Trapicheando Por Rosa María González Lamas el

No se equivoque. No se trata de asuntos nebulosos con que designa la jerga popular al término “trapicheo” o de algo relacionado a la molienda de la caña de azúcar en algún trapiche histórico de nuestro Puerto Rico. Se trata de cómo designamos en Divinísimo al ejercicio de degustar y conocer los vinos de la argentina Bodegas Trapiche y de profundizar en su filosofía durante el conversatorio que tuvimos con uno de sus enólogos, Tomás Hughes, en su reciente visita a Puerto Rico.

Sólo su acento argentino le delata, porque su físico entre rubio y colorao lo haría pasar por cualquier irlandés. Precisamente de Irlanda llegó en el siglo XIX su familia a la Argentina. Su abuelo se mudó de Buenos Aires a Mendoza, donde luego el padre de Tomás emprendió una carrera como ingeniero agrónomo que hoy hace que se le considere uno de los referentes en ingeniería agrícola en Argentina.

Con ese trasfondo, no es de extrañar que Tomás se interesara también por el mundo del vino, en el que empezó por la agronomía para luego pasar a la enología, cautivado por el arte de hacer vino. Luego de trabajar en otras bodegas y recorrer varios países productores para mejorar su inglés y su saber enológico, capturó la atención de Bodegas Trapiche, que hace un par de años le encomendó integrarse a su equipo de elaboración para los vinos de alta gama, una cara con la que no siempre se asocia al nombre de esta bodega.

Trapiche es una de las bodegas mendocinas con mayor trayectoria, que se remonta a fines del siglo XIX, aunque tuvo un hiato en los 1970s, cuando se abandonó por varias décadas hasta que los actuales propietarios retomaron el proyecto reconstruyendo la bodega, un edificio de ladrillo de gran belleza arquitectónica que revela el esplendor que antaño tuvieron los vinos de Trapiche.

Yo estuve allí no hace mucho, degustando una buena selección de su amplia gama de vinos y también los mejores alfajores de chocolate del mundo mundial con los que me obsequiaron, y que lamentablemente no pude disfrutar con Tomás, quien estaba en plena locura vendimial.

La bodega tiene una gama que pasa, entre otros, por vinos básicos, la línea Broquel, sus Single Vineyards que ahora pasarán a llamarse Terroir Series, consistente con la apuesta que empiezan a hacer los bodegueros de Mendoza por destacar las cualidades singulares de sus diferentes terruños, o los Iscay, unos fantásticos vinos de más alta gama. Casi todos están disponibles en Puerto Rico, donde se consiguen en muchísimos supermercados, clubes de membresía, La Boutique du Vin o su distribuidor Plaza Cellars. Esto es importante, porque la gama de vinos que ofrece Trapiche en Puerto Rico es tan amplia y variada que hay botellas para satisfacer todo tipo de bolsillo (incluso los bien apretaditos), paladar y nivel de conocimiento.

Aunque de Argentina siempre pensamos en la Malbec, en el país, y en Trapiche se elaboran vinos de muchas otras variedades, tanto en solitario como en “corte”, que así es como le llaman los argentinos a los blends. A Tomás, por ejemplo, le gusta mucho cómo se desempeña la Cabernet Sauvignon, que se expresa muy bien en Mendoza, pero también una menos conocida cepa Bonarda, que a mí me encanta. Trapiche hace muy buenos Chardonnay y Torrontés, una uva que para sus vinos de alta gama surte de la provincia de Salta, de la que ya hemos hablado en Divinísimo.

De los muchos que tuve la oportunidad de degustar en Trapiche, destaco el Broquel Pinot Noir, un vino fresco, sedoso, afrutado y fácil de beber; el Gran Medalla Cabernet Sauvignon, una etiqueta longeva en la bodega, que también fue muy afrutado y aterciopelado, con taninos dulces y pizcas de canela; el Iscay Malbec-Merlot, una etiqueta que en el nombre conjuga la herencia local y la europea, y que fue muy floral, con recuerdos a grafito, frutos rojos frescos, especias y matices de jalea de grosella; y mi favorito, el Single Vineyard Malbec Domingo Sarmiento, una exclusiva selección de terruño que destacó por sus matices balsámicos y afrutados.

Tomás es joven, lo que le infunde un nuevo aire al vino, además de una nueva savia a la industria del vino argentino que hoy cuenta con una nutrida generación de jóvenes elaboradores que por su visión y preparación van a marcar una importante diferencia en el futuro del vino del país. “El vino argentino se dirige a una mayor calidad porque invertimos mucho en investigación, pero también a la consistencia de calidad, gracias a esto y al clima benévolo que habitualmente nos acompaña”.

Sobre la cosecha 2013 que no permitió que nos conociéramos personalmente en Argentina, Tomás pronostica que será muy buena para los blancos, que tienen visos de mucha elegancia, con tonos cítricos y minerales.

Le pedí a Tomás que para nuestro próximo encuentro escogiera un vino de Trapiche para maridar aquéllos sublimes alfajores. Espectaculares, como la gama de vinos de Trapiche y la sencillez y encanto de Tomás, que recomiendo a todos los lectores. Espero no demorar en volvernos a ver.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.