Copas lusas Por Rosa María González Lamas el

En la tarde del 6 de noviembre, cuando aún quedaba mucha elección por delante, abrí un tinto del Douro para amenizar noticias. Ese Kopke Reserva 2006 comprado en una venta de almacén estaba sensacional y lamenté no haber adquirido más botellas porque con su fruta oscura, jugosa, pizcas especiadas y minerales, mucha estructura pero un pase aterciopelado por el paladar, merecía repetirse pues los vinos de esta zona tienen buen potencial de envejecimiento.

Más conocida quizás por sus vinos fortificados de Oporto, Kopke sufre en Puerto Rico el mismo desconocimiento que la gran mayoría de los vinos lusos. Tan férreamente se ha identificado a Portugal con los Oportos que el magnífico patrimonio de uvas y botellas que se esparce por todo el país pasa prácticamente desapercibido en nuestro mercado a pesar de que sus vinos hoy ofrecen  una de las mejores relaciones precio-calidad-disfrute del mundo.

Portugal es un vibrante destino de vino que cautiva en Estados Unidos, pero que por alguna razón nunca ha arrancado en Puerto Rico a pesar de que muchos de sus vinos tienen un perfil semejante al que gusta aquí. Tenemos algunas grandes marcas a grandes precios, que en muchas tiendas duermen el sueño de los justos, pero escasean botellas de portugueses de liga intermedia que podrían pegar más goles que Cristiano Ronaldo.

Las hay. Aunque fue el Douro la primera denominación de origen del mundo, creada en 1756, Portugal tiene 29 indicaciones geográficas y denominaciones de origen donde se producen vinos de calidad.

Además del Douro, que produce fantásticos blancos y tintos, sin contar con estupendos rosados como el Redoma Rosé que allí hace Dirk Niepoort, otras zonas que me gustan mucho del país son el Alentejo y el Dão, regiones que han tenido una gran evolución en tintos; la de Vinhos Verdes con blancos deliciosos de alvarinho y loureiro; Setúbal, con sus inigualables e históricos moscateles; y Bairrada, la más reputada zona portuguesa de espumosos, que allí acostumbran servirse para acompañar el lechón.

Uno de los mayores atractivos y ventajas competitivas de Portugal es su extenso patrimonio autóctono de “castas”, que así designan a las cepas de uva, como la Touriga Nacional, la Tinta Roriz (tempranillo), la Trincadeira, la Baga o la Arinto, que ayudan a diversificar el perfil de los vinos portugueses de manera muy distintiva. Esto, sin embargo, no ha impedido que en el país se hayan introducido variedades internacionales como la Syrah o la Cabernet Sauvignon, que conviven perfectamente con el tesoro de uva nacional.

La actualidad vinícola portuguesa dista mucho del estereotipo que evocan aquellos Lancers y Mateus Rosé con que toda una generación se estrenó en el vino hace décadas. Hay 100 puntos Parker e incluso Mateus se ha reinventado.

Consumidores, una invitación: aventúrense a explorar las aún escasas etiquetas portuguesas en las principales tiendas de vino en Puerto Rico o en cualquier viaje que hagan al extranjero. Importadores, una sugerencia: pierdánle el miedo a los vinos de Portugal, pero no crean que se venden por gravedad.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.