El encanto italiano de Paiolo Por Glorysselle López el

El domingo pasado, me desperté con el deseo de aventurarme en el mundo culinario de la Isla. Quise SALir del Área Metropolitana y me fui para Caguas. Allí, me topé con el restaurante Paiolo. Ya me habían hablado muy bien de él, así que decidí calmar allí las ansias de probar algo nuevo.

Eran alrededor de las 4 de la tarde cuando llegamos al acogedor local. Sencillo, pero ideal para sentirte como en casa. Cristina, nuestra mesera esa tarde, rápidamente nos hizo sentir en familia.  Aunque deseaba ver la carta de vinos, era una tarde bastante calurosa así que decidí comenzar por un jugo de frutas hecho en la casa. De más está decirles que cuando probé el jugo, quedé fascinada. Era justo lo que quería, refrescante; se sentía el sabor de las frutas naturales.

Para comenzar esta anhelada degustación ordenamos el Pan Crostini con queso mozzarella, prosciutto y bruschettas. La masa fresca y hecha en casa estaba tostadita. El delicioso sabor de los tomates marinados le daba un toque único. También pedimos la sopa del chef, que consistía en caldo con vegetales, prosciutto, lentejas y espinaca. Deliciosa.

El menú de Paiolo es sencillo. No hay gran cantidad de opciones, cosa que agradecí porque sólo con las que tenía, se me hizo difícil decidirme. También preguntamos por alguna especialidad del chef y muy amablemente nos dieron las sugerencias. En fin, opté por los gnocchis artesanales con crema de queso, setas, espinacas y prosciutto. El suculento manjar estaba para chuparse los dedos. Los gnocchis, bañados en la cremosa SALsa de queso y revueltos con las espinacas y las setas; adornados en el tope con el crujiente prosciutto.

Mi acompañante ordenó la Pasta SALteada en mantequilla con pollo desmenuzado (que estaba tierno y jugoso), nueces, queso parmesano y espinaca. La mesera le dio a escoger el tipo de pasta y escogió el fettucini; otra de las pastas frescas preparadas por el chef. También, le ofrecieron la alternativa de añadir cranberries secos para darle un toque agridulce al exquisito plato. La mezcla de ingredientes fue espectacular; un festín al paladar. La combinación de sabores resultó tan extraordinariamente sabrosa que quien estaba consumiendo el plato lo comía lentamente con el deseo de que nunca se terminara.

Al final, ordenamos dos postres: el flan de queso y vainilla con caramelo de guayaba, y el bizcocho artesanal de zanahoria con SALsa de parcha y mantecado de vainilla. El flan estaba rico, pero el bizcocho de zanahoria estaba a otro nivel. Disfrutamos mucho la mezcla con la SALsa de parcha, ya que esta nivelaba a perfección el dulce del bizcocho y el mantecado.

La experiencia en general sobrepasó nuestras expectativas. El servicio fue excelente. Cabe mencionar que andábamos con dos niños. La mesera siempre se mostró amable y comprensiva con ellos. Un detalle muy importante de este restaurante son los precios. Comimos cuatro personas, dos adultos y dos niños; aperitivo, sopa, dos platos principales, una pizza (para los chicos) y dos postres por menos de $60. La relación entre calidad de comida y precio ha sido inigualable hasta el momento  por otro restaurante que haya visitado. Una experiencia encantadora.

¡Buen Provecho!

*La autora se describe como “madre, mesera, bloguera, ‘food writer’ y fotógrafa (wannabi)”. Le encanta compartir sus experiencias y descubrimientos gastronómicos. Puedes leer más sobre ella en: www.riquísimopr.com.