íconos gastronómicos panameños cotizadísimos internacionalmente, pero muy escaso dentro del propio país. Así que compra obligada es alguna bolsita de esta taza de dioses que se puede conseguir en Té Café, en la Avenida Israel, o en Café Bajareque, un coffee shop muy agradable en el caso histórico, no lejos de la casa de Rubén Blades, donde se sirven en exclusiva los cafés en propiedad de Finca Elida, en la zona cafetalera de Boquete.

Por último, si en algún centro comercial se cruza con un kiosko de Chovi Mini Donas, no deje de probarlas. Son creación del chef puertorriqueño Kalych Padró, radicado hace años en Panamá.

Cada vez me gusta más Panamá. Les invito considerar su sabor en un próximo viaje.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.