Los vinos de Perú Por Rosa María González Lamas el

Hay tanto prejuicio en asignar a algunas zonas productoras el estereotipo de vinos de calidad, que se nos escapan etiquetas interesantes por tanto remilgo vinícola.

Como tengo curiosidad por lo “exótico”, por la biblioteca de mi paladar han pasado vinos indios, caboverdianos, dominicanos, tailandeses, chinos, ingleses y brasileños de nuevas latitudes. Pero apenas recientemente probé uno peruano y la impresión fue muy positiva. No se equivocaba Adolfo Hurtado, jefe de la viña chilena Cono Sur, cuando decía que convendría estar atentos al futuro del vino de Perú.

Más conocido quizás por su pisco -que vive un renacer gracias al boom internacional de la gastronomía nacional-, Perú tiene una centenaria tradición vitivinícola que quien sabe si pronto tenga un empuje como el de su cocina.

Se dice que Perú fue el primer país que desarrolló la viticultura en Iberoamérica, una industria forjada de forma tan sólida en la época colonial que inundó al mercado español al punto que la Corona española determinó recargar al vino peruano de impuestos para desincentivar su consumo e impedir opacara al vino peninsular. Por eso en América Latina la industria vitivinícola se desarrolló mucho después.

Luego de siglos, Perú retomó esa producción, a la que algunos auguran un gran éxito por las similitudes geográficas y climáticas que tiene con Chile.

Algunos franceses incluso dicen que hay zonas capaces de producir calidades comparables a las de las mejores zonas de producción vinícola global.

En Perú hay una superficie cultivada de unas once mil hectáreas de viña, distribuidas en cinco regiones: Costa Norte, Costa Central, Costa Sur, Sierra Andina y Selva. La Costa Central y la Sur son las principales zonas productoras.

Entre sus bodegas más importantes se hallan Tabernero y Tacama, en la que se dice se plantó el viñedo más antiguo de Sudamérica en 1540. Desde las primeras décadas del siglo XX Tacama, en la zona de Ica, empezó contactos con enólogos franceses para reorganizar y modernizar la bodega, algo que cogió impulso en el XXI con resultados tan halagüeños como el de Terroix, un Malbec-Tannat tinto criado en barrica de roble francés, cuya añada 2007 me causó magnífica impresión por sus recuerdos a fruta negra confitada, cereza en licor, y matices balsámicos y mentolados envueltos en pinceladas de café y especias que mostraron buen equilibrio entre su fruta, alcohol y manejo de la madera. La bodega tiene una extensa gama de vinos que espero poder probar en un futuro no distante.

Este Terroix lo compré fuera de Puerto Rico, pero lo cierto es que le hallé una mejor hechura que muchos vinos de otras zonas productoras más conocidas con presencia en nuestro mercado.

Como sucede en la cocina, no debe de haber vanguardia sin antes tener una buena base clásica, y si bien es cierto que aún queda mucho por aprender sobre el ABC del vino, también lo es que el abecedario vinícola ya va por la Z y que es importante estar al tanto de ello.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.