Salta: Star Wars del vino Por Rosa María González Lamas el

Creo que fueron los kilómetros más eternos de mi vida. Curvas tortuosas en ascenso, marcado ascenso, que obligaron a mi conductor a detenerse varias veces porque creí desfallecer de vértigo. Aquel trayecto que empezó con paisajes casi tropicales y hasta sabor a caña de azúcar nos llevó en poco tiempo a transitar por una ruta verdaderamente escabrosa hacia el vino, que discurrió por una variedad topográfica de ésas que uno piensa sólo se ve en los libros de escuela, pero que ante nuestros ojos era un escenario real.

Terminadas las curvas, empezaron las rectas de descenso por carreteras sin pavimentar. Si antes el trayecto nos agitaba de lado a lado, ahora lo hacía con vaivén vertical, con un brincoteo que dejó adoloridos hasta a los iPads. ¿De verdad que por aquí se va al vino? ¿Cuándo nos falta por llegar?,  preguntábamos luego de más de tres horas de trayecto.

De pronto, empezaron a aparecer en el horizonte paisajes verdaderamente galácticos, desiertos de arcilla y cactus, impresionantes montañas de piedra, paisajes como del planeta Marte o la superficie lunar, imágenes que inevitablemente evocaban los de Star Wars o los storyboards de Ben Affleck en Argo. Hasta que finalmente llegamos a Colomé, un terruño escondido en la provincia de Salta, con vinos absolutamente de película, que jamás habríamos podido apreciar a plenitud sin la vivencia de cinco horas de trayecto por una de las más desconocidas y fascinantes regiones productores de vino en Argentina, elaboradora de vinos de clase mundial.

La percepción no nos engañó. Esos paisajes enmudecedores sirvieron de escenario a aventuras como el difícil rally Paris-Dakar, o de locación a la propia Guerra de las Galaxias de George Lucas. Tan fílmico su espíritu, que rumoran que incluso Richard Gere ha buscado casa por Cafayate, otra de los enclaves importantes de Salta, donde las verdaderas estrellas son los productores de vino, titanes apasionados que libran una verdadera batalla galáctica con la geografía para regalarnos joyas líquidas en tinto y blanco.

Ubicada en el noroeste de Argentina y fronteriza con Bolivia, Paraguay y Chile, Salta es uno de los secretos mejor guardados del vino. Representa apenas 1% de la producción de vino argentino, pero es donde ubican los viñedos más altos del planeta, y yo me precio de ser una entre poquísimos privilegiados del mundo que han probado vino elaborado a más de tres mil metros de altitud. De ahí que a los vinos de la provincia de Salta se les denomine vinos de altura.

Fueron los jesuitas quienes plantaron las primeras vides en la región. En Colomé  -hoy propiedad del grupo Hess-  se dice que se estableció la primera bodega de Argentina en 1831. En Cafayate, durante muchas décadas hubo una importante producción de vino, aunque el empuje grande de la zona llegó a partir del 2000 con el arribo de nueva inversión a Salta para producir vino. Pero, sobre todo, el cambio vino con la llegada en 1988 del enólogo francés Michel Rolland para trabajar en los proyectos de la familia Etchart, uno de los grandes nombres de vino del país.

Junto a los Etchart, Rolland transformó la vitivinicultura de la región, y su llegada impactó no sólo a Cafayate, sino a toda la Argentina dando vida a los primeros vinos modernos del país; unos en que viña y elaboración comenzaron a sintonizarse.

Hoy los Etchart y Rolland siguen colaborando en el proyecto San Pedro de Yacochuya, una de las principales bodegas de Cafayate donde elaboran varias líneas de vino, algunas de cuyas etiquetas están disponibles en Puerto Rico en Bodegar-CC1 y La Boutique du Vin, entre otros establecimientos.

Una de las más destacadas es su torrontés, uva blanca que da fama internacional a Salta. Si le gustan los blancos, esta es una uva imperdible porque también es muy “food-friendly” y combina óptimamente con sushi, frituras, pescados, ensaladas, picantes y comida asiática, y es una buena opción para nuestro clima, actividades al aire libre y cócteles.

La torrontés argentina se supone una variedad híbrida, mezcla de moscatel de Alejandría y criolla argentina, caracterizada por sus matices florales, cítricos y perfumados, a los que en Salta se añaden unos singulares tonos minerales que recuerdan la piedra mojada y que hacen a los torrontés salteños vinos frescos, elegantes, pero también complejos. A partir de la torrontés se hacen también divinos vinos dulces de cosecha tardía.

En Salta se cultivan uvas tintas como la malbec, la merlot, la cabernet sauvignon, la bonarda y la tannat, que algunas bodegas usan para mezclas, pero otras, como El Porvenir de Cafayate, manejan en solitario con resultados excepcionales. La tannat es una uva francesa más asociada con Uruguay, pero que en Argentina regala botellas fantásticas que muestran una buena evolución con los años. Los tannat de Cafayate revelan mucha fruta oscura, matices balsámicos y especiados, notas tostadas y a café, buena estructura y hasta opulencia.

Otras buenas etiquetas en Cafayate son las de Amalaya, con excelentes vinos a precios muy asequibles, así como Domingo Molina, Etchart, Nanni, Túkma o Piatelli, con vinos muy elegantes. Y, aunque en otra zona de la provincia de Salta, los de Colomé son verdaderos tesoros de alta gama elaborados con una visión francesa pero una esencia muy argentina y cósmica.

Las distancias maratónicas que hay que transitar a través de condiciones adversas por Salta para transportar suministros, uva, o hacernos llegar a los consumidores una botella convierten a los productores de la provincia en héroes del vino. No lo olvide cuando pruebe alguno de los que ellos elaboran y que le invitamos a acompañar con ricas empanadas salteñas, corderos sublimes como el que degustamos en Colomé, guiso de cabrito y otras delicias de la rica gastronomía regional que le transportará a un nuevo universo de placer.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.