Redescubriendo Priorat Por Rosa María González Lamas el

Hace algunas semanas, cuando por fin Habiamus Papam, repasamos zonas de vino de origen monástico y entre ellas incluimos al Priorat, una prestigiosa región productora de Cataluña, no distante de Barcelona, en el noreste español.

La historia de esta región con magníficos paisajes naturales, pequeños poblados entre montañas y una arquitectura singular, va atada a la de los monjes, que ya andaban por allí desde el Medioevo, y al cultivo de la vid, algo que la hizo muy próspera hasta que le atacó la terrible plaga de la filoxera a fines del siglo XIX, destruyendo mucha viña y forzando a la población a abandonar la región en busca de alternativas de subsistencia. Algunos valientes permanecieron en la zona, replantaron viñas y empezaron a llevar las uvas a las cooperativas para elaborar vinos a granel, que incluso se vendieron para mezclar con vinos de Burdeos.

Pero en la década de 1990, algunos visionarios, como René Barbier y Alvaro Palacios, le dieron un giro a la producción de vino regional, con lo que el Priorat tuvo un renacer cimentado en una valiosa herencia de cepas viejas y un terreno pizarroso que confieren a sus vinos elegancia, estructura y personalidad. Así, los vinos de la denominación recobraron su antiguo prestigio, y se empezaron a escalar peldaños de reconocimiento, como esa famosa Scala Dei, una escalera que se supone llevaba al cielo y que da nombre a uno de los conjuntos históricos más importantes de la región.

La DOCa Priorat, que ampara muchos de estos vinos, es una de las únicas dos en España que cuentan con rango de denominación de origen calificada, ubicándose en la cima de la producción de vino en ese país.

Su producción vinícola es predominantemente tinta, basada en dos uvas principales: la cariñena, la más importante de la región, y la garnacha. A éstas se han incorporado otras como la merlot, la cabernet sauvignon y la syrah, aunque creo que los vinos más finos y expresivos del Priorat son los que se ciñen al uso de cepas locales, especialmente la cariñena que, en elaboraciones con vides procedentes de cepas muy viejas, alcanza matices verdaderamente sublimes.

Algo único en los vinos del Priorat es su capacidad de recoger en botella de manera transparente su entorno. Un terreno montañoso, con suelos de pizarra y abundancia de flores y hierbas aromáticas, que se reflejan en copa con sensaciones como aromas a lavanda, tomillo, recuerdos de punta de lápiz, musgo, tierra mojada, setas y otras características que, además de la fruta, imparten complejidad e interés a sus vinos. Cualidades que se definen de manera diferente conforme el pueblo donde se origina cada producción.

Esto se llevó a que estas características se reconocieran de manera más específica con el apelativo “Vi de Vila”, vino de la villa, con que empezaron a rotularse vinos para indicar sus pueblos específicos de origen.

El paisaje montañoso que caracteriza a la región hace al cultivo de la vid complicado y siempre artesanal y natural, ya que las pendientes donde ubican los viñedos impiden el uso de maquinaria, obligando incluso a arar y tratar el viñedo con animales, como antaño.

Estas dificultades, unidas a la antigüedad de sus vides, hacen que las producciones en el Priorat sean menos abundantes que en otras regiones españolas, con vinos de los que puede producirse apenas una barrica y muy pocas botellas. Esta exclusividad propicia que en la zona se elaboren muchos vinos “de culto”, muy exclusivos y de precios altos.

Muy solicitados hace algunos años, los vinos del Priorat viven una nueva era en Puerto Rico con la incorporación de algunas etiquetas de precios bastante económicos, que exponen esta denominación a un universo más amplio de consumidores. En Costco, por ejemplo, pueden adquirirse dos muy buenos, Camins del Priorat y Salmos, a precios que rondan los $ 20. En las vinotecas de muchos distribuidores de vino o en La Boutique du Vin se consiguen también Priorats de precio atractivo, y también los vinos más cotizados y más costosos de la denominación.

Aunque menos, en Priorat también se hacen vinos blancos verdaderamente sensacionales y algún elaborador empieza a experimentar con rosados y espumosos.

Observación importante: los vinos de Priorat tienen un buen potencial de envejecimiento. Atrévase a comprar botellas ahora y ábralas dentro de un tiempo, conservándolas adecuadamente. Se podrá llevar alguna sorpresa interesante, que le pondrá un peldaño más cerca del cielo.

 

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.