Comida criolla a otro nivel en la Casita Miramar Por Glorysselle López el

La Casita Miramar provoca visitarlo con solo leer el menú y ver las fotos que suben a su página de Facebook. Cada vez que veía un plato, quería salir corriendo al restaurante. Así pasó el pasado sábado, cuando descubrí los aguacates rellenos, los rellenitos de pana y… Bueno, mejor les cuento cómo me fue.

A la llegada al restaurante, recibimos una calurosa bienvenida y de inmediato nos dirigieron hasta la mesa frente al ventanal. La decoración del restaurante nos remonta a antaño. Muebles coloniales, antigüedades y fotos de ayer mientras se escucha música (en volumen agradable) del pasado, hace que uno se transporte a la época en la que comer juntos en la mesa era toda una tradición.

Para comenzar, ordenamos la sangría de acerola y una limonada con menta. Las dos bebidas estaban preparadas con frutas frescas, sabrosas y refrescantes. Papaya, limón, piña y carambola (o fruta estrella) fueron algunas de las frutas que pudimos distinguir en la sangría. Inmediatamente, nos trajeron una porción de bacalaítos fritos y una sopita de plátano… por la casa, para ir entonando.

Como aperitivo, ordenamos las bolitas de pana y las almojábanas. Ambas estaban perfectamente fritas, crujientes por fuera y cremosas por dentro. Las bolitas de pana, rellenas de pollo y queso mozzarella, fueron servidas con una salsa de mamey. Las almojábanas, que tenían un delicioso toque de coco, salieron acompañadas con una salsa de guayaba muy balanceada, muy ligera.

A la hora del plato principal, seguimos la sugerencia de nuestro mesero y ordenamos la pechuga rellena de prosciutto, queso manchego y fufú (una mezcla de trocitos de amarillo frito con mojito de cebolla). La pechuga estaba empanada con panko (bread crumbs) y salió acompañada de un majado de pana y papas rojas. El majado estaba espectacular. La mezcla de sabores entre lo salado del prosciutto, lo intenso del queso manchego y el dulce del fufú fue simplemente sensacional; un deleite al paladar.

Otro de los platos que ordenamos fue el aguacate relleno  de ceviche de róbalo con tostones pana. ¡Qué combinación! El ceviche estaba perfecto de sabor. Los tostones de pana crujientes; en su punto. Y el aguacate, cremoso.

Para terminar esta criolla degustación, ordenamos el clásico flan de queso. La generosa porción de flan cubierto con fresas estaba como para chuparse los dedos. ¡Cremoso! Por la casa, obtuvimos un singular cordial: el chichaíto y un pitorro de coco y almendras que asentaba la digestión de cualquiera.

La experiencia en general fue excelente. El servicio, de primera; los meseros siempre atentos y orientados al detalle. La comida, definitivamente a otro nivel. Las porciones fueron abundantes y de sabor exquisito. El ambiente fue muy tranquilo y acogedor. Recomendado 100% para salir a disfrutar en familia y recordar los inolvidables platos que preparaban nuestras abuelas.

¡Buen Provecho!

*La autora se describe como “madre, mesera, bloguera, ‘food writer’ y fotógrafa (wannabi)”. Le encanta compartir sus experiencias y descubrimientos gastronómicos. Puedes leer más sobre ella en: www.riquisimopr.com.